domingo, 3 de mayo de 2015

ELUSIVOS TRES LIBROS

El Sol del Bajío, Celaya, Gto.


ELUSIVOS TRES LIBROS

“Hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios.”
Abraham Lincoln  (1808-1865) Político estadounidense.

El momento no podía ser más oportuno para cerrar la boca. “¿Puede nombrar tres libros importantes en su vida?”. No pudo.
¿Puede cualquier aspirante a ocupar un cargo de elección popular nombrar esos elusivos tres libros?
He leído y escuchado a los “suspirantes” a que “la revolución les haga justicia” y aún no conozco esos tres títulos, ni dos, ni un sólo libro que haya sido o sea importante en su vida. Al menos los políticos de antes leían El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo (el libro favorito de Napoleón Bonaparte), o El arte de la guerra, de Sun Tzu. Ahora ni siquiera leen el periódico, tienen alguna persona entre sus colaboradores para hacerlo, y muchas veces esa persona lee, pero no entiende la lectura. Pero esto no es exclusivo de México, ni de Guanajuato o Celaya, sucede en muchas partes del mundo. Los políticos tienen abyección por la literatura, sobre todo cuando los autores son críticos contrarios a su propuesta. Como carecen de la capacidad de debate, prefieren ignorar su existencia.  “Hay tres clases de intelecto: el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.” Así escribió Nicolás Maquiavelo. Por fortuna tenemos ciudadanos que sí leen, que disciernen, y son capaces también de proponer  -con su participación en foros, en espacios públicos, en diarios, revistas y blogs-  a través de la literatura, esos cambios (ya urgentes) para que los políticos, si alguna vez tuvieran la sensibilidad de leer (o la habilidad), dejaran de mentirse a sí mismos y a los demás.

“El principal engaño que se valora en las operaciones militares no se dirige sólo a los enemigos, sino que empieza por las propias tropas, para hacer que le sigan a uno sin saber adónde van.” Sun Tzu.

Esos tres libros te aguardan, estimado lector. Gánale a los candidatos, busca poesía, cuento, ensayo, novela, narrativa de fantasía o histórica, literatura religiosa, erótica, de auto ayuda, motivacional. Hay tanto que leer, lo puedes hacer dedicando un poco de tu tiempo, y te lo aseguro, no será tiempo perdido. Aquí tienes, en esta página del Diezmo, textos de autores que además de leer mucho, escriben sobre temas delicados que alguien debe denunciar. Faltan recursos para la cultura y sobran gastos desperdiciados en campañas absurdas, desmedidas, engañosas e inútiles. Falta sensibilidad en los partidos políticos, sobra el cinismo. Falta que participes y denuncies. Y, sobre todo, nos faltan 43.
Julio Edgar Méndez



PROCESIÓN
Paola Klug

¿Ha visto a mi hijo? Ya le busqué en los caminos, en el monte, en el río; ya busqué entre mis entrañas, entre mis recuerdos, en el eco de las sonrisas que de niño soltaba al jugar y aún no lo encuentro.

¿Han visto a mi hija? Salió en la mañana hace dos días pero no ha vuelto. Ya la busqué en el puerto, en el malecón y en la plaza; he buscado en mis pupilas, en mis lágrimas y en las grietas de mis manos.

¿Han visto a mi nieta? La levantaron ayer; solo dejaron sus huellas, sus gritos y un charco de sangre que reconoce mi sangre. La he buscado en el maizal y en los platanares; entre la tumba de sus padres y de sus hermanos.

¿Han visto a mi hermano? Se lo llevaron hace dos años, le he buscado en el viento, en la montaña y en el bosque de pinos y cedros. Ya revolví diez fosas, encontré otros hermanos, hijos, hijas, nietas y nietos.

He hallado padres, he hallado madres y pequeños pares de zapatos.

He hallado dientes, he hallado huesos y campos sembrados con dolor y pena; he hallado fragmentos de pesadillas y de sueños; encontré futuros sin nombre y sin rostro cubiertos con tierra y lágrimas y plegarias secas.

¿Dónde está papá? ¿Dónde está mamá?
¿En qué fosa? ¿En qué zanja? ¿En qué río?
¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde está mi hija?
¿Tiene aliento? ¿Tiene hambre? ¿Tiene frío?

¿Los cubre de la lluvia el manto de niebla?
¿Los cubre del sol la sombra de una ceiba?

Seguimos buscando en un camino de sal, en el campo santo por la vida de tantos.
Procesión de estaciones, de eclipses, tormentas y huracanes. Seguimos guiándonos por las voces del fuego y el polvo; los recuerdos se niegan a convertirse en ceniza…
¿Donde están? Nos hacen falta.

*Paola Klug es una escritora radicada en Celaya,
puedes visitar su blog: https://paolak.wordpress.com/



QUÉ HACER
Alejandro Jusim
(Argentina)

Qué hacer cuando la sangre se revela en sangre
y las manos vacías no encuentran ni el cómo en lo crispado.
El odio se me derrama hasta la carne
hasta en las uñas gastadas de historias abrasivas
me brota el veneno sin saber dónde escupirlo.

No son cuarenta y tres los que me cierran la garganta
no es Ayotzinapa la que me clava el ácido tormento de esta noche
son mares enteros de sollozos,
de alaridos en idiomas que salpican,
de kilómetros de plomo que aún no he tirado.

Ay, si mi teclado fuera tan certero como la miseria
si este dedo índice de las palabras
le llegara al asesino pintándole su despedida.

Pero de aquí solo nacen las estrofas de algún canto
y el fuego helado del sicario no se ahoga con vocales
y mi mente camina fulminante por las calles de cenizas
sin mis manos
sin mi cuerpo
sin mi plomo.

*Alejandro Jusim es un poeta argentino que aborda temas sociales con gran sensibilidad.


MAMÁ, SI DESAPAREZCO, ¿ADÓNDE VOY?
Marcela Ibarra Mateos

No lo sé, hijo.
Solo sé que si desaparecieras te buscaría entre la tierra y debajo de ella.
Tocaría en cada puerta de cada casa.
Preguntaría a todas y a cada una de las personas que encontrara en mi camino.
Exigiría, todos y cada uno de los días, a cada instancia obligada a buscarte que lo hiciera hasta encontrarte.
Y querría, hijo, que no tuvieras miedo, porque te estoy buscando.

Y si no me escucharan, hijo;
la voz se me haría fuerte y gritaría tu nombre por las calles.
Rompería vidrios y tiraría puertas para buscarte.
Incendiaría edificios para que todos supieran cuánto te quiero y cuánto quiero que regreses.
Pintaría muros con tu nombre y no querría que nadie te olvidara.
Buscaría a otros y a otras que también buscan a sus  hijos para que juntos te encontráramos a ti y a ellos.
Y querría, hijo, que no tuvieras miedo, porque muchos te buscamos.

Si no desaparecieras, hijo, como así deseo y quiero.
Gritaría los nombres de todos aquellos que sí han desaparecido.
Escribiría sus nombres en los muros.
Abrazaría en la distancia y en la cercanía a todos aquellos padres y madres; hermanas y hermanos que buscan a sus desaparecidos.
Caminaría del brazo de ellos por las calles.
Y no permitiría que sus nombres fueran olvidados.
Y querría, hijo, que todos ellos no tuvieran miedo, porque todos los buscamos.

 *Marcela Ibarra Mateos publicó este poema en La Jornada de Oriente y rápidamente se viralizó en las redes sociales. En este enlace puedes escucharlo en la voz de Margarita Castillo. https://www.youtube.com/watch?v=n27dQR5AZHU


ARRULLO
Víctor Hugo Pérez Nieto

A la…

22:30, comienzan los disparos; nadie puede creer de donde provienen. Son policías. Intenta correr mas no puede, tiene herido el muslo izquierdo. Cae.

Cumplió 18, decidió irse de casa. No hay recursos desde que quedó huérfano, pero en la normal rural le darán lo necesario, incluso posee internado. A pesar de ser escuelas para campesinos pobres el gobierno pretende desaparecerlas. José, sin embargo, parte ilusionado a la ciudad…

Le han montado a la parte posterior de la patrulla y enfilan por un camino vecinal. Con trabajo voltea el rostro ensangrentado y ve a otros compañeros heridos junto a él. Algunos ya están muertos. Le da pena continuar vivo todavía: pena y envidia.

Cuando jugaba beisbol, al iniciar la secundaria lo decidió: “seré maestro rural”. Doña María, su madre, intentó persuadirlo; ella quería que se fuera al norte como lo hizo el padre y todos los hombres del pueblo desde generaciones atrás. José pretendió escapársele al destino, rencorosa figura de sombras…

La camioneta se detiene al borde del basurero. Son solo carne macerada para sus verdugos, sin un pasado, sin un presente, mucho menos futuro.

En la primaria se conoció con Alondra, la niña de trenzas endrinas y ojos de capulín que después sería su esposa. Juró que la amaría toda la vida; era tan joven que todavía no percibía hacia quién suele tender su sombra el futuro para cobijarlo…

Un disparo en la nuca lo deja aturdido pero vivo. Escucha órdenes a gritos y logra percibir que están en un basurero. A lo lejos, militares.

Iba al kínder cuando los soldados mataron a Félix, su padre. Guadalupe, la madre, estaba tan apegada al niño, que en el recreo lo amamantaba a escondidas metiendo el seno a través de la valla.

Se da cuenta que lo empapan de gasolina, está maniatado, nada puede hacer. No se quiebra, solo desdobla remembranzas. Siente de nuevo envidia de los que murieron en la camioneta sin conciencia del sufrimiento que les esperaba.

¡Por fin nació! Don Félix llora orgulloso cuando la partera lo acomoda entre sus brazos: su hijo es varón. Tiene las esperanzas puestas en él. Tampoco sabe que el destino lo alcanzará antes que al pequeño que arrulla…

Una columna de humo se eleva al cielo desde una cama de llantas y breña, por fin dejan de sufrir. José, antes de sucumbir, escucha una canción de cuna:


…rroro niño, a la rorro ya, duérmase mi nene, duérmaseme ya.

*Victor Hugo Pérez Nieto es médico de profesión y escritor desde que se acuerda. Fue ganador del XV Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia en el 2012 con su novela Feralis.

**Las imágenes que acompañan estos textos pertenecen a sus respectivos autores. Entre ellos la fototeca del INAH y el artista Edgar Saner. http://www.noticiasnet.mx/portal/oaxaca/cultura/artes/241674-saner-artista-mexicano-pinta-berlin-mural-ayotzinapa

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