domingo, 5 de abril de 2015

LOS COMBATES DE CELAYA

El Sol del Bajío, Celaya, Gto.


En el marco histórico de los terribles acontecimientos que sucedieron en Celaya hace 100 años, entre Villa y Obregón, el Diezmo de Palabras ofrece a nuestros amables lectores el fragmento de un texto preparado por el Cronista de Celaya, Herminio Martínez, donde se puede sentir el fragor de la batalla, el arrojo de los participantes, el valor y la inteligencia para dirigir uno de los episodios definitivos para la revolución mexicana...

LOS COMBATES DE CELAYA
Del 6 al 15 de abril de 1915

¿QUÉ FUERON? ¿CUÁNDO OCURRIERON?
¿POR QUÉ A ÁLVARO OBREGÓN SE LE LLAMÓ
“EL MANCO DE CELAYA” Y NO “EL MANCO DE LEÓN?”

LOS TRENES

A  Celaya  bajaron los guerreros,
los guerreros bajaron a Celaya,
traían en la memoria la batalla
de un México social sin agujeros.

Los llanos fulguraban de luceros
paridos por la luz de la metralla.
Cuántos hombres sembrados en la raya
hecha surco al fulgor de los aceros.

Cuántos trenes llorando en la llanura,
cuántas madres metidas en la pena
y cuánta juventud en la espesura.

Largas noches de lágrimas y arena,
pero después de aquella noche oscura,
ya no muerde la patria su cadena.

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LOS GENERALES

Los dos a ti llegaron con el día,
los dos a ti llegaron con su orquesta
de cañones y balas: una fiesta,
aquel México pobre en su alegría.

De repente la tarde se hizo fría,
abril se había sentado en la floresta
a ver pasar el rumbo de la apuesta
que echó con la llanura y la armonía.

Obregón como fiera desatada
y Villa igual, en su amplitud dispersos,
sembraron en tu suelo la jornada

más difícil, cual yunta de universos,
y se quedó la noche perforada
llorando sobre ti mundos y versos.

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SÍNTESIS

Así se le llama a una serie de decisivos encuentros militares de nuestra Revolución, entre los ejércitos de los generales Francisco Villa y Álvaro Obregón (Convencionistas y Constitucionalistas), ocurridos en los alrededores de la ciudad de Celaya, que para aquel entonces tenía la fabulosa cantidad de 12,000 habitantes. Previamente, Obregón había concentrado sus huestes en Querétaro y Francisco Villa en Irapuato.
La primera fase de la batalla se dio en los días 6 y  7 de abril, un tanto cuanto favorable a los villistas, pero Obregón supo defenderse y resistió estoicamente las bravas  arremetidas de aquellos hombres a quienes la fama ya había dado el nombre de “Dorados”.
La fase final comenzó el 13 de abril. Obregón supo aprovechar las debilidades del villismo en cuanto a estrategia militar se refiere, haciéndose de la victoria total el día 15 de abril, cuando el Centauro se vio en la necesidad de replegarse hacia León, cargando su derrota.
 Después de esta batalla, hubo otras entre los mismos bandos en Trinidad, León, Santa Ana del Conde y Aguascalientes, pero Villa ya no volvería jamás a ser el mismo.
Fue en la batalla de León donde Obregón, quien llegó a ser Presidente de México entre 1920 y 1924, perdió uno de sus brazos, razón por la cual se le conoce como el “Manco de Celaya”, no porque el brazo lo haya perdido en la Puerta de Oro del Bajío, sino porque el nombre de los Combates de Celaya comprendía un territorio que iba desde Querétaro hasta la ciudad de León.



LA PRIMERA BATALLA

Una carabina de once
en Celaya se lució,
la acompañó el treinta-treinta,
la metralla y el cañón.
Pistolas cuarenta y cinco,
pistolas cuarenta y cuatro,
pistolas cuarenta y uno
treinta y cinco y treinta y dos,
¡cantaron recio en Celaya
contra el malvado Obregón!

(Viejo trovador de la comunidad de San Elías, Mpio. de Celaya)


Aquel 5 de abril de 1915, Francisco Villa pasaba revista a sus joviales tropas en la ciudad de Salamanca, porque al día siguiente tomaría la decisión de acabar de una vez por todas con Álvaro Obregón, al que él llamaba “El Perfumado”.
De este modo, inició su avance con tres columnas: al norte la caballería, al mando de Agustín Estrada; al centro la infantería, constituidas por las brigadas de José Herón González, Dionisio Triana, San Román y la brigada Bracamontes; al sur puso otra de caballería, al mando del general Abel B. Serrato; y  en la retaguardia puso la artillería. El día seis se trabó un combate: Villa chocó contra el carrancista Fortunato Maycotte, precisamente en El Guaje, hoy Villagrán, Gto. Al saberlo Obregón, de inmediato envió refuerzos, primero con el general Manuel Laveaga y 1,500 hombres. Posteriormente él mismo arribó al Guaje, únicamente para ser testigo de la derrota de su gente. Hubo 800 muertos federales,  heridos y un desánimo total. No obstante, él y el general Maycotte lograron organizar ordenadamente su retirada hacia Celaya, perseguidos ferozmente por los ejércitos de Villa y todos sus aguerridos generales.
Sin embargo, en Celaya, Pancho Villa cometió un error al no modificar sus tácticas de ataque ni esperar la llegada de la artillería. Obregón le había ordenado a Benjamín Hill que dispusiera toda la gente e inspeccionara bien el terreno, por lo que, súbitamente, Villa se encontró frente a un muro de fuego. El choque fue durísimo. Al caer la noche sonaron los últimos balazos de un combate que, a todas luces, habían perdido los villistas, a quienes no les quedó más remedio que recular hacia su posición de origen, jurando ferozmente regresar al día siguiente.
Entonces, el general Obregón ordenó que vinieran a apoyarlo hasta Celaya Alfredo Elizondo, Alejo González y Porfirio González, y a las primeras horas del día 7 de abril, la suerte pareció estar de su lado. Villa reinició el ataque, el cual poco a poco fue aumentando entre explosiones y cargas de caballería, dejando sobre el campo miles de cadáveres. Ahora sí la artillería villista, dirigida por los generales José María Jurado y José Saavedra, abatió Celaya. Lo mismo la caballería, al mando del coronel Pedro González. A las nueve de la mañana los carrancistas entraron en crisis, al ver que a los batallones 5, 9, 17 y 22 se les habían terminado ya las municiones. Obregón le ordenó al general Cesáreo Castro que le mandara tropas para cerrar la brecha y así llegó a auxiliarlo  Jesús Novoa con toda su brigada. Pero no bastaba. Villa se enardecía, echando denuestos contra Obregón y todos los seguidores de Carranza. Es en estos momentos en que el genio de Obregón se ve precisado a trabajar psicológicamente al ordenarle a un joven corneta, del 9º Batallón, tocar “diana”, lo que creó confusión en las tropas de Francisco Villa, quien ordenó un ataque general, pero nuevamente sus guerreros fueron contenidos. Había mucho desgaste moral y físico. Dieron más de cuarenta cargas de caballería y en todas fueron rechazados. Los constitucionalistas pasaban ahora a la ofensiva. La gran caballería, al mando de los generales Cesáreo Castro, Maycotte, González y Novoa, actuó llevando a cabo un doble envolvimiento de victoria. El general González atacó por el norte, llegando hasta donde estaban los ferrocarriles del villismo, que comenzaban a huir. Los canales de riego fueron pieza clave para que este día 7 de abril los villistas huyeran derrotados, deteniéndose, al caer la tarde, en la estación de Crespo y en el Guaje.
Las bajas fueron, por los constitucionalistas: 4 jefes, 27 oficiales y 527 de tropa muertos; heridos fueron 5 jefes, 20 oficiales y 340 de tropa.
Por los villistas: 1,800 muertos, entre ellos los generales Agustín Estrada y Francisco Natera; 3,000 heridos y 500 prisioneros, así como gran cantidad de material de guerra y ganado. Estos marcharon hacia Salamanca para reorganizarse, recibir refuerzos y curarse las heridas, pero sobre todo a preparar su nueva operación.


LA SEGUNDA BATALLA

Para estas alturas, las fuerzas de Álvaro Obregón habían sido convenientemente reforzadas por la primera División de Oriente con tres regimientos de caballería, un batallón de infantería y una sección de ametralladoras; dos fracciones de la Brigada Gavira; fracciones de la Brigada de Novoa; dos batallones “Rojos” de obreros más la Brigada completa del general Joaquín Amaro y sus “rayados”, quienes anteriormente habían sido también villistas. Con estos elementos, el efectivo del Ejército de Operaciones subió a 15,000 hombres, de los que 8,000 eran de caballería, con trece piezas de artillería y más de 100 ametralladoras. Finalmente, el día 12 arribó un convoy de municiones al mando del general Antonio Norzagaray.
Por su parte, Francisco Villa también se reforzó: se le sumaron las brigadas de los generales José I. Prieto, José Ruiz y César Moya; más tropas de infantería y artillería, provenientes del estado de Jalisco, al mando de Francisco Carrera Torres y Pánfilo Natera, así como importantes remesas de municiones que desde Ciudad Juárez le envió su hermano el general Hipólito Villa.
 El día 13 arrancó este otro combate. Villa avanzaba en dos grupos, uno al norte y otro al sur de la vía férrea; la infantería desembarcó en la estación de Crespo, a ocho Kilómetros de la ciudad y la artillería marchó a la retaguardia. Obregón tomó otra vez la defensiva, manteniendo una gran reserva. La batalla inició en la tarde, con un ligero tiroteo y otras acciones. Una hora después el combate se había generalizado, principalmente en el sector de la 2ª. brigada del general villista Francisco Manzo, quien mantenía su cuartel en la hacienda de San Juanico. Los constitucionalistas abrieron fuego, Villa contestó. Poco después se combatía en todo el frente. La táctica seguida por la División del Norte era la misma: furiosos ataques frontales, violentas cargas de caballería que se estrellaban ante el fuego de la infantería constitucionalista y tantas zanjas abiertas para el riego. Así ocurrió el 13 y el 14, igual, fue una repetición: las caballerías buscaban el lugar vulnerable que permitiera la ruptura. Obregón sabía que a ese ritmo, las tropas del Centauro no durarían mucho tiempo en pie, se preparó, pidió más municiones, le escribió a Carranza.
 En la madrugada del día 15 consultó con sus comandantes sobre el estado de sus tropas,  a fin de poder iniciar un ataque a las primeras horas. La respuesta fue optimista. El agrupamiento de la caballería obregonista quedó formado, del lado norte, por el general Cesáreo Castro, aunque tomó el mando el general Fortunato Maycotte, debido a una enfermedad del general Cesáreo, más la caballería del general Dionisio Triana. El del sector sur quedó constituido por las Brigadas de Joaquín Amaro, Antúnez, más las brigadas de caballería Jaimes y Gavira. Así, los constitucionalistas pasaron a la ofensiva, por lo que Villa fue sacado de balance. El propio Obregón marchaba al centro de sus fuerzas. De inmediato la batalla se hizo general: Los villistas, desconcertados, se defendieron, sin evitar ser  rechazados de la estación de Crespo hasta la hacienda de las Trojes, por el norte. Porque por el centro, las tropas constitucionalistas los habían hecho retroceder más rápidamente, quedando tan sólo aislado el núcleo de las Trojes, que posiblemente por falta de información se aferraba a su posición perdida.

Para el medio día la batalla estaba decidida a favor de Álvaro Obregón. Al caer la noche, los últimos villistas que luchaban en Trojes, fueron atacados, huyendo hacia Juan Martín y Jofre, por cuyas acequias y campos labrantíos iban arrojando sus “cueras” y armamento.

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