domingo, 29 de mayo de 2016

MUJERES EN ACCIÓN


MUJERES EN ACCIÓN

“Si pronuncia tu nombre ante las piedras
te mueve el esplendor y en él derivas
hacia otro reino y un país te envuelve
la maravilla”.
Giovanni Quessep, Canto del extranjero.

Esperanza Julia Ayala Ramírez tiene una larga trayectoria en la poesía. Ha publicado varios libros que ha presentado en distintas ciudades del país. Es vecina de Salamanca, donde por muchos años se distinguió en la carrera magisterial. La maestra escribe con la mano en el corazón. Su inspiración es la vida, con sus maravillosos colores pero también los sinsabores que a todos nos llegan a tocar. Fue en enorme gusto saber que fue invitada al hermano país de Bolivia, concretamente a Cochabamba, junto con otros escritores salmantinos, en el marco de un Encuentro Cultural México Bolivia. Esperanza presentó la antología Cuentos chinos... para niños lacios y chinos, además de La magia de un poema escrito. La maestra nos narra, entre muchas otras anécdotas interesantes y muy amenas, uno los temas que también le atraen: la cocina tradicional. Como ella misma señala: “Otro aspecto importante en este recorrido por tierras bolivianas es la gastronomía. El poder degustar algunos de sus platillos como el Silpancho: un platillo elaborado con arroz blanco, gajos de papa, encima una gran milanesa de res, empanizada, cubierta con dos huevos estrellados y una salsa de jitomate y pimiento morrón picado. El Charque: dos huevos cocidos, dos papas, maíz hervido, quesillo y sobre esto carne seca. El Pique macho: elaborado con carne de res picada, guisada con ají amarillo y adornada con rodajas de jitomate y rajas de pimiento verde. Lomo con chorrellana: es una milanesa de lomo de cerdo adornada con jitomate picado y rodajas de cebolla en escabeche. Las salteñas: son unas ricas empanadas rellenas con pollo deshebrado, papa picada, huevo cocido y caldillo de ají amarillo muy bien sazonado. Pata de res en salsa de locoto (ají verde) acompañada de arroz blanco. El Puchero de carnaval, que está elaborado con papa entera, pera, durazno y yuca cocidos, un trozo de carne de res, cerdo y otro de cordero cubiertos, repollo y arroz blanco aguado, cebolla, garbanzo  y salsa de ají amarillo. Y no podemos olvidarnos de las Humintas: tamales en forma triangular con relleno dulce y salado. La nieve de canela y nieve de leche acompañada con empanadas dulces y los sandwiches de chola y maíz inflado”.
            “Algunas de las bebidas que pudimos degustar  fueron el Té de coca, la Chicha que se elabora con maíz blanco fermentado y la Chicha morada, elaborada con maíz morado. Singani, la Cachaza  y las cervezas Huari y Paceña
La importancia de esta visita es que se tendió un puente cultural entre ambos países quedando la invitación abierta para exposiciones en sus diferentes espacios y la presentación  de obras literarias en un futuro próximo”.
            “En lo personal considero que fue una experiencia muy grata, pues aprendimos muchas cosas y compartimos otras tantas. Aprendimos a usar bolivianos, la moneda de ahí, agregamos a nuestro léxico nuevas palabras, disfrutamos de la comida sin tortillas. Viajamos en la Trufi, que es el transporte colectivo, y admiramos su espíritu revolucionario para defender sus derechos.”
            Aquí, en el Diezmo de Palabras, compartimos su cuento infantil publicado por CONACULTA en la antología Cuentos chinos...
            Nos acompaña también otra mujer en acción. Rosaura Tamayo Ochoa, compañera en nuestro taller de todos los miércoles. Ella escribe poesía, cuento, minificción y narrativa infantil con un toque de magia y fantasía lírica. Ha sido publicada en varios libros aquí en México y en el extranjero, además de ser una artista de la pintura, lo que la ha llevado a colaborar con la Asociación Plástica Celayense, la cual preside actualmente. Rosaura tiene la habilidad de narrar con sus pinceles y dibujar con sus letras. Esa dualidad le otorga una especial sensibilidad en la manera en que percibe el mundo. Nos comparte un cuento infantil muy divertido.
            En este mes de mayo y todo el año también, las mujeres son madres, hijas, abuelas, pero también son niñas que aún se asombran ante una historia bien narrada. Vale.
Julio Edgar Méndez


EL TENIS ROSA
Esperanza Julia Ayala Ramírez

Juan es un tenis rosa muy simpático. Conchita, su dueña, es una niña muy inquieta que siempre pierde todo. Del par de tenis que tenía, solo quedó Juan,  ya que su hermano gemelo se perdió y nunca supieron en dónde. Conchita conserva con mucho cariño a Juan, su amado tenis rosa.
      Juan tuvo muchos problemas con un calcetín blanco, de Conchita,  ya que era muy delicado y cada rato decía que el estaba percudido por culpa de Juan, porque según él, el tenis siempre estaba muy sucio y cuando Conchita lo metía dentro del tenis rosa le quedaron esas horribles manchas.
     Lo que Juan no sabe es que Arnulfo, el calcetín blanco, tiene las manchas de lodo del charco que está en la calle y que Conchita pisó cuando andaba corriendo.
     El charco, al ver cómo peleaba Arnulfo con Juan, trató de arreglar las cosas entre ellos para que se acabaran las peleas.
     Afortunadamente Juan  y Arnulfo hablaron de sus pleitos y el calcetín blanco comprendió que quien lo había percudido era el lodo. Por lo que decidieron ser amigos y explicarle a Juan cómo estaban las cosas.
     Arnulfo se dio cuenta de que la lluvia llenaba de agua ese hoyo y se hacía un charco muy grande y muy lodoso y la misma Conchita lo había manchado sin darse cuenta.
     De pronto, Jacinto, el cloro, intervino en la conversación y les dijo a Juan y a Arnulfo que él podía ayudar un poco si lo dejaban actuar. Rápidamente mojó al calcetín blanco con su líquido transparente y Arnulfo quedó completamente blanco.
            Arnulfo, ya muy contento porque le habían desaparecido las manchas, habló con Juan y le dijo que le gustaría que fueran buenos amigos.
      Juan no tuvo inconveniente para no serlo y Jacinto, el cloro, se sintió feliz de tener dos nuevos amigos.


LAS FIESTAS VERDES
Rosaura Tamayo Ochoa
 
Cada año festejan una fiesta en un pueblo cerca del Rancho de Tamayo. La llaman Las Fiestas Verdes. Todo el año las sapitos están organizando el festejo que se realiza en el mes de Octubre. Hay juegos mecánicos, tiro al blanco, mucha comida típica y, lo mejor de todo, una carrera de sapos. Llegan de todos los pueblo vecinos. Los estanques se adornan con papel picado de muchos colores. Las damas sapos casaderas llenan su cabeza de moños y flores y los labios los pintan de un color rojo o purpura, sus pestañas las hacen agrandar con aceite de hueso de mamey. Los sapos se preparan durante los doce meses del año corriendo, levantando pesas, nadando en su estanque. Comen muchas frutas, verduras y no hay insecto que se les vaya vivo. Ellos saben que el más fuerte llega a la cima y es reconocido como el  mejor, además de que le dan un trofeo de manos de la reina sapo de ese año, con todo y beso. Como premio principal se le regala una bicicleta nueva, con todo y diablitos.
            Por fin llegó el día esperado, 8 de Octubre. Las fiestas comienzan con la inauguración de la feria diciendo unas palabras el distinguido sapo Presidente municipal don Verde Nopal. La banda de viento toca las fanfarrias y todos aplauden el corte del listón inaugural. Los puestos de comida no se daban abasto; había moscas envueltas en caramelo, mosquitos revolcados en chile, aguas frescas y agua de flores y raíces en vitroleros llenos de hielos, apenas bien para el calor tan intenso. Los sapos más pequeños se divierten en los juegos mecánicos, el carrusel con simpáticos cocodrilos y caimanes de diferentes colores, la rueda de la fortuna con sus grandes sillas en forma de hojas. En el tiro al blanco hay que atinarle a las moscas y a los insectos. El juego de canicas tiene atractivos regalos de almohadas de hojas con bordados de corazón.
            Llegó la competencia esperada, la gran carrera de los sapos. Se anotaron más de cincuenta competidores, se pusieron en la línea de salida. Ya listos con su número en el pecho y espalda. El Presidente municipal, don Verde Nopal, dio el tiro de salida y rápidamente todos los sapitos corrieron, sabían que donde podían ganar ventaja era antes de subir el cerro, porque estaba el camino muy empinado, además de que un día anterior había llovido mucho. Los sapitos gritaban:
—¡Corran, corran, queremos un ganador!
Unos sapitos en el camino se resbalaban y caían y ya llenos de lodo no seguían en la carrera. Otros se levantaban y seguían su camino. Y seguían los gritos:
—¡Ustedes pueden, no se den por vencidos!
Ya a la mitad del cerro iban sólo como treinta sapitos, conforme pasaba el tiempo el número se reducía. Entre los sapitos uno resaltaba entre todos, era un sapito con una gran peca negra en la espalda. Éste se caía, se llenaba de lodo y sólo se levantaba y continuaba. Ya casi al final sólo nueve sapitos seguían, cada vez el camino estaba más difícil. Aparte de la tierra mojada, las piedras quedaron sueltas y sólo se escuchaban los gritos:
—¡Ya no sigan, el camino está cada vez más difícil!
—¡Ya se cansaron, mejor digan que no pudieron!
—¡Dense por vencidos, se pueden lastimar!
—¡Lo  último será imposible!
Unos sapitos, al escuchar eso, simplemente dejaron de hacer el esfuerzo, otros volteaban y escuchaban, pero el sapito de la peca no volteaba ni se paraba, simplemente se levantaba y proseguía, no se quedaba a ver las heridas de sus manos o su cuerpo. Y le gritaban cada vez con más fuerza:
—!!Hey tú, sapo de la peca, eres el que más veces se ha caído, ya deja la carrera, no lo vas a lograr!!
—¡Sí, tú, sapo de la peca, nunca vas a llegar al final!
—¡Sapito de la peca, eres el más flaco, quizás tus compañeros lleguen pero tú no!
Finalmente los sapitos quedaron atrás con los gritos y comentarios, pero el sapito de la peca finalmente llegó en primer lugar. Todos gritaron de gusto por ya tener un ganador, pero uno que no era del pueblo preguntó:
— ¿Qué tiene de diferente ese sapito a los otros sapos?, es más, yo lo veo flaco y no muy grande, los otros sapitos se ven fuertes y grandes.
Le contestó un sapito que se encontraba a un lado:
—La única diferencia que tiene ese sapito, aparte de la peca, es que también es sordo.


*Estos textos fueron publicados en El Sol del Bajío, 29 de mayo de 2016, Celaya, Gto.

domingo, 22 de mayo de 2016

CON SABOR A CAMPO


CON SABOR A CAMPO
-Poesía de Cleo Gordoa-

Cleotilde Gordoa de la Tejera es una poeta de incansable ánimo. Desde su natal San Luis Potosí y su paso frecuente por todo el estado de Guanajuato, ha puesto en alto el nombre de México en otros países de nuestro continente.  Con el nombramiento de Embajadora del arte, que le otorgaron en Bolivia, visitó en abril el hermano país de El Salvador junto con otras escritoras tanto mexicanas como de otros países.   El motivo fue el FESTIVAL INTERNACIONAL LITERARIO EN SANTA ANA celebrando el 34 aniversario de la UNASA (Universidad Autónoma de Santa Ana) en El Salvador. Se realizaron talleres, conferencias, recitales e intercambios culturales, entre otras actividades. La acompañaron: Alejandra Domínguez, de Puebla; Ángela Penagos, de Colombia;  Elvira Mora, de Oaxaca; Georgina Cuartas y Margarita Rosa Patiño, de Colombia; Maureen Altman, de Perú; Berbel de Canarias,  de Islas Canarias; Linda Morales, de New York; Salud Ochoa, de Chihuahua; Silvia Siller, de New York y Yuriria Cañedo, de México.
            Cleo, como la conocemos los amigos, presentó parte de su trabajo más reciente, el cual compartimos aquí en nuestro Diezmo de Palabras. Su poesía es fruto de sus vivencias y los muchos viajes a lo largo y ancho del país. Cleo tiene la capacidad de descubrir lo bello de cada flor, en cada nube, de la misma arena en donde ha desnudado su alma. Su mirada se detiene para capturar ese preciso instante que cuando lo comparte a través de sus fotografías, se vuelve de todos y cada uno de los que admiramos su labor de poeta y el ejemplo de tenacidad para disfrutar la vida. Vale.
Julio Edgar Méndez



CON SABOR A CAMPO
Cleo Gordoa

Con la piel cansada, añeja,
y las raíces incrustadas a la tierra,
te dejas ir en el columpio del tiempo,
entre rutinas mañaneras, entre ocasos infinitos.

Tus manos saben y huelen a campo,
al rastrojo que cruje con el viento,
al maíz que se desgrana día a día
y al olor de la leña en la cocina.

Los caminos hablan de ti y tus historias,
de tus andanzas en la milpa en temporadas,
de las caricias del sol en las labores
y de las lluvias que traen la esperanza.

Tú conoces el sabor de las tortillas,
de la olla ahumada que hierve con frijoles,
de los manjares verdes sin espinas
y del molcajete que abraza los sabores.

Te envuelves en la noche con la luna
y en la carreta acunas tus ensueños,
hombre de campo fértil y huraño,
hombre de adobe y corazón de niño.

Te duermes sin pensar en los pesares,
con la espalda cansada del trabajo,
y sueñas con la milpa y con tus animales
y despiertas feliz, de comenzar de nuevo.

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¿DE QUÉ HABLAN LOS VIEJOS CON SU SOLEDAD?
Cleo Gordoa

Si han perdido los recuerdos,
el tiempo se esfumó en algún momento
y en él se quedaron suspendidos,
fueron tantas cosas en un tiempo
y ahora viven a solas y sin recuerdos.

Charlan tal vez con su sombra,
con ellos mismos en el espejo,
comen en su mesa desierta
y se refugian en su alcoba vacía.

¿De qué hablan si ya no son niños?,
no son ancianos porque no lo recuerdan,
quizás se ríen con la muerte a escondidas,
suspiran prolongado por las noches
y a veces se contraen con tanto frío.

Esos años que pesan en el alma,
cuando caminan con su bastón a solas,
y le hablan a las fotografías añejas
y se cuelgan los ayeres en el pecho.

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LA VIDA DE UNA HUASTECA
Cleo Gordoa

Siembra huasteca
tus cafetales,
corta la caña,
haz los tamales.

Cuida a los críos,
ve a la molienda,
lava en el río
y da la merienda.

Corre al mercado
a buscar blanquillos
y algún antojo
pa’su pelao.

Cuida las vacas,
vende los quesos,
amasa sueños
y se hace vieja.

Allá en la plaza
se escucha el ruido,
brindis y aplausos
pa’su marido.

Él sí es muy macho
y se descarga,
del feo trabajo
que hay en la casa.

Él solo arrima
lo que le sobra,
la pasa a gusto
bebiendo caña.

Llega borracho
con sus instintos
y su huasteca,
solo se calla.

Está cansada
de hacer de todo,
y cree que el mundo
no es de otro modo.

Pasan los años
y se desgasta,
un día se muere
y no pasó nada.

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BORDA MUJER MORENA
Cleo Gordoa

Borda mujer morena,
borda tus fantasías,
con hilos de mil colores
pespuntea formas divinas,
y atrápalas entre nudos.

Que tu aguja haga historias,
leyendas viejas del pueblo,
despertares asombrosos,
ríos que bailan con prisa
y flores del paraíso.

Ahora luce tu vestido
que bordaste de esperanzas, 
sal con donaire a la calle,
majestuosa bordadora
a lucir tu artesanía.



AMANTES DE LOS MARES
Cleo Gordoa

Dibújame cual sirena apasionada
con tus dedos ardientes,
con tus besos de fuego.

Enséname a nadar sobre tus olas
y déjame beber las aguas de tu océano,
mientras nos mece la marea.

Que las palmeras nos arrullen,
que las estrellas brillen para nosotros
y que el rumor del mar nos acaricie.

Somos aquellos amantes de la playa,
los navegantes sin rumbo ni destino,
las olas que se endiosan con la luna.

Yo arena y tú agua,
yo viento y tu brisa,
yo volcán y tu fuego.

Amantes de arena y humedades,
volátiles en los sueños sin sentido,
explosiones en una noche intensa.

Yo mujer desnuda de palabras,
tu mi amante cuajado de suspiros
y los dos esencia de los mares.

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LÁNGUIDA SIRENA
Cleo Gordoa

Deja que lánguida navegue
por la firmeza de tus muslos, 
y que llegue hasta la fuente
del placer urgente.

Déjame beber tu néctar 
que emana del río de la vida
y cual elixir pagano, se derrame
en el cáliz de mis labios.

Solo déjame saborearte
en una noche de luna,
bajo el influjo eterno 
de las efímeras galaxias.

Que palpiten tus sienes
que la demencia te arrastre,
mientras mis manos febriles
te recorren, te exploran.

Que tus suspiros escapen
entre espasmos y vaivenes, 
mientras desde lo lejos 
invocas tu amada sirena.

Ábrete a la lujuria sin sentido,
que cada beso nuestro,
sea la puerta nueva del cielo
o la llegada al infierno

Soy la sirena que canta para ti,
la que solo navega en tus playas, 
la que llamaste en tu delirio
cuando tu barco naufragaba.

Ven marinero, no te haré nada, 
solo te haré gozar hasta el orgasmo,
después me alejaré hasta mis mares
y tú seguirás en tu barca navegando. 

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LLUEVE EN MÍ
Cleo Gordoa

Llueve sobre mi piel desnuda,
que cada gota de tu esencia me acaricie
y se vuelva tormenta en mis adentros
para que despierten del letargo mis sentidos.

Llueve cual tarde de verano
para refrescar mis ardientes caminos
y ve florecer para ti mis montañas
y la selva espesa que se abre a tus delirios.

Deja que escurra esa humedad entre nosotros,
que nos cubra la noche y sus destellos,
y al rugido intenso y voraz de los cielos
asomen las disimuladas pasiones.

Regálame tus instintos uno a uno
y siembra sinfonías en mis placeres,
entona la canción de los amantes
y hagamos el amor como dementes.

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MUJER POTOSINA
Cleo Gordoa

Mujer gentil de nopal y barro,
creada en los senderos intrincados,
bajo el sol de las quimeras y las luchas 
y envuelta en las leyendas del pasado.

Mujer que cuece historia peregrinas
en el deambular de sus etéreas pisadas,
con su sombra calcinada por los tiempos,
con la mirada pendiente en el futuro ciego. 

Ella borda fantasías en los arrabales,
con sus retoños entre sus pliegues,
con la boca seca por el hambre injusta,
con su rostro triste, pero al fin guerrera.

Mujer de la sierra bordada de espinas,
con la piel reseca y preñada siempre,
con el alma vieja arrastrando historias,
con la vaga imagen, de que hay otra vida.

Cocina tus sueños con olor a humo,
siembra tus desvelos por otra alborada,
eleva plegarias en todos los barrios
y sigue poblando el mundo de sueños.


MESTIZA
Cleo Gordoa

Mujer mestiza
de sol y caña,
de pisadas firmes
en los cafetales.

De cascadas negras
que cubren su espalda,
como sinfonías
mecidas al viento.

Perlas de colores,
de sonrisa ausente,
de ojos obscuros
y silencios mustios.

Mujer arcoíris
envuelta en colores,
sudas tu huasteca
entre tus faenas.

Mujer que grita
desde sus adentros,
el deseo inmenso
de ser valorada.

Te bañan los ríos,
te besan las noches
y un día te deslavas
y te vuelves caña. 


domingo, 15 de mayo de 2016

COSTUMBRES, LEYENDAS Y MOLE VERDE


COSTUMBRES, LEYENDAS Y MOLE VERDE

«Pues déjame decirte una cosa: las gallinas no necesitan de gallo para poner huevos.»
Bruno Traven, Canasta de cuentos mexicanos.

Todos los pueblos, comunidades, rancherías, ciudades y regiones tienen historias que han circulado de boca en boca durante años y hasta siglos. Pero, ¿qué pasa cuando alguien las inventa y son tan entretenidas o con tantos detalles que las personas comienzan a creer que son ciertas? En el taller Diezmo de Palabras nos reunimos cada miércoles en la Casa de la Cultura de Celaya, -donde muy amablemente nos permiten usar un histórico y bellísimo salón con todas las comodidades- para revisar los textos de nuestros compañeros, hombres y mujeres, que a veces están inspirados en sucesos reales. Desde la hermana ciudad de Cortázar, de donde tenemos varios compañeros, Vicente Almanza se ha incorporado hace poco al taller y ha crecido de manera consistente en su labor como narrador. Inventa una leyenda que a la mejor algún día será cierta. El médico veterinario, Carlos Aguirre, fiel a su costumbre de indagar sobre historias locales nos cuenta con su estilo sencillo dos sucesos que ya son parte de las crónicas urbanas. Lalo Vázquez, actor, músico y agudo observador de la vida, narra con su desenfadada manera los preparativos gástricos de quien lo único que anhelaba esa semana, era degustar un rico mole verde.
Con todo cariño para nuestro gran maestro, Herminio Martínez, en este día tan especial, que donde se encuentre nos lea y se divierta. Vale.
Julio Edgar Méndez



EL  POZO DE LOS ENAMORADOS
Vicente Almanza Huerta

Por la carretera de Cortázar a Salvatierra, pasando la comunidad de Las Fuentes,  hay una desviación a la izquierda que va al cerro de la Gavia. Sobre ese mismo camino, a ocho kilómetros, se encuentra el poblado de La Minilla. Lugar que parece perdido en el pasado con casas de adobe y techos de teja roja.
            Los habitantes de este lugar todavía utilizan  el sombrero; las mujeres, el rebozo y las enaguas. Hace mucho tiempo, cuando no había luz eléctrica y se abastecían del agua que sacaban de los pozos, ocurrió un evento que la gente aún sigue contándolo.
            Vivía en esta comunidad una hermosa mujer llamada Minerva Ortiz, que a sus escasos dieciocho años ya sentía que se estaba “quedando”. De ojos color miel que reflejaban alegría y un gran misterio, pelo negro ondulado mecido por el viento de la montaña y forma sensual, más de alguno había sido atraído por su belleza. Se dedicaba a vender servilletas de punto de cruz, bordadas, deshiladas, ropa tejida con gancho y con agujas. Tocaba la guitarra en el coro de la iglesia. Minerva era como su nombre lo dice: una diosa de las artes.
            Tenía muchos pretendientes y uno que otro novio ocasional, pero nada en serio. Soñaba con encontrar el amor, sentir mariposas en el estómago. Con su novio no encontraba esa pasión que debería sentir en un beso o en una caricia, la entrega total estaba destinada para alguien especial que no encontraba todavía.
            Para las fiestas de la comunidad llegó Don Severiano Salcedo, un terrateniente de la ciudad de Querétaro y su hijo, Fabián; invitados por Nicolás Romero, el delegado del lugar.
            Cuando Fabián conoció a Minerva quedó cautivado por su belleza y cuando las miradas se encontraron, comprendieron que un amor estaba naciendo, sus cuerpos exigían esa pasión desbordante, tanto tiempo retenida. No hubo palabras. Con la respiración agitada al sentirse cerca, labios entreabiertos que suplicaban juntarse en un beso apasionado, querían sumergirse en ese mar de sensaciones. Pero acordaron esperar hasta que Dios bendijera la unión en el altar.
            Esa noche, Fabián le comentó a su papá que se había enamorado perdidamente de Minerva, se pensaban casar y vivir en Querétaro. Severiano azotó su sombrero diciendo:
            —¡No seas tarugo, hijo! Mi compadre dice que esa muchacha ha sido novia de todos los muchachos de aquí. Para pasar el rato está bien, pero no para casarte. Esa vieja ya está bien paseada.
            —Pues no me importa su pasado, voy a hacer de ella una gran señora -dijo Fabián mirando fijamente a su padre-.
            Al día siguiente, Severiano fue a buscar a Minerva, la encontró sacando agua en uno de los pozos. Le dijo que dejara en paz a su hijo, que no era de su clase para casarse con él. Ella le contestó que se amaban, que había encontrado en Fabián al amor de su vida y que nadie los detendría para casarse. Lleno de ira por la respuesta, descargó su pistola sobre Minerva.
            Al conocer la noticia, Fabián fue a buscarla. La encontró tirada sobre las piedras. La abrazó fuertemente, sus lágrimas se mezclaban con la sangre que humedecía la tierra. La llenaba de besos pensando que con su aliento regresaría esa vida que poco a poco se le escapaba. Le hablaba, le susurraba al oído como en secreto. En el último suspiro de ella, Fabián sintió un dolor en el pecho, su corazón no resistió la muerte de su amada.
            Hasta el cielo pareciera haberse puesto triste por la desgracia, cuando grandes nubarrones lo tiñeron de gris dejando caer una pertinaz lluvia.
            Sus cuerpos inertes quedaron abrazados mientras sus almas viajaban hacia otra vida. En el lugar donde murieron empezó a brotar un manantial, la gente le empezó a llamar: El pozo de los enamorados, por el amor de Minerva y Fabián que prevaleció más allá de la muerte.

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LOS FANTASMAS ASESINOS
Carlos Javier Aguirre V.

Son tantos los ciclistas muertos por accidente sobre la carretera Celaya - San Miguel Octopan, que la gente piensa que los automovilistas a propósito sacan de la carretera a tanto ciclista. La mayoría de los cuales trabaja como albañiles en Celaya.
El señor Pedro Centeno, quien trabaja con un camión materialista, cuenta que un día, antes de llegar a la primera curva, a lo lejos distinguió un bulto blanco brincando en medio de la carretera. Poco a poco fue disminuyendo la velocidad y cuando llegó al sitio ya no vio el bulto, porque éste se encontraba junto a él dentro del camión, y sintió como le jalaba el volante para que atropellara a los ciclistas que iban pasando.
Don Pedro cree que no es culpa de los automovilistas, sino que son las mismas almas en pena quienes avientan a los ciclistas a las llantas de los automóviles y camiones. Como fue el caso del niño Juan José Echeverría Molina, que estando junto a su madre salió volando directo a las llantas de un camión; y al ver semejante tragedia, la madre murió con su hijo en los brazos.
—¡Dios nos asista!, exclaman las mujeres cuando ven pasar el ejército de almas rumbo al panteón de San Miguel Octopan, encabezado por aquella mujer del velo negro quien murió de tristeza cuando atropellaron a su único hijo.


LA NOCHE SIN FIN
Carlos Javier Aguirre V.

«Atención unidad veinte, señor Evaristo Garza Treviño, pase por una persona afuera del panteón municipal, a las 12 de la noche en punto. Trae una sotana negra.
—Buenas noches, ¿a dónde lo voy a llevar?
El pasajero tomó su lugar y una corriente de aire helado se estacionó dentro del taxi. —Vamos a recorrer unos templos: San Agustín, San Francisco, El Carmen, el Templo de los Pobres, La Merced y, por último, el Santuario de Guadalupe.
Había algo en aquel hombre que intimidaba. Al contemplar su mirada fija, parecía que se trataba de un espíritu y no de un hombre.
—¿Por dónde quiere empezar?-. Preguntó el taxista.
—A esta hora ya cerraron los templos, empecemos por San Francisco, yo me bajo y dejaré en la entrada una veladora.
Cada vez que bajaba a colocar una veladora se escuchaba el triste repicar de una campana.
—Bueno, Padre, ya terminamos.
—Me regresas a donde me recogiste. Toma esta tarjeta y pasa mañana a esta dirección, Manuel Doblado 101. Ahí te va a pagar el obispo de Celaya.
—¿Quién digo que me manda?
—El padre Gregorio García, encargado del coro de la catedral.
Al siguiente día se presentó Evaristo a cobrar lo del pasaje de la noche anterior a la casa del obispo y llamó a la puerta.
—Sí, señor, ¿qué se le ofrece?
—Ayer por la noche llevé al padre Gregorio a hacer un recorrido a varios templos y necesito que me paguen, me dio esta tarjeta para ustedes.
—¡Pero el padre Gregorio murió hace más de sesenta años!
—¡Eso a mí no me importa, me pagan o grito que ustedes hasta a los muertos los tienen abandonados!



MOLE VERDE
Eduardo Vázquez G.

En una reunión de un grupo de trabajo, el jefe inmediato hizo de pronto una atenta invitación a todos los presentes para asistir a su casa, a festejar el día del amor y la amistad, con un delicioso mole verde y un arroz blanco maravillosamente preparados por su suegra.
            Varios compañeros quedaron muy formalmente de asistir a la  comida, a la que aún faltaban quince días. Uno de los compañeros, llamado Lalo, al saber que la comida seria mole verde, desde ese momento dejó de comer, para que ese día  disfrutara al máximo tan delicioso manjar y, con su mano en la boca sobándosela, se decía a sí mismo: “¿Cómo te vas a poner, mi boquita chula?”.
            La semana siguiente, cuando le apretaba el hambre, se tocaba la boca y sobándosela se volvía a repetir: “¿Cómo te vas a poner mi boquita chula?”.
            Al llegar una reunión más del grupo, el jefe les volvió a recordar que seguía en pie la invitación y que no fueran a fallar, a lo que el amigo, Lalo, con una mano en la panza y la otra en la boca se repetía para sus adentros: “Aguanta, boquita chula, ya solo faltan tres días para ese mole verde y, ¿cómo te vas a poner?”.
            Al llegar el tan esperado día, con la puntualidad de todo buen mexicano, la primera en llegar a la casa del jefe inmediato fue Margarita. Cinco minutos después, Jéssica. Más tardecito, Rafael y así fueron llegando uno a uno, pero de pronto, al tocar la puerta, llegó uno de los compañeros más odiados del grupo; que aun nadie se explicaba cómo se dio cuenta de la comida, ya que a él nadie lo invitó. Es un personaje detestable, aprovechado, ratero. Que por su forma “gorrona” de ser, por sobrenombre le pusieron El Cuervo.
            Llegó y de inmediato tomó posesión de la cocina, metiendo el dedo en las cazuelas de comida y sirviéndose tacos cuando aún nadie comía, cosa que incomodó al dueño de la casa quien inmediatamente lo agarró del pescuezo y lo sacó de la cocina. El intruso, ofendido y molesto, retó a golpes al dueño de la casa y, como dice el dicho, el jefe es de mecha corta, así que para pronto que se le pone al brinco y que se arma el relajo.
            Con certera puntería el jefe le puso el primer “estate quieto” al Cuervo, entre ceja, oreja y media jefa. El otro no alcanzó a cabecear, recibiendo el golpe y cayéndose de nalgas a media sala.
            Al escuchar el lio que traían en la sala, la suegra del jefe salió con una olla en la mano y una cuchara a defender a su yerno consentido y sin más ni más le dio la intruso con la olla en la cabeza, acompañado de un cucharazo que le sorrajó a media espalda diciéndole:  —Condenado viejo abusivo, por eso no lo quieren, cuervo ratero-.
            Rosana y Jéssica lo zangolotearon de los pelos arrancándole un buen puño.  Después, Margarita le dio un charolazo con todo y botana. Las pocas greñas que tiene el condenado Cuervo, las traía llenas de Chetos, churritos y salsa San Luis.
            Martin se levantó de su lugar sujetando al cuervo, haciéndole calzón chino y por las costillas le sonó tremendos golpes, que al pobre hombre hasta los pedos se le salieron, junto con un zapato, dos bolillos y un salero que ya se había robado de la cocina.
            Don Rafael le soltó un derechazo que fue a dar directo a la boca arrancándole un tramo de bigote.
            El Cuervo intentó huir. Abrió la puerta para salir corriendo, pero un puntapié de don Rafa dio directo en sus partes pudendas, así que soltó la puerta quedando entreabierta y ya no pudo emprender la graciosa huida.
            Al recuperarse un poco, se enderezó y  entonces la señora Mayra, la mujer del jefe, como si fuera jugadora de béisbol profesional, le lanzó con todas sus fuerzas una botella de vino que estaba en la sala.
            Aquél, con muy buenos reflejos, se agachó para esquivar el golpe y en ese preciso momento Lalo estaba a punto de entrar a la casa. Y como escuchó el griterío, el ruido y la puerta entreabierta, antes de entrar pensó: “¡Qué buena fiesta!”. Se sobó la boca y se dijo para sí mismo: “Ahora sí, boquita chula, hoy es el día de comer mole verde, jujuy, ¿cómo te vas a poner?”.
            Al abrir la puerta y asomar la cabeza, ¡PUM!, que le revientan el hocico de un certero botellazo. Lalo cayó al suelo y ya no supo más.
            Una hora después, al abrir los ojos, Lalo se vio rodeado por sus compañeros de trabajo, con el hocico roto, tres piezas dentales perdidas y con muchísima hambre. El dolor en su boca lo hacía sentir como si tuviera hocico de perro. Intentó sobarse pero el dolor era muy intenso. Lo primero que pensó fue: “Ay, boquita chula, ¡cómo te pusieron!”.


*Textos publicados en El Sol del Bajío, Diezmo de Palabras, domingo 15 de mayo de 2016.

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