domingo, 31 de mayo de 2015

FUENVIVA... Obra de Félix Meza García

El Sol del Bajío, Celaya, Gto.


FUENVIVA...
Obra de Félix Meza García

La obra de Félix Meza García tiene el color, el sabor y el olor del pueblo mestizo; sus palabras pueden ser como la hierba que crece silvestre en el monte, tanto como la danza de un maizal en la milpa o el traqueteo sonoro de las ciudades.
En sus letras se encuentran los Dioses antiguos, las vírgenes morenas y los cabellos de las mujeres apiñonadas y rubias. Él le canta a la poesía de tal forma que termina convirtiéndose en un poema.
Sus ojos son ventanas que han visto diferentes tiempos: Las nubes cubriendo con lentitud y cuidado el cerro frío, la plaza vacía y la escuela rural del lugar en donde nació. La llama de la rebeldía ardiendo fuerte en el corazón de los jóvenes estudiantes en aquél episodio triste de este país que vuelve a repetirse; también ha visto el amor y el desamor, el ascenso y la caída pero él permanece al igual que sus palabras que fluyen ahora con calma entre los campos, los ahuehuetes y las calles empedradas.
Paola Klug

**Las imagenes que acompañan los textos son: "Más que flores, ella vende ilusiones"  de Madalena Lobao Tello y "El vestido azul" de Tamara Adams, quienes han autorizado su publicación para este Diezmo de Palabras. Las fotografías son de Paola Klug.


FUENVIVA EN EL HORIZONTE

Porque voy  como  barco  sin timón a la deriva del tiempo a los caprichos del aire...
Es  que  me  siento  encallado en las escolleras de esta vida.  Porque no tengo medida cuando me entrego al horizonte, cuando mi vista hacia el monte se pierde como góndola sin quilla.

ENTRE LOS APATZEOS, FUENVIVA PASA MÁS ALLÁ DE MIS DESEOS

Es que me he quedado casi azul de ignotos mares casi casi estático en el ponto como un avestruz anfibio, como el que acepta sin remedio su ineluctable destino.
Por la tierra de las tunas  por El Tunal olvidado  porque todo mi pasado me reviene el espejismo de las dunas y el desierto... tu imagen de arena y brumas se me aloja en el costado.

FUENVIVA EN EL CERRO DE LAS CODORNICES

No he vuelto a subir el cerro ni a Las Mesas ni Agua Zarca,
no he visitado Los Robles ni algo que te recuerde... entre malezas, pero algo muy dentro de mi pasado me dice que el pastor y su ganado  anunciándose en cencerro...
nos vieron o nos oyeron como un susurro de viento moviéndose entre aquellas            
naturalezas; nuestras barcas al abordaje, como un  marino paisaje bajo las  estrellas diurnas...

Y para recordar tu efigie de enigmática esfinge es que mi demencia “finge un solitario… paraje por el trasmonte en que se tiñe                                                                                                      una vez más de añil  nuestro horizonte”.

EL INFIERNO ESTÁ EN LA TIERRA; Y EL QUE VIVE EN TI,  ME ATERRA

Al comienzo  de una temporada más  en espera de una recta final para la vida, 
siento  un breve  -muy leve- sobrecogimiento por tu estado emocional que te disminuye minuto a minuto,  cobrándote un pasado de excesos y desvelos; como si cada gota de alcohol ahora se desbordara convertida en una bola de fuego que abriera paso entre tus vértebras, deformado cuantas articulaciones se atraviesen
por su camino de lumbre; así deforman también tu columna…  introduciendo  sus agujas  de ígnea puntería, en tus músculos -ahora flácidos - como si de pronto todos los dolores del mundo se dieran cita en tu depauperado cuerpo, casi al linde con la osteoporosis adosada con fiebre reumática que lucha contra tu artritis, buscan determinar quién  te llevará a la tumba.  Mientras tanto la inefable diabetes se apodera  de tus tiempos intermedios;  al fin y al cabo  la pobreza  ya te ha  arrojado  a esta servidumbre irreversible
                                                      - inhumana - .
Por ello siento que contigo se diluye mi alma,  siento que se desvanece una parte de mi vida, que mis manos resultan ahora  inútiles paliativos para activar tus falanges; resultan torpes sanguijuelas que  se arrastran paralelas por tu torrente sanguíneo, presionando, estimulando la hipersensibilidad de tus dolencias
                                                               ya no tan epidérmicas,
                                                               ya no tan musculares
y sin en cambio: óseas y medulares, totalmente hipocondríacas,  como si al más leve toque de un aliento de colibrí empeñoso, todo un caudal de ardores subcutáneos, se ensañaran en ti, mujer de cristal
                                                                 -fragilizado e inerme-
Como  en antes “El Licenciado Vidriera” de Miguel de Cervantes; y todo se rompiera
dentro de ti, como si su polvo de vidrio te desgarrara más en tus jirones en un derrumbe total          –definitivo-.




FUENVIVA CALEIDOSCÓPICA

Sé que estás ahí sobre el horizonte de mis inhibiciones;  sé que como “La  Puerta de Alcalá… viendo pasar el tiempo…”  inamovible y muda…, todo el desierto te acumula, todo el mezquital frente a la sierra  te arroja a la cara sus edades;
tú, como todo lo que existe en la galaxia, empobreces, envejeces… y poco a poco mueres; esto es, te transformas en otra universal materia, en otra esencia inaudita para nuestra limitada dimensión de hombres.

Pero sigues ahí,  a pesar que mi flaqueante memoria me traicione;  a pesar, muy a pesar de que mis estaciones ya no se correspondan con mis ciclos vitales.
Sé que estás ahí, Fuenviva,  como la Fuensanta de Manuel José López Velarde;
¿Ya ves como la memoria me traiciona y olvido a  Othón, y confundo a Ramón?;
pero tú estás ahí  con tu pelo de cascada luminosa  en la obscura noche de las sirenas encantadas de mi lotería infantil,  con tus ojos de “azul aguamarina” casi cambiantes al “verde océano” cabe las fulgurantes melenas del sol que reverbera en el arrinconado pueblo de mi auto-exilio, sin más auxilio que una valquiria de botas altas y brillantes capilares de luz; como los tiernos “Jilotes”  de la comuna
de “San José el Nuevo” con labios húmedos de selva y trópico, con mi segunda juventud desbordando de mis posibilidades, la misma que me impidió reencontrar a “La Gacela fugitiva”, aquella que a su vez me hizo olvidar a la espinosa flor que me sangró una vida, que me ayudó con mi inexperta adolescencia de amores ilusorios y deslumbramientos al pie de los cerros;  esa urticaria flor de perfumados pétalos me heredó tres capullos de su rosal para no olvidarla nunca, nunca; contradicción del olvidar lo que “No se olvida nunca”.
                                               -Fuenviva de mi folklore-.
Con tus pies diminutivos, estás aquí, Fuenviva, mujer de piel blanca y venas ocultas, o mujer del andar cadencioso y firme, con reminiscencias de genes morunos y autóctonos nominativos de trovos veracruzanos, huapangueros o de “Jotas aragonesas”  y calendarios de “Helguera”.

Estás ahí,  como una esfera de cristal  que no deja de arder “Fuensanta” de aquel
y Fuenviva sin comillas para mí…

Con toda la carga de ser: ánfora para mis sueños más o menos turbadores;
piedra filosofal para mis empeños  de transmutar el oro  y la obsidiana, la plata lunar o la niebla de la sierra amada; muy elevada gracia en mis recuerdos de infancia y pubertad;  ánima sola  en el altar eterno de un “Infiernillo póstumo”;
medallón ecuatoriano encadenado a mi cuaderno setentero  sin haber respirado en Ma-Chu-Pichu;  fugaces luces  en que luces con todo tu esplendor de mujer ondina, mujer gacela, mujer adjetivo en el cambiante mundo de mis oníricos sueños,  a veces perla,  a veces piedra de toque para no olvidar el sabor de tu saliva,  en veces eres la erupción del Vesubio en la Pompeya de mis libros de historia; en veces la inocencia galopante o la vestal romana para mis horas de sosiego; pero siempre Fuenviva para mi enconada persistencia en querer ser parte esencial de tu alma, porque a lo mejor, Fuenviva, sólo eres lo inmaterial    que me ayuda a vivir  por sobre todas las calamidades de mi mundo inestable,
y aún así te amo, así te requiero madona de Goya, recostada en el diván de mi holograma, o mujer guerrera con antorcha en mano llevando al pueblo a mejores condiciones para existir en la geografía heredada por los dioses                                                                             olímpicos o  mujer de la Biblia por asignaciones más acá del mar Rojo,  flotando en el Río de las Mariposas, o más correctamente dicho:  en esta tierra de volcanes y lagunas encantadas…

Mujer que has sabido entender  que la magia del mundo ha hechizado mi ser,
que sigues siendo  la fuente viva que alimenta de segundo a segundo las coloraciones de mí, sigues poniendo esferas en el fondo marino de mi acontecer humano, sigues siendo en mi mano el amor eterno y mi razón de ser,  sigues siendo Fuenviva el ángel que en mis sueños me conduce a las cumbres
las nevadas cumbres… sin congelar el horizonte donde gravitas
                                                          -bella-
Más allá de la muerte,  más allá de la estrella,  más allá de la sierra, los montes y los valles, la vida terrestre, más allá del océano de mi origen y fin.

De hecho de mi espalda nacieron los ríos que formaron el mar; de mi boca el espíritu creador  que resguarda el consciente dorado  y el subconsciente anhelante, el que formó frente al Cerro de Culiacán un cerrito –mogote  lindando con el inconsciente  de mi propia condición de ángel o arcángel,  atrapado en el mundo,   este mundo  material.      

Mientras los ríos corrían, las orquídeas del ayer morado hubieron curado las heridas del amor, y puesto una barrera de conocimiento espiritual  de un nuevo amor, a los hechizos pretéritos de Circes del desamor.  Mi antigua desolación se tornó en ensoñación. El lenguaje de la  luz, iridizó el viejo corcel alado y el unicornio ilusorio.

Cayeron en desprestigios las quimeras del pasado, mis musas cobraron vida desde horóscopos sagrados;  nada escapó a los prodigios, ni el Quetzalcóatl emplumado, ni el Tláloc ni la Coatlicue, ni el Mictlán ni Huehueteotl con su juego… todo se tornó lejano en el azul de su fuego. En el azul lejano radica el conocimiento  de “Un Dios Inasible” que rige a nuestro inconsciente a nuestro huidizo o esquivo subconsciente, al orgulloso consciente en veces inaudible y
                                          -a los tres de nuestra mente-.
En lenguaje de luz blanca, los apuestos son guardianes que con níveo resplandor 

                                   -por cuidar nuestra existencia dualista–.


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