domingo, 10 de mayo de 2015

MADRE, HAZME SOÑAR TU SUEÑO

El Sol del Bajío, Celaya, Gto.


MADRE, HAZME SOÑAR TU SUEÑO

“Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo.

Hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.”
MADRE. Octavio Paz

Día de la madre, le dicen.  Pero no se celebra en la misma fecha en todo el mundo. Quienes lo hacemos el 10 de mayo sólo somos diez países. Entre ellos solamente El Salvador y Guatemala están en nuestro mismo continente.  ¿Y qué se celebra? Pues en México el origen y la causa se desconocen a fondo. Existen antecedentes que lo vinculan con un movimiento feminista de los años veintes en el siglo pasado, en el estado de Yucatán, y a iniciativa del periódico Excelsior (se dice que influenciado por José Vasconcelos, Secretario de Educación en esa época). Actualmente lo que celebramos o pretendemos festejar, es que aún tenemos madre. Algunos no la tienen, pero eso es otra historia. Tradicionalmente le llevamos flores o algún regalo a esa mujer que nos dio la vida. Entre esos regalos no falta la plancha, la licuadora, o esa indispensable lavadora que se adquiere a plazos y se obsequia diciendo que es de una vez un regalo adelantado de navidad y cumpleaños. Otros hijos e hijas, con toda la mejor intención del mundo, llegan temprano a ver a su mamá para pedirle que les haga un rico mole o alguno de esos guisados que sólo ellas saben hacer; así festejan a sus madres,  haciéndolas trabajar en esa cocina que tanto quieren. Pero también hay quien las lleva a comer a su restaurante favorito (el de los hijos, no el de la mamá), donde por lo regular está tan lleno de comensales ese día, que la pobre mujer ya mejor quisiera estar descansando en su hogar. Y para rematar, le dejan la casa toda desordenada, los trastos sucios y una amenaza-promesa: Mañana vuelven al recalentado. Pero como no todo puede ser negativo y si no tienes dinero para darle algún regalo a esa mujer bendita, aquí te regalamos poemas que le puedes leer mientras ella descansa y disfruta su bebida favorita. Y si tú eres mamá y tus hijos aún no leen o no les gusta, esto es para ti con todo cariño. Felicidades, eres una bendición en la vida de todos los hijos e hijas de esta patria que a veces se olvida de que tiene madre.
Julio Edgar Méndez



MADRE
José Martí

Mírame, madre y por tu amor no llores,
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
Tu mártir corazón llené de espinas,
Piensa que nacen entre espinas flores.

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GALERÍAS, POEMA LXXXVII
Antonio Machado

Galerías del alma... ¡El alma niña!
Su clara luz risueña;
y la pequeña historia,
y la alegría de la vida nueva...

¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
ya recobrada la perdida senda!
Y volver a sentir en nuestra mano
aquel latido de la mano buena
de nuestra madre... Y caminar en sueños
por amor de la mano que nos lleva.

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LA MADRE
Gabriela Mistral

Vino mi madre a verme; estuvo sentada aquí a mi lado,
y por primera vez en nuestra vida, fuimos dos hermanas
que hablaron del tremendo trance.
Palpó con temblor mi vientre y descubrió mi pecho.
y al contacto de sus manos me pareció que se entreabrían
con suavidad mis entrañas y que a mi seno subía la
honda láctea.

Enrojecida, llena de confusión, le hablé de mis dolores
y del miedo de mi carne; caí sobre su pecho;
¡Y volví a ser de nuevo una niña pequeña que sollozó
en sus brazos del terror de la vida!

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A MEDIA LUZ
Paola Juárez

Es en la soledad
donde te pienso e imagino la luna
posándose en tus ojos,
el reflejo de su luz iluminando,
bañando con su brillo mi existencia.
Hay noches insomnes donde juego a imaginar tu rostro,
el fino terciopelo de tu tacto,
el timbre de tu voz y la fragilidad de tu pequeña humanidad.
Hay días en los que sueño despierta,
donde el deseo pesa más que la realidad,
te veo caer y levantarte, aprendiendo a dar tus primeros pasos,
te escucho nombrarme "mamá".
Hay días y noches en mi vida
en que te arrullo entre mis brazos al vaivén de mi sonrisa,
de las palabras que puedo dedicarte
pues desde ahora formas parte de mi vida.
Aún no existes
y a media luz te voy moldeando
mientras espero que la semilla sagrada
me conceda el milagro de tu vida.

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LA MADRE AHORA
Mario Benedetti
 
Doce años atrás
cuanto tuve que irme
dejé a mi madre junto a la ventana
mirando la avenida
ahora la recobro
sólo con un bastón de diferencia

en doce años transcurrieron
ante su ventanal algunas cosas
desfiles y redadas
fugas estudiantiles
muchedumbres
puños rabiosos
y gases de lágrimas
provocaciones
tiros lejos
festejos oficiales
banderas clandestinas
vivas recuperados

después de doce años
mi madre sigue en su ventana
mirando la avenida
o acaso no la mira
sólo repasa sus adentros
no sé si de reojo o de hito en hito
sin pestañear siquiera

páginas sepias de obsesiones
con un padrastro que le hacía
enderezar clavos y clavos
o con mi abuela la francesa
que destilaba sortilegios
o con su hermano el insociable
que nunca quiso trabajar

tanto rodeos me imagino
cuando fue jefa en una tienda
cuando hizo ropa para niños
y unos conejos de colores
que todo el mundo le elogiaba
mi hermano enfermo o yo con tifu
mi padre bueno y derrotado
por tres o cuatro embustes
pero sonriente y luminoso
cuando la fuente era de ñoquis

ella repasa sus adentros
ochenta y siete años de grises
sigue pensando distraída
y algún acento de ternura
se le ha escapado como un hilo
que se le ha escapado como un hilo
que no se encuentra con su aguja

cómo quisiera comprenderla
cuando la veo igual que antes
desperdiciando la avenida

pero a esta altura qué otra cosa
puedo hacer yo que divertirla
con cuentos ciertos o inventados
comprarle una nueva tele
o alcanzarle su bastón.

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LA MAMADRE
Pablo Neruda

La mamadre viene por ahí,
con zuecos de madera. Anoche
sopló el viento del polo, se rompieron
los tejados, se cayeron
los muros y los puentes,
aulló la noche entera con sus pumas,
y ahora, en la mañana
de sol helado, llega
mi mamadre, doña
Trinidad Marverde,
dulce como la tímida frescura
del sol en las regiones tempestuosas,
lamparita
menuda y apagándose,
encendiéndose
para que todos vean el camino.

Oh dulce mamadre
—nunca pude
decir madrastra—,
ahora
mi boca tiembla para definirte,
porque apenas
abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina,
y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.

Ay mamá, ¿cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.

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MADRE EN LA REVOLUCIÓN
Rosaura Tamayo

Madre, lloras mi ausencia,
con la distancia sufres.
Arrancaron parte de tu vientre,
destrozaron tu corazón.
Te fuiste y no sé si volverás,
te has perdido en un mundo
de revolución y balas.
Todo para darme una vida
mejor, sin hambres ni cadenas.
Madre la gloria divina
te cuidara a ti y a todas
Esas Adelitas que darán
vida por sus ausentes hijos.

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MADRE I
Jeremías Ramírez Vasillas

Bajo una cúpula dorada
me formaste:
en silencio, paciente, amorosa…
para salir,
a un lecho de luz
entre tus manos.

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MADRE II
Con qué te compararía
¿Montaña, cielo, estrella, mar, sol o luna?
No lo sé
pero en esas oscuras noches
cuando aullaban los coyotes en los cerros
y a la luz de una vela
remendabas
mi traje de la escuela
eras todo
eras el universo entero
y tu mirada, tu sola mirada
espantaba los fantasmas de mi sueño.

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NO LLORARÉ
Diana Alejandra Aboytes Martínez

Treinta y ocho años sin ti pero contigo cerca.
No, no lloraré, esta vez será diferente:
Sonreiré mientras se agolpen las imágenes del ayer,
cuando tus brazos me envolvían y yo juraba
que ese momento se llamaba siempre...
Mi voz emitirá un canto cuando amanezca
y el recuerdo del sueño,
que aún camine por mi almohada,
me diga que esa noche estuvimos juntas.
Si, encenderé el fulgor de una llama
mientras mi corazón de niña
grite latido a latido que te ama.
Lo siento, mamá,
he mojado estas letras,
prometí no llorar...
Mañana,
mañana lo intentaré de vuelta.

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CANTO AMOROSO
Esperanza Julia Ayala Ramírez

Tu nombre es canto amoroso,
etéreo, colosal, sublime,
el solo pronunciarlo
es música celestial.
Eres como una flor
de esplendorosa belleza,
me acaricia con tibieza
el brillo de tu mirada.
Lo más grande en esta vida
es tener tu compañía,
eres la más bendecida
sobre la faz de la tierra.
Las palabras más hermosas
las mereces tú, mamá,
por tanto amor que derramas
en tu paso por la vida.
Un arrullo maternal
enternece el corazón,
protegido yo estoy
en tus brazos, madre mía.
Recibe esta humilde ofrenda
de palabras que son flores,
Te quiero siempre a mi lado

y me colmes con tus dones.

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