domingo, 9 de agosto de 2015

OTOÑO DE LOS FUNDADORES


OTOÑO DE LOS FUNDADORES

“...no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad”
Octavio Paz, Piedra de sol

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A ZUCARILLA
Guillermina Carreño Arreguín

( I )         
A  Zucarilla la parieron con alas
piernas de cantera y pies de asfalto.
Mientras vuelo
ruidos de motores
voces en tropel
mareta de sombras
con prisa oscilante
Poreán de su cuerpo
cuentos y cantares
donde hoy envuelvo
rosas cristalinas
y pétalos frescos.

A Zucarilla le pusieron piel morena
y sus arterias campanean para contar historias
insaciables
de primaveras a inviernos
de cenites a nadires
de vértices a horizontes.
aunque soy otoño
he visto construir
puertas abiertas
templos luminarios
maestros y su oratoria
somos también nosotros.

Bajo sus techos
nos amamanta
a tientas en la oscuridad
seguro al día
bajo la lluvia.

Ha visto a Dioses blancos
quemar Águilas postergadas
y aun tiene las cenizas en sus brazos.

Zucarilla trepa andamios
Torres  y criptas
a infinita carrera
se agiganta
crece
juega en su desnudez
brinca en sus praderas
y sabe de libros
de arte
de magias y sueño
Arrulló angustias de titanes
y de tiroteos
ahora se viste de muros
de nosotros
de mí
Cuando muevo sus álamos
se agita
se esconde
la busco
en el archivo
para leerla letra a letra
número a número
trago a trago.

Zucarilla nunca madura
sólo evolucionan sus matices
llena su granero
y se surte cada día del año
por eso todo el que llega
anida
ancla su extensión
inundándola.

Zucarilla es poderosa
es la metáfora del comercio
la rodean más de mil fuegos
repartidores de oro.
Ella no tiene mar
porque eso somos nosotros
marejada en sus entrañas.

Zucarilla es etcétera nocturna
le asignaron su destino
prepara un vaso                                      
de colores
acre y dulce
se lo bebe,
gasta la noche en un cigarro
en una barricada
es noctambulia
hace nudos trasnocheros
se desvela.
Rodamos en ese llano
alfombrado de zacate
despertamos
con el olor a hierbas
atados de las manos
empiernados
aún insomnes
hacemos recuerdos
de nuestra geografía
donde no cabe el mar
no encaja el desierto. 
Sólo ese llano
poblado de duendes verdes
que enmarcan las cosechas
al ritmo de los insectos
surcado al nuevo día
y se entrega.

Rasga su enigma
al paso de las sirenas
que barullan en sus notas
el acuerdo
entre la vida o la muerte

Zucarilla se levanta
vuela a su cumbre
y desde ahí
Sostiene el péndulo
la aguja que diario hila
teje y enhebra
el sudario encallecido del sustento
nos bendice amante
porque ella es Diosa
apenas lo descubro
y se mete en cada gente
a resolver designios
mientras recoge semilleros
de sus mercados edificios.
Su cuerpo guarda lauros
que la firman Amazona
musa y soberana.
En cada calle tiene un ramal
donde regara su Náyade
los sembradíos de costumbres
sueños
hábitos 
para justificarla en el infinito
con repique de castillos
y yo pueda llamarla
verbo
rizoma
azul Bajío.

* Guillermina Carreño Arreguín, es poeta y maestra de vocación. Pionera de los talleres literarios en Celaya, compañera de letras de muchos escritores del Bajío, quienes también ya tienen amplia trayectoria. Es un honor contar con ella en este espacio y recibirla cada miércoles en el Taller Literario Diezmo de Palabras para compartir su conocimiento y sus textos. Tiene varios libros publicados.

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ADELANTO DE LA NOCHE
Esquilo Campos

Estoy delante del ruido de la noche
esperando tomar por sorpresa
el color que tiene en sus manos el día.
Quiero ser el primero y el último
que abrace sus esperanzas
para caminar por el filo de su palabra
y alcanzar la vibración del tiempo.
Quiero que con esos espacios de polvo y luz
pueda llegar a la voz de la tierra
para viajar por sus ríos y montañas,
poder llegar a los cuatro puntos cardinales
del pensamiento
y quedar suspendido en las distancias.
Cantar a coro al color rojo del cambio
para permanecer aquí , por siempre,
en esta inmensidad del edificio
de las horas.

**Bernardino Esquilo Campos es ingeniero y poeta. Miembro del Taller Literario Diezmo de Palabras desde sus inicios y actualmente participa en otros talleres donde comparte su experiencia y su amor por las letras. Ha sido publicado en diferentes antologías.

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LAS RUINAS DEL OTOÑO
Herminio Martínez (+)

Ahora soy el caballero de las llanuras desoladas;
el juglar de las cosas
que se dicen sólo para espantar el corazón;
el habitante de esta gruta
en la que confluyen todos los corredores subterráneos.

Ahora soy nada más el plato roto,
el espejo donde todos los males se concentran.
Es lo que soy ahora en que muchos me ven
ceñido a esta derrota para siempre;
pero antes, a mi palabra zumbaban los insectos
y prendía a mis señales su fogón el crepúsculo
porque en mis manos se posaba la luz
igual que una paloma desangrada,
y el lenguaje me daba ese dominio
para reconocerme hasta en las pobres bestias.
Podía tañer la cítara y embriagarme de hierbas
de aquí al último verde del verano.
Ante mí no se apagaban los paisajes,
ni se enturbiaba el agua por esta convulsión
que hoy en todo lo que nombro acumuló el espanto.

Fui el varón más asiduo a los atardeceres y los vientos,
gocé la lluvia y la mujer casi como todas las hojas de los árboles
y hoy me calcino en la verdad de no tener ningún renuevo.
Estoy esperando a que me diga el ruiseñor
por donde voy a deslizar mi frente
antes de que se oculten los últimos migrantes.
Esperaré esos patos con el día
para perderme cuando enciendan
en la altura su imagen sin recuento.
¿A qué me quedo ya?
Vi quebrarse la paz en un estruendo fulminante
y abrirse la hendidura
en la que nos perdimos cada quien con su nombre.
Voy  a buscar el agua que se bebe,
la ruta que no extinga los murmullos,
el paseo que no acabe en discursos frenéticos,
la espiga que ha de engancharse al alma
para llevársela a volar
sin residuos mortales hacia otra superficie.
En fin, me voy a ir
y echaré letanías para que este dolor
no se equivoque al contenerme,
que de veras me arranque de mi sitio
donde colmé su falda de favores.
Que no vaya a dejarme hablar con la tristeza
que ya suena fanfarrias para hacerme creer
que juntos: ella y yo iremos al cadalso
a concluir la obra que custodio.


AUTORRETRATO
Herminio Martínez (+)
13 de marzo 1949 – 17 de agosto 2014

Te veo morir de amor,
pobre muchacho,
en una casa donde
golpea la tempestad
por todas las ventanas.
Te veo arder bajo una sábana
que es una celda y una tumba,
tiritando con todos
los fríos de las esperas
acumulados como los copos
a los pies del invierno.
Eres tú, eres yo,
somos el mismo.
No mires mi semblante
que con tus vestigios me sustentas.
La noche anda en el campo
pastoreando sus grillos.
Hoy querría que tu boca
volviera a rociar de anís
los lugares por donde siempre caminabas.
Que mis vocablos
dejaran de ser mortaja
donde se muere todos los días el mundo.
Pobre niño de entonces,
envuélvete en las praderas del otoño,
aunque tu cuerpo ya no sea
aquel sauce que trepaba a la luz
a hacer oír las arpas de sus hojas.
Ése era yo: muchacho
con perfume en los ojos
para mirar la hierba.
¿Bajo qué frondas
o en qué trigales
lloviznando
sentaré ahora mi soledad?
Tu nombre es un desmayo
donde yo mismo
duermo como el polvo.
Fuimos sólo un instante,
entrelazados a la misma persona.
Un estremecimiento
en la cima del gozo.
Un día te vi crecer,
qué flaco estabas bajo la incandescencia,
el llanto era el infierno,
ay, muchacho, hacía mucho
que no nos sentábamos a hablar.
Nombrándote
vuelven a echar a andar
su mecanismo todas mis costumbres.
Contigo aquí todo parece fasto,
aunque sabemos que es el tiempo
de la recolección de la tristeza.
Pero si tú te vas
con esa ingle inflamada,
no quedará en mi vida
nada más fuerte que tu imagen
y hay que saber que el desamparo
es el peor de los padres
para los hombres que soñamos.
Cuento las horas que me quedan
y se me desclava la última sonrisa.
Jovencito de entonces,
adolescente hecho de filos,
muchacho que fui yo,
éramos un cordero de caricias,
cuando las manos de la aurora
nos desvestían en la recámara
hasta alcanzar el plenilunio.
Yo no sé qué visión es más hostil:
si la de la ciudad echándome su polen
o la de tus barbechos
de niebla granizada.
Hoy mi perfil es pálido
como el fulgor al borde
de un eclipse que empieza.


***Foto de Herminio Martínez, archivos del INBA.

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