domingo, 2 de julio de 2017

SOMBRAS, REFLEJOS Y CONTRALUZ

Encallada a contraluz, fotografía de Soco Uribe

SOMBRAS, REFLEJOS Y CONTRALUZ
-Relatos visuales de Soco Uribe-

La fotografía es un arte. El fotógrafo es el artista. La literatura es también un arte, el escritor toma fotografías del alma y las transforma en poesía o en prosa. Soco Uribe tiene la virtud de mostrar sin explicar, en fotografía o narrativa, la visión de una mujer con una enorme capacidad de asombro ante la vida. No sólo por la experiencia que le dan sus viajes con una mochila al hombro, sino por ese bagaje cultural que la ha llevado a escribir vivencias e historias donde lo fantástico se funde con la realidad. De Soco se aprende a ver el mundo desde la perspectiva de una lente profesional, llena de intuición. Cada sombra, cada reflejo, se vuelve una narración donde el observador y el lector convergen en el mundo interno de la artista. Su mirada “aterriza en un espejo de agua” y la pupila del obturador eterniza la universalidad arquitectónica de cualquier objeto invertido. El arte natural deviene en arte creado por la fecundidad de ideas; de capturar lo efímero, momentos “fragmentados”. El silencio es la respuesta más inteligente ante lo sorprendente.  Entonces, calladamente, les dejo esta invitación a disfrutar el arte de Soco Uribe, hoy domingo 2 de julio, en el Kiosko de la Alameda. “Se oscurece el panorama. En ese instante, se enciende la luz artificial, tan artificial como sus colores”. Vale.
Julio Edgar Méndez


Sombras de la infancia, fotografía de Soco Uribe

SOMBRAS DE LA INFANCIA
Soco Uribe

Estas sombras, descubiertas con los primeros rayos del sol, nos permitieron jugar.
El astro rey nos abrazó por la espalda y nos empujo a la diversión.
¡Volvimos a ser niños!
En nuestro interior, nos dejamos llevar por la simplicidad de la vida y libramos una gran batalla contra la complejidad. Brotó la inocencia.
Nos olvidamos del qué dirán y jugueteamos con nuestra sombra.
Para ver el efecto de tal hecho, la expusimos a la luz por unos momentos.
En ella, redescubrimos nuestra ya olvidada ingenuidad.
De pronto, apareció nuestro ser interno para mostrarnos de dónde procedemos.
Nos alegramos al reconocernos como parte de Él. 
Continuamos jugando hasta el ocaso.
Nos perdimos en el tiempo o él se perdió en nosotros.
Bien sabemos que es inestable por naturaleza.
Deja de existir cuando somos felices.


Obra maestra, fotografía de Soco Uribe

OBRA MAESTRA
Soco Uribe

Con esmero, el clavadista se prepara para su salto. Sube a la parte alta de la cascada. Respira. Se flexiona y vuelve a tomar una respiración profunda.
Con la majestuosidad de un ave, se lanza al abismo.
Pareciera deslizarse sobre la cortina de espuma blanca.
Lo hace con gran maestría.
Todos lo vemos pero nadie lo aclama.
Es el atardecer. Puedo adivinarlo. Su sombra nos marca la hora del salto.
A nadie le importa su actuación, la dan por hecho. 
Me regocijo de tanta perfección y aplaudo ante la mirada atónita de los paseantes del elegante centro comercial. Éstos sólo ven los aparadores.
Mientras yo, agradecida con el escultor, admiro su obra maestra.


Malas costumbres, fotografía de Soco Uribe

MALAS COSTUMBRES
Soco Uribe

–¿Porqué te vas por este camino siempre? –me pregunté al salir de casa.
–Es el que siempre he tomado desde que vivimos aquí. -Me respondí.
–Pero hay otros diferentes.
–¡Sí, pero pueden ser inadecuados!
–¿Cómo lo sabes?
–Eso dice la gente.
–¿No te gustaría probar otros lugares e Ir a un restaurante diferente, por ejemplo?
–Pues sí. ¿Pero qué tal si la cocina es pésima?
–¿Y, si fuese deliciosa?
–No lo sé, tal vez tienes razón.
– Por cierto, ¿irás de vacaciones al mismo lugar de siempre?
–Sí, claro. Es una costumbre familiar.
–¿Qué te pasa?, lo has hecho por cincuenta años.
–Pues sí, pero...
–¿No te gustaría haber disfrutado de cincuenta lugares en tus vacaciones y no en un lugar cincuenta veces?
–¡Creo que sí!
–Entonces, vuelve a casa y, sin más ni más, libérate de esas malas costumbres que limitan tu vida.


Mensajero, fotografía de Soco Uribe

MENSAJERO
Soco Uribe

Deambulo por los aires presuroso hacia el cielo. En la punta del cordel del que me sostenían llevo atada una carta que ondea a merced del viento. Con dificultad, puedo leer el mensaje por partes. Es de una niña llamada Susi. Ha de ser pequeña, pues apenas es legible su letra.  Las ráfagas de viento soplan cada vez más fuerte. De pronto, no entiendo el porqué comienzo a descender lentamente. Por fortuna, no quedo atorado entre las ramas de un árbol. Aterrizo en un espejo de agua. Me reflejo en él y me doy cuenta de mi aspecto redondo y mi color rosado. Se extiende la hoja de papel en el agua. Logro ver que va dirigida a Dios. Susi le pide que le devuelva a su mamá. Ese es su deseo desde hace dos años. Mañana será Navidad de nuevo.


Águila real, fotografía de Soco Uribe

ÁGUILA REAL
Soco Uribe

Cierto día, caminaba por la antes llamada Ciudad de los Palacios, cuando de pronto, me pareció ver reflejada en uno de sus edificios, la más importante insignia mexicana… el águila real. En la antigüedad, le fue considerada símbolo solar de nuestros pueblos indígenas; encarnación del bien en la lucha contra el mal y; anhelo de libertad. Cual cascada, vinieron a mi mente algunas de sus peculiares características de fuerza, audacia, altivez. De filosas garras, de potente y aguda mirada. La gracia para elevarse hacia el infinito y desde ahí observar a todo nuestro México.
No obstante, la noté diferente a pesar de ver sólo su cabeza y le pregunté:
–¿Acaso tienes el valor de mirarte en ese espejo hecho pedazos por la vileza del cirujano del consumismo malinchista?, a tal grado de desconocer tu propio rostro. -Y, agregué. –¿Serías capaz de restaurar tu imagen rota?
Sólo tú podrías inyectarle vida a esta Ciudad de los Palacios a la que los mismos mexicanos hemos sido cómplices de su deterioro haciéndola a un lado para, en su lugar, erigir ciudades anexas sin esencia, sin distintivos propios, sin pasado. Hartas de concreto armado y de espejos que muestran sólo reflejos de poluta decadencia.
Una vez más, el águila volteó, miró su rostro en el espejo  y, como por arte de magia, se desmoronó convirtiéndose en polvo de sílice, que el viento del pasado esparció por todo el Valle del Anáhuac, hasta transformarlo de nuevo en espejo de agua limpia y cristalina, como en antaño.
Por último, con orgullo y altivez, el águila se posó en el nopal, dando muerte al presente.

Amanecer, fotografía de Soco Uribe

AMANECER
Soco Uribe

Los primeros rayos del sol apenas iluminan la cúpula del edificio morisco en Celaya. Las aves se regocijan después de una noche lluviosa y aparecen con júbilo en el panorama. La vida tiene un nuevo inicio con cada amanecer.
El mercado Morelos no está exento de ello. Día con día se muestra diferente por dentro.  La gente va y viene, como péndulo de reloj. Unos salen y venden, otros entran y compran. Algunos acarrean víveres que sirven de alimento, de adorno o simplemente de artículos para adorar a Dios.
La precisión de la maquinaria de su reloj, cansada de hacer pesas por más de cien años, sigue intacta.
Esta obra arquitectónica se refleja aún de pie sobre una carpeta de agua, sin aceptar el cansancio, ni darse por vencida ante la encarnizada lucha que confronta con el cotidiano embate de los mercados modernos.

Nueva Francia, fotografía de Soco Uribe

NUEVA FRANCIA
Soco Uribe

Camino por el campo tratando de encontrar entre los pueblos aborígenes a algún inuit, hurón o mohawk para que me platique un poco acerca del pasado de su pueblo de kebek, llamado así debido al estrechamiento del río San Lorenzo.
Diviso a lo lejos una colina.  Trepo por ella y alcanzo la cima.
De pronto, el panorama cambia rotundamente. Ahora me veo caminando por las calles de una ciudad donde descubro el reflejo de un parlamento donde, de la familia amerindia, sólo queda una estatua representándolos. Sin embargo, la edificación se yergue como un centinela gigante que custodia la ciudad amurallada. Continúo el rastreo de mis antepasados sobre el agua y lo único que encuentro son espacios fragmentados. Un rompecabezas que no me definen su historia.

Junípero, fotografía de Soco Uribe

JUNÍPERO
Soco Uribe

Árbol recio, de fibroso tronco.
La tersa corteza que te envuelve, define tu alma.
Tu espesa copa da cobijo y sombra al humilde.
Ante el embate de vendavales, tus ramas se doblan, crujen pero no se quiebran.
Las esferas de tus azulosos frutos son bálsamo aromático para aliviar dolencias.
A diferencia tuya, pero con características similares, éste Junípero-hombre, misionero incansable, recorrió a pie senderos indomables en los que otros, anteriores a él, fracasaron.
La luz que emitía su Ser interno fue la única brújula que lo dirigió. Amó a los pames y ellos lo amaron. Juntos, labraron la sedienta tierra, transformándola en vergel. Montó talleres, les enseñó artes para sensibilizar, aún más, sus corazones.
Tras ocho años de bondades mutuas y compartidas, emigró a otras tierras y al despedirse les dijo:
“Llegué sin nada, me voy sin nada, pero les dejo un gran tesoro… la fe”
Y así, como el agua de lluvia da vida a un junípero, así partió hacia el norte el fraile Junípero de Serra, con su hábito humedecido por las lágrimas de gratitud de aquellos seres humanos con los que se topó. Estas demostraciones de amor, le otorgaron vida nueva para seguir su pesado camino evangelizador en otras tierras.                          


Tiempo de espera, fotografía de Soco Uribe

TIEMPO DE ESPERA
Soco Uribe

Camino envuelta por el estruendoso rugir del agua que cae en vertical sobre el lecho del río. Te busco a través de la húmeda y espesa brisa. Sigo atenta a nuestro encuentro. De pronto, el sol se apaga. Se oscurece el panorama. En ese instante, se enciende la luz artificial, tan artificial como sus colores. Cegadora para unos y excitante para otros. El juego de luces comienza y se escuchan gritos de júbilo entremezclados con los de asombro. Termina la función. Se hace el silencio. A contraluz, divisé tu figura.  Siento alivio al encontrarte. Me di cuenta que el tiempo es relativo. Me perdí en él, al quedarme sólo unos cuantos minutos más  dentro de la hidroeléctrica, en el laboratorio de Telsa, platicando con él de sus múltiples inventos. Absorta por su genialidad, el tiempo se detuvo en mi reloj.
Pero al verte y abrazarte de nuevo descubrí que habían transcurrido varios años de tiempo terrestre. Que tu espera había sido larga.


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*Soco Uribe es Ingeniera Geóloga y traductora de textos técnicos y correctora de estilo. Obtuvo el Primer lugar estatal en literatura, Juegos Nacionales Culturales de los Trabajadores "Ricardo Flores Magón" 2000. Grabó 10 melodías escritas por ella en un CD llamado: Con todos mis sentidos, 2004. Autora del libro Desde lo Profundo, 2005. Colaboró en el Agendiario, Mujer Olfato, 2007; en las revistas La pluma del ganso; Voces Interiores y en el periódico Noreste de Poza Rica, Ver.,  por más de un año. Orgullosa coautora en cinco publicaciones de las antologías Narrativa en Miscelánea -Cuentos y Relatos- editadas consecutivamente por la UNAM (su alma mater), durante los años de 2007, 2008, 2009 y 2010. Y la del 2011 editada por la Unión Latinoamericana de Escritores. Publica ocasionalmente en Diezmo de Palabras de El Sol del Bajío (2016). Finalista de microrrelato en concurso Diversidad Literaria (España, 2016. Es parte del taller literario Diezmo de Palabras.


**Todas las fotografías son originales de Soco Uribe. Derechos reservados.

***Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

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