domingo, 30 de octubre de 2016

COMO LA MISMA MUERTE


COMO LA MISMA MUERTE

La vida, fuente del misterio que nos acompaña, nos lleva a palpar el miedo. Algunas veces a lo conocido y otras a lo desconocido. Llevamos a cuesta la ilusión de la inmortalidad y el poder, hasta que nuestro despertar espiritual se llena de preguntas. ¿Quiénes somos? ¿Por qué nacimos? ¿A dónde iremos al morir?       Todas estas preguntas son como navajas que laceran en nuestros momentos de soledad. Tenebrosos pensamientos se anidan cuando la mano del destino amenaza con arrebatar lo poco que nos queda de cordura.
            Una mañana despertamos y vemos reflejada a la muerte en el cristal de nuestra existencia. Renegamos que algo así pudiera sucedernos, pero… ¿Qué es la muerte? ¿Lo sabes tú?  Comentan que los espíritus lo saben todo, por lo que algunas personas suelen hacer rituales para saber qué sucede en el “más allá” y seres macabros se manifiestan. Quizá son almas descarriadas que penarán por toda la eternidad. Las que son perversas colectan pecadores para llenar el infierno y Satanás pueda organizar un enorme festín. Lo supimos por relatos, que entre brujas y aparecidos, nos quitaron el sueño desde que éramos niños. Entes descarnados, duendes y seres resucitados, nos han perseguido en muchas de nuestras pesadillas.
            El terror aún nos acompaña y no podemos evitarlo. El mundo actual, con su desagradable transformación, es más inquietante que una película de suspenso. Provoca una psicosis en donde la gente se aferra al esoterismo, utilizando talismanes para prevenir algún maleficio; o a la religión, en la espera de que el santo de su devoción los salve de la maldad -que muchas veces es la creación de ellos mismos-.
            Todo crece en torno a la imaginación y las creencias del ser humano. Lo bueno y lo malo es parte de nuestros días. Hoy, la página del taller Diezmo de Palabras, te comparte algunas historias reales y cuentos fantásticos que te dejarán frio.
Laura Margarita Medina

MANOS NEGRAS
Rosaura Tamayo

Las uñas le empezaron a cambiar de color, los nudillos de los dedos se pegaron de tal forma que las manos se veían cadavéricas. Era notorio que se dedicaba a la magia y brujería. Entre más riqueza y poder tenía, su cuerpo le cobraba parte de su vida. Y no le importaba. La fortuna le cegaba la vista. La ambición la alejaba del mundo. Finalmente sería la muerta andante más rica y poderosa de la tierra.


AUTO DE FE POR LICANTROPÍA
Héctor Ortega

Con la silueta aún del lobo y el aliento magro, rendido, fue llevado cerca de su inevitable fin. Como si el destino poderoso pusiera en cada letra de su vida una infinidad de olvido, condenado por una inusual sentencia sumaria, por infamias y milagros ficticios, fue atravesado por inagotables herrumbres de fuego. Cada demonio le fue exorcizado en la hoguera, cada plegaria fue un ocaso solitario, cada provincia de donde fue desterrado le convirtió en un espectro suspendido en medio de la contrariedad de vientos boreales. En los últimos sufrimientos mortales, entre gritos y aullidos, pensó que si acaso existe el perdón infinito, espera despertar en el asombro crepuscular, ser alguien para cobijar su aurora, olvidarse de sus noches destructivas, de sus víctimas mutiladas, desangradas, desolladas, o confinadas a vagar, como él, sin rumbo y atemorizado con las crecientes lunares. Espera olvidar las vísceras entre los dedos al despertar, los huesos rotos, la sangre ajena ceñida a su ropa. Únicamente quiso regresar de la muerte para pertenecerle ya por siempre a su misteriosa luna.



DOÑA QUEJUMBRES
Patricia Ruiz Hernández

—Madre, tu comida está servida —dije con cierto recelo, mientras observaba su semblante tosco. Sabía que mi madre era de carácter avinagrado.
—No sabes hacer una sopa de arroz como Dios manda.  ¡Mira!, está toda apelmazada.  ¡Qué porquería! —expresó con su acostumbrada violencia verbal.
—Pasé mucho tiempo en la cocina. Hice mi mejor esfuerzo. Pruébala.
—¿No merezco ni una comida decente? Jamás haces algo que se te agradezca.
—No me sorprende tu enojo. Siempre me has humillado. Ya ves, no me casé por cuidarte. Pretendientes nunca me faltaron, pero los corrías a todos. Que si el hombre era muy pobre, que si aquel estaba feo o que el otro no iba a misa. Total, me quedé soltera y cuando envejecí ya no agarré novio ni de segunda mano. Me hubiera conformado con un viudito cuando menos, pero con tu maldito carácter, ¿quién me iba a querer?
—Andabas de ofrecida con esos fulanos. Paseaban con ellos mientras tu pobre madre estaba encerrada sin que nadie le diera un trago de agua o la medicina.
—Ya me arruinaste la vida y yo de taruga que te hice caso –enseguida cambié de tema para no seguir con el círculo vicioso-. Mira, también hice chiles rellenos.
—¿A eso le llamas chiles rellenos? Hasta para batir el huevo eres una inútil.
—¡Carajo! A todo le pones peros. Creí que era tu comida favorita y como nunca demuestras felicidad por nada.  Al rato pruebas el atole. Lo hice tal como te gusta, sin grumos y espeso. No se quemó como otras veces.
—Seguro dejaste tiznada la olla.
—Aquí la única que tizna eres tú.
—¡Qué respondona te has vuelto!
—Desde que papá murió, mis hermanos y yo quedamos sufriendo tu eterno enojo. Al final, ellos fueron más listos al largarse. ¡Qué se podía esperar después de lo que les hiciste!
—¿Qué les hice a esos malagradecidos? Toda la vida me sacrifiqué por ellos.   
—Me dejaron a doña Quejumbres para mí solita, con su costal de reproches incluido.  Fui condenada a limpiar tu suciedad, tus mocos y aguantar tus berrinches.
—¡Mírala, saliste rezongona!
—¡Reconócelo! Mis hermanos se fueron por los mitotes que armabas. Muchas veces fingías estar enferma sólo para chantajearlos. Acuérdate que les pedias dinero que no necesitabas.  Sus esposas no aguantaron tener una suegra loca y argüendera.  Cuando todavía podías caminar andabas en puros chismes con las vecinas. Hasta parecías cámara de vigilancia fisgoneando a todos.
—No me recuerdes a mis desgraciadas nueras. Fueron muy malditas conmigo.  ¿No viste las groserías que me hacían?  ¡Qué mala suerte tuve!
—No te hacían groserías. Tú eras entrometida hasta hartar. Todavía no descubro qué le dijiste a mi último novio, al zapatero, para que me abandonara. Él me quería bien. Recuerdo sus palabras de amor y sus piropos. Me decía cosas como: “Te quiero, bonita.  Anímate a ser mi mujer. Eres hermosa y con medias suelas quedarías como nueva”.
—Mi hija casada con un zapatero remendón, ¡ni Dios lo permita!  Este mantel lo tienes todo percudido, se supone era blanco.
—Tan percudido como el vestido de novia que nunca usé. No me extraña lo que dices, peleas hasta con el espejo. En nuestra casa jamás hubo  risas o música. Siquiera me hubieras dado el cariño que me faltó de un hombre. Anda, come, es para ti.
—Trágate tus mal hechuras. Ni el perro las va a querer.
—Madre, ya me cansé de pelear. En este Día de Muertos se amable conmigo tan sólo una vez y acepta las ofrendas que en tu honor pongo en el altar. 



RUTA  MACABRA
Vicente Almanza Huerta

La tarde caía en la ciudad de Celaya. Grandes nubarrones y relámpagos indicaban que pronto caería una tormenta. El turno de trabajo de David había terminado, en una de tantas empresas que existen en la ciudad industrial.
Se encontraba esperando el microbús de la ruta Pinos-Latino2, que lo dejará en la glorieta de la Pepsi. Después de veinte minutos, se subió a la unidad número 87. Había un lugar desocupado. Su compañero de asiento era un hombre como de sesenta años, de barba canosa, lentes negros y sujetando un bastón metálico.
       David saludó por cortesía. La respuesta del hombre lo desconcertó:
       —Bienvenido. Que disfrute su viaje.
       Inmediatamente que el camión arrancó, se soltó un aguacero. No se podía ver nada. La velocidad iba en aumento. Siguió derecho, donde debería dar vuelta. Pensando que había tomado la ruta equivocada, David se levantó con la intención de bajarse. El anciano lo tomó de la mano diciendo:
        —Todavía no, joven.
        Quiso protestar, pero ningún sonido salió de su boca. Volvió a sentarse. El viejo golpeó con su bastón el piso. El camión se detuvo y bajó una mujer con su bebé en brazos. Por la ventana vio que a la mujer se le acercaban dos hombres, dándole ropas blancas. Se internaron en un túnel en cuyo fondo se vislumbraba una luz azul. La unidad emprendió su marcha y se detuvo hasta volver a escucharse el sonido del bastón.
       Esta vez bajó un hombre vestido de traje. Se le acercaron cuatro seres con garras en los pies y manos, ojos inyectados de fuego, en la boca, en lugar de dientes, dos hileras de colmillos, de piel blanca y enormes alas negras. Despojaron al hombre de sus ropas, lo llevaron a una barranca, donde al final se veía una luz roja deslumbrante. Los ayes de dolor  y gritos de lamentos, hicieron que David se estremeciera de miedo, un escalofrío recorría todo su cuerpo.
       Se preguntaba qué era todo aquello. Discretamente volteó a ver a los pasajeros. Nadie hablaba, un silencio desesperante, sin expresión alguna en el rostro. Mirada perdida. Sólo obedecían a la señal del bastón para bajarse. «¿Quiénes son estas personas?–pensó–¿Y yo que hago aquí? ¡Tengo que bajarme! Le prometí a mi hijo que estaría en su primer partido de basketbol.
        Después de varias paradas, no soportó más. Cerró los ojos y se tapó los oídos para no escuchar los espeluznantes gritos. Deseó que se tratara de una horrible pesadilla. Cuando abrió los ojos ya no había más pasajeros.
        De repente aparecieron esos entes dispuestos a llevárselo. Quedó paralizado de terror. Por instinto se cubrió la cara. Escuchó una voz que decía:
        —¡Apártense¡¡A él no!
        Era el anciano del bastón, sujetó a David del brazo y lo arrojó afuera del transporte. Cayó de rodillas, al voltear la unidad 87 había desaparecido. Había llegado a la glorieta. Era una noche llena de estrellas y la luna nueva brillaba con todo su esplendor. No había señal de que hubiese llovido.     



EL CANDADO
Soco Uribe

Es extraño. La puerta está abierta.  Nadie me espera aún, ¿será porque adelanté mi llegada? Entro y me escondo detrás de la escalera para darles la sorpresa y, cuando por fin se encuentran todos reunidos en la cocina, hago mi triunfal aparición.
Ninguno se sorprende.  Como si no me conocieran, como si me hubieran olvidado. Tal parece, que los atacó la terrible enfermedad de la amnesia o se puesieron de acuerdo en ignorarme.  El único que se acerca y me abraza es mi pequeño hijo. Pero, mi esposa lo llama y le pide rezar una oración para iniciar la cena.  Al retirarse, me dice al oído: –no me tardo nada papito.
En seguida, le hablo a mi mujer y no me contesta; a mis hijos mayores les cuestiono el porqué de su indiferencia, pero, sólo bajan la cabeza sin voltear a verme.  Tal parece que el complot es general.  ¡No lo entiendo!, si sólo me separé de ellos un par de años y tal parece que no quieren volver a verme.
Aunque, mi niño, aún me mira con dulzura. Devora su leche y su pan, me imagino, con la intención de levantarse de la mesa lo más pronto posible para estar conmigo.
La expresión de mi enojo no se hizo esperar y por fin exploté.
–¡Este silencio, esta indiferencia me está matando!– , grité. 
Luego, sin bajar el tono de mi voz, les dije:
–No estoy dispuesto a seguir con su maldito juego. Están acabando con mi paciencia. No tienen derecho a hacerme esto. Les exijo me expliquen la razón de su sinrazón. 
Al finalizar mi pregunta, se quedaron callados; no obstante, mi chiquillo se levantó rápidamente de la mesa y se colocó a mi lado.
De pronto, al escuchar un rechinido, sentí una paz inexplicable, al ver entrar a mi esposa, a mis hijos mayores y al pilón llevando entre sus brazos decenas y decenas de flores como lo hicieron el año pasado.

Pero, ¡qué extraño¡, esta vez ni siquiera escuché el escalofriante golpetear del candado de mi cripta.  Ese ruido que anuncia la visita de mis eternos amores. Eternos… como la misma muerte.


*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

domingo, 23 de octubre de 2016

ENTRE CUENTOS, POEMAS Y TUITS


ENTRE CUENTOS, POEMAS Y TUITS
-Primer Concurso Literario Herminio Martínez-

La Literatura, al igual que las demás artes, refleja la identidad personal y social de un pueblo. La evolución histórica que hemos tenido, nuestras tradiciones,  costumbres y nuestra herencia cultural nos han hecho llegar hasta dónde estamos y definir lo que somos y el por qué. La literatura nos ayuda a aprender, a transmitir y a transferir pensamientos y situaciones que vivimos día a día, experiencias propias o las de alguien más. Nos ayuda a expresar nuestros sentimientos por otra persona, una situación o un momento simplemente. Actualmente, niños y jóvenes viven un alejamiento de las artes, de la cultura y por ende de la lectura y la escritura. Desde la escuela básica hasta la superior, se requiere de sujetos activos que dejen el icono tecnológico que los deshumaniza cada vez más. Y es en este sentido que el Primer Concurso Literario Herminio Martínez pretende contribuir a fomentar, incrementar y desarrollar la actividad literaria en México. En especial de todos los jóvenes escritores emergentes. El concurso nace de la idea del Programa de Tutoría y acompañamiento del joven universitario. Este acompañamiento lo realiza principalmente un profesor quien apoya durante toda la carrera y complementa la formación integral con otras actividades a lo largo del proceso educativo para mejorar el rendimiento académico, solucionar problemas escolares, desarrollar hábitos de estudio, trabajo, reflexión y convivencia social. El Dr. Emigdio Larios-Gómez, profesor-investigador del Campus Celaya-Salvatierra de nuestra casa de estudios, preocupado por el desarrollo integral de sus alumnos de la Licenciatura en Mercadotecnia –como tutor– en un inicio los motivó a participar como escritores literatos, a través de crear un cuento corto, una carta, una poesía, un  aforismo y un tuit. Situación que terminó y empoderó a los alumnos con el desarrollo de competencias en marketing, gestión cultural y la vinculación con el Taller Literario Diezmo de Palabras fundado por quien fuera Cronista de la Ciudad de Celaya, Herminio Martínez. Se recibieron creaciones literarias de España, Uruguay, Argentina, Brasil y México, y de cinco estados de nuestro país (Jalisco, Puebla, Guanajuato, Tlaxcala, Ciudad de México y Nayarit). En la premiación asistieron más de 200 personas, entre docentes y jóvenes universitarios de la región, quienes presenciaron la lectura de las obras ganadoras y las diversas participaciones de dignos representantes de la música clásica, el baile folclórico, danzas polinesias, cine con cortos y música rock.



Categoría: CUENTO CORTO
PRIMER LUGAR
Ignacio Sánchez Morelos
Seudónimo: Inocencio Calabaza
Título: Dos cartas en noventa años
Residencia: Celaya, Guanajuato

Eran las cuatro de la tarde pero en su corazón ya había oscurecido. Recientemente había terminado de comer, un mosquerío revoloteaba sobre los platos. La persiana de la ventana estaba cerrada, la claridad se escurría por los resquicios, apenas si entraba a la pieza; el resplandor acariciaba los muebles cercanos y tan sólo alcanzaba para definir el contorno de los del extremo opuesto; la luz entraba con una tonalidad amarillenta, se mezclaba con la tierna oscuridad, y le concedía a la atmósfera el antaño de las fotografías de la Revolución. Sentado en el borde de la cama, don Florencio Plaza no conseguía dejar de llorar.
En cuanto despertó, supo que iba a morir ese mismo día. Lo reconoció por el malestar que sentía en todo el cuerpo, la muerte se le presentaba con los síntomas de un resfriado, ésta vez acompañados del profundo temor a quedarse dormido. Durante la mañana, por capricho de una memoria desahuciada, se puso a recordar cómo es que había sobrevivido, pero únicamente le sirvió para darse cuenta que la vida se le había ido en puro recordar, precisamente.
Después de cumplir los treinta, por la suerte de un corazón roto más que por su experiencia como médico partero, fue a parar a una comunidad serrana de cañadas sin nombre, tierra de mezquites y aullidos de coyote. En aquel entonces, su prometida tenía dos años de haber desaparecido sin dejar razón alguna a sus familiares. La buscaron durante todo ese tiempo sin perder la esperanza; sin embargo, el amor que Florencio sentía se fue apagando, los rumores indicaban que su prometida se había escapado con un hombre de mejor porvenir. Más tarde, las sospechas se dirigieron hacia el único novio que le habían conocido a la muchacha. Pronto fue acosado por policías, amenazado de muerte por la familia de ella, y repudiado por todos las personas que también empezaban a creer que él era el responsable de la misteriosa desaparición. Decidió exiliarse en las entrañas del cerro, sin despedirse de su propia gente, llevando consigo los instrumentos de su profesión, más batas blancas que camisas, parte del dinero que tenía ahorrado para su boda, y un sobre lacrado sin sello que identificara a su remitente.
Florencio sólo había recibido dos cartas en sus noventa años de vida. La primera la guardaba en un gabinete desde su llegada a la sierra; la segunda la recibió para la celebración de sus setenta inviernos, con unas iniciales desconocidas  en el sobre en perfecta caligrafía, pero, tan pronto le fue puesta a disposición, la guardó para ignorarla junto con la otra. Tanto se había olvidado de su antigua vida que ya no había nada que pudiera ligarlo a ella. Ahora, justo antes de ofrecerse a la muerte, sentía la necesidad de conocer lo que decían las esquelas, pues no quería andar penando quién sabe cuántas vidas más, tan sólo por no haberlas leído. Rompió el sobre lacrado y, mientras desdoblaba la carta, trataba de limpiarse las lágrimas antes que éstas se desprendieras de sus mejillas, para evitar alterar el manuscrito. Las palabras fueron terminantes: «Mis padres no lo quieren, no espere respuesta de ellos. Venga conmigo a San Juan, acá podrá convertirme en su mujer, no tarde en… ». Con las manos temblorosas y el corazón adolorido, leyó la segunda carta. El aroma de su vejez saturaba la habitación, se combinaba con el calor pesado de la tarde; las moscas ahora se paseaban por su cuerpo estrecho. Florencio no dejó de llorar hasta que la vida se le escurrió por los ojos. «… otoño de 1974… hallada muerta… se desconocen las causas… indican que fue de tristeza, probablemente se le oscureció el corazón».

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SEGUNDO LUGAR
Grizel Delgado
Seudónimo: Vela Dora
Título: Desayuno
Residencia: Ciudad de México

Ana y Diego se habían quedado callados. Ella no sabía muy bien por qué le había confesado que sí creía en fantasmas, que sin querer acabó por creer esas historias bobas de sus tías y primas.
Él la miraba abrazando su taza, como no sabiendo muy bien si conocía a la persona que tenía delante. Tomó un sorbo de café y luego intentó cambiar de tema pero no fue necesario porque Ana recuperó el semblante inventándose breves tareas urgentes en la cocina como fregar un sartén o poner por fin el lavavajillas a andar.
Faltaba tanto para salir del piso y comenzar el día, se repetía Ana. Escondía su inseguridad frente a la tarja tarareando una canción. Se sentía completamente estúpida e incómoda por esa confesión. ¿Por qué lo había dicho? Justo cuando las cosas marchaban bien con este chico, pensó. Ahora sí que había metido la pata.
Ana tardaba tanto en abrir la boca para expresar las creencias o inquietudes que tuviera que sus amigos no sabrían describir la idiosincrasia de la chica. Hasta el momento, había conseguido por años ocultar a sus parejas lo que pensaba. Regresaba las preguntas que le planteaban como leves y armónicos boomerangs a sus destinatarios y así trenzaba su mundo. Pasaba sigilosa mostrándose pero no dejándose ver.
Algunas veces, sin embargo, le ocurría que tenía una certeza total sobre el otro y entonces hablaba sin mirar el alcance de sus palabras. Porque Ana pensaba que quien la escuchara, entendería lo que ella quería decir, o al menos no la juzgaría por ello. El silencio marcial de Diego no obstante derrumbó cualquier miga de certeza.
¿Por qué lo había dicho? ¿Por qué no pudo quedarse callada? Ahora tendría que buscarse otro chico, otro amor, otra historia. Habría que empezar de nuevo a confiar y a creer. Qué soso final para una relación tan constante y casi perfecta. Pero era evidente que los ojos de Diego seguían dilatados por la extravagante confesión de la chica.
Diez para la siete. Ana terminó de secar el sartén recién lavado y preguntó a Diego si iba a usar el baño.
–No, pasa tú –le dijo el chico sin acentuar ninguna sílaba y con la mirada perdida en la ventana.
Ana se encerró en el cuarto de baño y reforzó su trinchera subiendo el volumen de la radio. Tomó su pastilla de risperidona y se vio al espejo mientras terminaba de cepillar los dientes. Tenía ojeras. ¿Alguien la encontraría bonita? ¿Alguien que no fuera Diego? y salió del cuarto de baño. Nueve y media -¡qué tarde!-, hora de salir a trabajar.
Diego seguía en la cocina. Ana quiso despedirse de él con un beso en la mejilla, pero no pudo dárselo, la risperidona ya hacía efecto y lo desdibujaba de la silla.
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TERCER LUGAR
Eric Ernesto Prado Hernández
Seudónimo: Buscasueños
Título: La muerte de la luna
Residencia: Celaya, Guanajuato

En el principio de los tiempos, cuando aún no existían los humanos que habitaran la tierra. Los astros en el universo convivían entre sí, hablaban, sentían, pensaban, soñaban, y cuando lo deseaban, podían viajar a través del espacio buscando aventuras y posibilidades infinitas.
La luna en aquellos tiempos era el más elegante de los cuerpos celestes, brillaba despidiendo una suave y delicada luz azul, su superficie estaba cubierta por una capa de hielo fina y bruñida. Todos cuantos la veían, experimentaban una misteriosa paz y serenidad que calmaba su espíritu y alimentaba su corazón.
Un día mientras la luna viajaba recorriendo el vasto universo, divisó muy a lo lejos un pequeño punto de luz dorada; curiosa, decidió acercarse hacia la fuente de aquel bellísimo resplandor a pesar de su lejanía.
En su afán de conocer el origen de aquella magnífica luz, la luna viajó por mucho tiempo. Pasaron días, semanas y meses, y mientras veía crecer la intensidad del resplandor, más ansia sentía por conocerle y acercarse a él, pues su alma estaba embriagada por aquéllos colores dorados tan perfectos y bellos.
En su viaje la luna se detuvo un par de veces para conocer más sobre el objeto de su deseo, pronto supo que el dueño de sus pensamientos se hacía llamar “Sol”. Ahora con un nombre en su mente, la luna viajaba más rápidamente acercándose más y más al sol, ya no sólo la iluminaba su resplandor, sino que su calor la llenaba de una tibieza reconfortante. Tantas eran las esperanzas por conocer al sol que la luna no se daba cuenta que mientras más se acercaba, el calor se sentía más intenso, y poco a poco su superficie de hielo se derretía y su brillo azulado menguaba día tras día.
Por fin un día la luna llegó al sistema solar y vio de lejos al sol, deseaba que el astro le dedicara una sola de sus miradas, sin embargo el sol, concentrado en su propio brillo como siempre, no se percató de que la luna se acercaba a él.
Demasiado tarde la luna se dio cuenta que se había aproximado tanto al sol, que su hielo se había derretido por completo y su brillo estaba por extinguirse. Pronto la luna supo que estaba a punto de morir, y acercándose a la tierra le pidió que la sostuviera en sus brazos para no caer al vacío y tuviera la oportunidad de morir con la imagen del sol grabada en su corazón.
Es por eso que la luna ahora permanece muerta y apagada por la eternidad, sólo reflejando el brillo del sol de quien siempre quiso recibir una mirada. Aún los amantes al ver la luna, pueden empaparse de su nostalgia, tristeza y amor profundo, pero muchos también, han captado esa paz y serenidad que sólo la luna puede otorgar.




Categoría: POESÍA
PRIMER LUGAR
Laura Paola García López
Seudónimo: Pan Tostado
Título: Toqué a tu puerta
Residencia: Guadalajara, Jalisco.

Jamás regresarás a rescatarme.
Él muerte y resurrección.
Él infancia rota y esperanza gaseosa.
Yo sombra de su sombra.
Yo vacío y perdón eterno.
Yo siete y él treinta.
Nunca regresarás a rescatarme.
Nunca tendré tus lágrimas en un frasco
para recordarme que hasta los dioses lloran.
Jamás iremos a casa.
Jamás los vítores de triunfo,
jamás el castillo propio.
Siempre las manchas de mi sangre en tu ropa.
Jamás vendrás a rescatarme
del infierno que tú mismo creaste.
Siempre los pedazos
de promesas enlodadas.
Siempre voces sofocadas
en cavernas mentales.
Jamás podré rescatarte.
Toqué a tu puerta, cuchillo en mano, pero jamás viniste a mi llamado.
Lloré tus vicios, muerte en mano, pero jamás llegaste a repararlos.
Toqué tus años, infancia en mano, pero jamás se cumplió el milagro del tiempo.
Siempre vendrás a aniquilarme.
Cuando la paz sea más que una flor de plástico en tu tumba.
Cuando nuestros sueños jamás hayan sido más que locura.
Cuando jamás hayas venido a rescatarme.
Habré cambiado tu nombre a dios tantas veces,
que el sabor de la esperanza se pudrirá en mi boca.
Jamás llegaré a vengarme.
Siempre el color de tus palabras en mis gritos.
Jamás el consuelo de tu promesa cristalizada.
Tu sueño se derrumba en mis pulmones.
Mi vergüenza se conjura en tu afilada ausencia.
Mi cuchillo sin sangre.
El silencio en tu puerta.
Jamás abrirás la puerta.
Jamás tocarás a la mía.
Jamás una puerta del hogar que soñamos.
Jamás llegarás a rescatarme.

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SEGUNDO LUGAR
Mariana Escoto Maldonado
Seudónimo: Sanjuana Estival
Título: Petit Morte
Residencia: Querétaro, Querétaro.

Del amor sólo queda nuestra pequeña muerte.
Fuimos vasos comunicantes
con la mirada.
Fuiste sangre  de mi sangre
a la hora de nuestra última ceremonia:
“desnúdate que yo te ayudaré”
aunque apenas me conozcas
y pidas la luz apagada.
Un artista de Antioquia llamó a nuestra puerta
y  la gloria nos había abandonado.
Daban las diez
y  ya no teníamos ojos:
fuimos siempre estatua y Venus.
Con los pechos redondos
contemplamos este cuerpo nuevo:
mármol herido.
Pero no pudimos abrazarnos;
 ésa fue nuestra pequeña muerte.
Lejos,
después del día de tenerte entre mis brazos
estás intacta,
como todas las cosas de este mundo.
Se van de mí, como una muerte cercana,
los mejores paisajes de tu cuerpo.
Se va de mí nuestra pequeña vida,
desesperada de que no pase
ni la hora de nuestra hora,
ni el tiempo
en línea recta
y no haya tal horizonte
ni  todo  lo nuestro,
ni todo,
ni nada.

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TERCER LUGAR
David Vázquez Maldonado
Seudónimo: León Villazapata
Título: Aristóteles se equivocó
Residencia: Puebla, Puebla.

"La naturaleza no hace nada en vano.
Sólo el hombre, entre los animales, posé la palabra".
Aristóteles de Estegira.

Aristóteles tenía razón:
eres un animal político.
Fango que se levantó a conquistar el mundo
con el arco y la palabra,
con el sexo, con la imaginación.
Rebaño de polvo que provocó el fuego del verso,
frotando dos cuerpos, dos rocas.
Lidiaste con el mamut y con el río,
convenciste al pájaro,
traicionaste a la bestia.
¿Dónde estabas tú en la primera marea
dónde cuando la fiera bramó el primer dolor,
el primer placer?
No asomas en el Archivo de las Rocas
antes que el pez,
cuando el soplo de la vida
enderezó tu barro milagroso,
y liberó al animal crepitante
entre el volcán y el agua.
Aristóteles se equivocó:
Eres animal, nada más.



Categoría: CARTA
PRIMER LUGAR
Lic. José Martín García
Seudónimo: Malaq Ben-Ariel
Título: Carta a mi maestro
Residencia: Celaya, Guanajuato

Celaya de la Purísima Concepción, 15 de mayo de 1968

Dilectísimo maestro:

Quiero que sepas que nunca me engañaste. Siempre descubrí, tras tu rostro adusto y tu gesto severo, el brillo de tus ojos cuando explicabas pacientemente tu lección. Sí, es cierto, sonreías poco, pero cuando lo hacías iluminabas el aula como el sol al romper el alba inunda de luz el orbe entero.
            Muchas veces te encontré recluido en la vetusta y polvosa biblioteca de la escuela. Amabas los libros y tratabas de infundir ese amor en nosotros. Quiero decirte que tus afanes no fueron estériles. Por ti aprendí a amar los libros y hasta creo que demasiado. Toda mi vida he atesorado tu recomendación de apagar el ruido inútil con el silencio de un libro.
            Recuerdo vivamente tu ironía cuando te preguntábamos por qué habías elegido ser maestro de escuela. Nos contestabas que la vida te había orillado a entregar el hígado en pedazos a los niños que querían llegar a ser grandes empresarios y grandes políticos, aunque muchos no estaban dispuestos a aprender a leer y a pensar. Leer y pensar, eso era lo que hacíamos en tus clases.
            Para ti el aula era un espacio sagrado. Solías decirnos que al entrar a ella estábamos entrando al templo de Atenea, “la de los ojos de lechuza”. Tú te transformabas en el sumo sacerdote que nos revelaba los misterios de las sagradas escrituras: Desde Berceo hasta Cervantes y desde Cervantes hasta Unamuno. Todos te acusaban de ser muy hispanocéntrico, pero para ti la cultura hispánica era el compendio y la cristalización última de la cultura occidental.
            No, querido maestro. Tú nunca me engañaste. Estabas en la docencia por el amor que sentías por el saber. Habías incluso renunciado a tener tus propios hijos por el amor hacia aquellos pequeños alocados que profanaban el silencio de tu templo.
            Quiero que sepas, querido maestro, que estás en mi memoria y lo estarás siempre; pero no, no creas que eres solamente un recuerdo hermoso: eres la persona que más huella ha dejado en mi vida, para bien. Hasta me atrevo a decir que mis pocas cualidades fueron modeladas por ti, una a una, días tras día, con el cincel de tus palabras certeras y tus actitudes amorosas.
            Te entrego hoy, en este Día del Maestro, el testimonio de mi respeto, de mi amor filial y de mi eterna gratitud. Gracias, amado maestro, por haber planificado mi vida con tu ejemplo.

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SEGUNDO LUGAR
Eduardo Arias Ávila
Seudónimo: Alejandro Úbeda
Título: Carta de un hombre sentenciado a muerte
Residencia: Celaya, Guanajuato.


Querido hijo:
Al apreciar la mirada álgida y febril de aquellos sentenciados a muerte como yo, puedo decirte hijo mío, que pude ver de manera más clara la verdadera naturaleza del ser humano, por supuesto, inherente al sufrimiento que dicha naturaleza conlleva. Al filo de la oscuridad, sumergido en un tormento envolvente, quiero decirte, sangre de mi sangre, con el máximo dolor que puede embargar a cualquier alma, por favor, no sigas mis pasos. Hoy te pido suplicante, hijo mío, fruto de un amor incondicional, que atesores cada palabra de este, mi único legado.
Nunca traiciones a tu naturaleza para ceder a las peticiones absurdas de otros, pues la naturaleza es algo intrínseco, los placeres se vuelven vanos cuando no están acompañados de integridad.
No te ilusiones con promesas que nunca te hicieron, pues por ende, estas jamás se van a cumplir.
No claudiques ante los problemas que interfieren en el camino a tu meta, el sufrimiento es transitorio, solo aquellos que carecen de carácter se quedan estancados en él.
Nunca obedezcas sin cuestionar, fórmate un criterio propio y utilízalo como base para elegir tu proceder.
No tomes objetos, ideas o méritos que no te pertenecen.
Haz lo que desees, siempre y cuando no provoques un daño colateral.
No seas prisionero de tu ego, la humildad es la virtud de los hombres ejemplares.
Y sobre todo, hijo mío, no te prives de amar únicamente porque alguien te decepciono, permite que el tiempo pula tus sentimientos, pero no que los afile, sin amor no hay dicha.
Las manecillas del reloj se sobreponen, anunciando el inminente y terrible final. Me despido de ti hijo, perdón por no haber estado en tus momentos de mayor necesidad, no bastarían tres vidas para expresar el orgullo que siento por ti, me voy con el consuelo de que un día serás mejor hombre de lo que yo fui.
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TERCER LUGAR
José Martín Palma Paz
Seudónimo: Martín con acento
Título: Carta a Latinoamérica
Residencia: Celaya, Guanajuato

Estoy seguro de que tú me conoces muy bien, pues, todo lo que soy es gracias a ti. Puede que sólo te consideres un pedazo de tierra, como los muchos que hay en el planeta, pensarás. Debes saber que no eres sólo eso. Y es que eres mucho más.
Eres una larga historia, eres y fuiste los Incas, los Mayas y los Aztecas con todo el desarrollo que lograron crear durante un largo periodo. Eres y fuiste ese largo tiempo en que vivieron las culturas prehispánicas, lleno de abundancia, desarrollo y tecnología. Eres y fuiste los avances que los colonizadores encontraron al llegar y que los asombraron durante el inicio de ese periodo tan triste en tu historia. Eres y fuiste todo lo destruido por los colonizadores, todo lo derrumbado, todo lo sometido, todo lo saqueado. Eres y fuiste todos los hombres y mujeres de gran corazón que sin saberlo entregaron sus más preciadas almas al yugo colonizador, que renunciaron a su modo de vida, que aprendieron a manejar un idioma desconocido pero igual de hermoso que cada una de las múltiples lenguas que hablaron. Eres y fuiste todos esos hombres y mujeres valientes que se levantaron cuando sintieron que la opresión era suficiente, eres y fuiste Miguel Hidalgo y Costilla, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín. Eres y fuiste ese pueblo que levantó una América saqueada. Eres y fuiste.
Eres Buenos Aires, Santiago, Lima, Montevideo, Ciudad de México y todas aquellas ciudades que han demostrado ese desarrollo que el mundo entero te suele negar. Eres, también, aquellas ciudades que han comenzado el desarrollo y también las que no lo han comenzado.
Eres todos los habitantes de cada uno de tus países, eres todos los animales, todas las plantas, todas las montañas, todas las costas, todo lo verde, todo lo azul, todo lo vivo.
Serás… serás mucho más.
Te escribe, un Latinoamericano.


Categoría: AFORISMO
PRIMER LUGAR
Eduardo Arias Ávila
Seudónimo: Alejandro Úbeda
Título: Sin título
Residencia: Celaya, Guanajuato

Cuando el hombre profundiza en la virtud que conlleva el eclecticismo,
descubre que no existen jerarquías entre seres humanos, ni de ideas, ni de obras.

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SEGUNDO LUGAR
Fernanda González Zúñiga
Seudónimo: Anne
Título: La felicidad
Residencia: Celaya, Guanajuato.

Sonríele a la tristeza, para que veas como nunca regresa.

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TERCER LUGAR
Omar Méndez Jaramillo
Seudónimo: J. O. Mar
Título: Cuestiones del amor
Residencia: Celaya, Guanajuato

Afortunado el hombre que tiene la capacidad de amar,
desdichado aquel que nunca llega a amarse.



Categoría: TWITTERATURA
PRIMER LUGAR
Rosa María del Blanco
Residencia: Madrid, España.



SEGUNDO LUGAR
Alberto Horcasitas Nava
Residencia: Puebla, Puebla.




TERCER LUGAR
Aline Alexandra Gaytán
Residencia: Campeche, Campeche.



¡GRACIAS POR PARTICIPAR!



Celaya, Gto. 13 de octubre de 2016.
*Los textos ganadores del primer lugar fueron publicados en El Sol del Bajío, el domingo 23 de octubre de 2016.


NOSTALGIA, POESÍA DEL DIEZMO DE PALABRAS

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