domingo, 31 de julio de 2016

ALEGORÍA DE LA CAVERNA


ALEGORÍA DE LA CAVERNA

“Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas”.
Platón, Alegoría de la caverna, República VII.


Imagina, dijo Platón, una especia de cavernosa vivienda. Y entonces comenzamos a escribir.
Cada miércoles nos reunimos los compañeros del Diezmo de Palabras a compartir textos y comentarlos. En ocasiones hacemos ejercicios como el que nos propuso nuestra colega Rosaura Tamayo, quien además de escribir maravillosas historias cargadas de emoción, es también una artista muy completa que privilegia la acuarela, pero igual utiliza otros medios para mostrarnos su visión del mundo. Este ejercicio propuesto por ella es muy sencillo. Imagina una caverna. Tienes diez minutos para escribir lo que ves y sientes. Adelante, estimado lector, tú también puedes hacerlo. Te invitamos a leer lo que en el taller escribimos. Que te diviertas. Vale.
Julio Edgar Méndez

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FESTÍN DE AMIGOS
Rosaura Tamayo

El topo siente la lluvia y las hojas sobre las hierbas por todos lados, no encuentra su cueva. La ardilla lo mira desde el árbol y trata de subirlo para que no quede nadando entre tanta agua. Por fin llegan a una rama no muy gruesa que ya está ocupada por un par de pajaritos y una paloma que sacuden sus alitas y les dejan espacio para que suban. El topo les dice preocupado que no encuentra su refugio.
Todos desde el árbol tratan de buscar la cueva sin ningún resultado. Y con el peso de los cuatro la rama se mueve de un lado a otro. La lluvia ha aminorado su fuerza, el topo comienza a silbar y brincar. La ardilla le sigue con un baile con su simpática cola mojada. La paloma canta y el par de pajarillos se dan un beso. No atinan a llegar a la cueva, pero se encontraron nuevos amigos.

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LA CUEVA
Javier Mendoza

Un estruendo derrumbó las rocas, obstaculizando la entrada.  Al asentarse el polvo, el miedo y las tinieblas lo invadieron todo.  La reacción de los exploradores fue entendible.  Entre la gente nativa de aquella recóndita región se decía que en el fondo, aparentemente inalcanzable, se encontraba lo que cada quien buscaba o merecía: un tesoro, oro incrustado o la fuente de la vida; creaturas monstruosas, maldiciones temibles o la muerte.  Quizás sólo se trataba de un simple refugio. 
Los miembros de la expedición vacilaron en dar un paso más entre lo desconocido.  Pero, sin opción a la marcha atrás, siguieron adelante.  Al final cada cual encontraría su destino o simplemente el inicio de la cueva.   

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MARATÓN MATUTINO
Jessica Escobedo Méndez

Me levanté temprano para ir a correr. El cielo aún no aclaraba y el viento, un tanto fresco, acariciaba mi rostro de forma casi cariñosa. Cuando llegué al parque me di cuenta de que estaba abarrotado de gente. “Estúpidos propósitos de año nuevo -pensé-, ya me gustaría verlos así de entusiasta a mediados de julio”. Total, hice mi primer coraje del día y me largué a correr a otro lado. Caminé durante unos veinte minutos sin rumbo fijo y llegué a un baldío que me dio la impresión de estar completamente abandonado.
—Si ya decía yo que Diosito me tenía que ayudar, pues si para eso me levanté bien tempranito. Y sin más, me dispuse a correr.
Conforme avanzaba, me encontré con una pendiente que se inclinaba cada vez con más fuerza y terminaba desembocando en una cueva.
—Bueno, un mal menor. Y me aventuré a penetrar en su interior, nada iba impedir que finalizara mi maratón matutino.
Más tarde, cuando llegué a casa y mi esposa me vio, me preguntó con un hilo de voz:
—Justo… ¿Dónde has estado?
—Fui a correr
—¿¡Diez años?!  -Me gritó enfurecida y entre sollozos-.

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LA CUEVA
Lalo Vázquez G.

Me puse mi traje de Batman y salí corriendo a la cueva, mejor conocida como la baticueva. Es allí donde guardo el batimovil, la batibicicleta, el batihelicoptero y muchas otras cosas más. Es un lugar hermoso lleno de murciélagos. Tiene aparatos con la más alta tecnología. Tengo que decirles que no desaproveché ni un hoyito de las paredes, todo funciona a base de botones. Incluso hay piedras que abren y cierran para que pueda entrar o salir. La iluminación es sensacional. Al encenderla parece un poema. Al llegar hasta ese bello lugar ya me esperaban inquietos mi fiel amigo Robin -un chico muy fiel pero muy estúpido- y mi mayordomo de toda la vida, Alfred, compañero de siempre. Rápidamente tomé mi lugar en el batimovil y nos fuimos por los batitacos pues los tres nos estábamos muriendo de hambre.

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LA CUEVA DE GUADALUPE
Vero Salazar G.

Fue un doce de diciembre cuando la descubrieron, por eso la festejan ese día. Le
dibujaron una virgen a la entrada para que fuera doble el festejo.
La boca del cerro de Guadalupe es una gran cueva. Chica en su entrada, se va
haciendo grande conforme se va avanzando. La garganta  es un paso angosto
que lleva a lo profundo. Por miedo nunca quise seguir a ver como estaba hasta el
fondo, dicen que no tiene fin. Imaginé siempre que esa cueva me tragaría y en lo
profundo de sus entrañas de piedra me iba a morir.


LAS CUEVAS DE DON ANTONIO
Soco Uribe

Nacieron distintas. Compuestas de diferente material rocoso acarreado de un sinnúmero de lugares. Tanto de variados minerales suaves, como de material de dureza extrema.  Dispares en todo; sin embargo, con la misma herencia itinerante de sus hacedores.
Sus enigmáticas e ilimitadas profundidades sugieren adentrarse en su interior, para conocerlas de extremo a extremo y percibir su encanto… único en su género. 
Poseen una gran fortaleza y a pesar de que fueron expuestas a pruebas extremas de erosión, corrientes de agua, de hielo y desastrosos procesos geológicos a lo largo de su vida, aún se mantienen hermosas.
Mi alma se regocija con su divinidad. Al observarlas, evoco la fortaleza de aquellas gigantescas cuevas donde el hombre primitivo se refugió para resguardarse de todo mal e iniciar su tránsito nómada por la superficie del planeta.
Así es como mi Ser se resguarda en el suyo para continuar  mi camino. Bendigo al cielo por cubrirlas de estrellas por las noches. Y de un manto de luz azul durante el día.
Son mis hermosas hijas… Las Cuevas de Don Antonio.

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EGO
Julio Edgar Méndez

En el vientre abandonado de la penumbra rocosa, encuentro el recuerdo fugaz de mi pasado.
De la bóveda insondable se desprenden retazos alados que buscan -sin ver- y encuentran lo que no esperaban.  No tocan el presente que soy ni el futuro que no he de alcanzar.
Hacia el fondo, me muevo siempre hacia el fondo.
Es mentira que al final se ve una luz, yo solo veo el interior de mi mente. El pequeño universo cambiante según abra o cierre los párpados. Cortinas incansables del alma.
Ahí, al fin, tal vez encuentre respuestas. La solución al enigma mayor:
Quién soy y qué hago aquí.

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VOUYERISMO
Diana Alejandra Aboytes Martínez

Los dos lo sintieron en el mismo instante. Química innegable. Las manos caminaban. El deseo se transformó de inmediato en pasión.
Los acogió el sofá, el dormitorio quedaba demasiado lejos. Las caricias y las bocas les envolvían. Resbalaron sus cuerpos el uno hacia el otro, naciendo de la misma tierra, teniendo un mismo origen. El tiempo se quedó suspendido en ese instante…
Mientras tanto, yo sólo observaba desde la cueva de mis ojos.

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INCERTIDUMBRE
Martín Campa

Eso de buscar tesoros en cuevas alejadas, no es buen negocio. Bueno, no al menos para mí. El compadre Timoteo me dijo que rumbo a la Congregación de Canoas había una cueva embrujada, llena de centenarios y objetos valiosos. Pero que tuviera cuidado pues estaba muy difícil llegar al mentado lugar. Y que, conforme avanza uno, la oscuridad se te mete hasta por los poros de la piel y falta el aire. Ahora que estoy aquí, en el mencionado sitio, la angustia me rasga el corazón, y mientras voy bajando por este túnel húmedo y ya casi sin oxígeno, la vista se me ha nublado, y algo me jala hacia lo incierto. ¡Ah, qué mi compadre Timoteo!, se le olvidó mencionar que a esta cueva jamás le han hallado el fondo. ¿Quién sabe si podrán encontrarme a mí...?

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LA CUEVA DEL LAGO
María Guadalupe Rivera Núñez

Aquí en la región del Bajío Mexicano es reconocido el Cerro de Culiacán, no sólo por su belleza natural sino por las diferentes historias y leyendas que existen alrededor de él. Algunas de ellas hablan de las cuevas que hay en su interior. Pero hoy me referiré sólo a la llamada Cueva del Lago. Esta cueva posee en su interior una especie de cenote que según la tradición de los pobladores del lugar está conectado por medio de un río subterráneo con la alberca de Valle de Santiago (llamada así porque es un volcán apagado y el interior de su cráter está lleno de agua). Se dice que hay sobre ella una maldición. Ya que en el principio de los tiempos, era utilizada por una mujer nahual como un santuario para realizar ritos sagrados. Esta mujer al hacer su ritual se convertía en una culebra de agua.

Se cuenta que existía una doncella hija de un líder la tribu otomí  y un valiente guerrero de origen chichimeca,  comprometidos en matrimonio. Por azares del destino un día entraron a esta cueva para jurar amarse eternamente. La nahual bajo su forma de serpiente presenció aquel amor. La entrega del hombre la sedujo y quedó perdidamente enamorada de él. Tras varios intentos por conquistar al joven, sin lograrlo, juró vengarse de ellos.  Transformada en serpiente esperó a que se encontraran de nuevo en la cueva y al tenerlos frente a ella, lanzó un conjuro, se enredó en el cuerpo de aquel que nunca correspondió a sus deseos y azotó las piedras de la caverna, de donde brotó con fuerza bruta una corriente de agua que inundó la cueva arrastrando a los enamorados. Jamás se encontraron sus cuerpos. Desde entonces el alma de aquella nahual enreda su cuerpo en todo el que osa entrar en estas aguas, para asfixiarlo. Y utiliza la fuerza de la corriente del agua para absorber los cuerpos. Es por eso que a todos los que entran en esas cristalinas aguas no se les vuelve a ver jamás.

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“Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?”
Platón, Alegoría de la caverna, República VII.




*Textos publicados en El Sol del Bajío, domingo 31 de julio, Celaya, Gto.

**Si quieres saber más sobre la Alegoría de la Caverna, de Platón, puedes seguir estos enlaces:

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