martes, 4 de febrero de 2020

LA CIENCIA COMO FICCIÓN Y LA FICCIÓN COMO CIENCIA


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LA CIENCIA COMO FICCIÓN Y LA FICCIÓN COMO CIENCIA
-Narrativa infantil-

A través de los años de trabajar con talleres literarios y cursos de formación de niños escritores en el estado de Guanajuato, he visto interés en el género de ciencia ficción, pero se escribe poco sobre ello. Tal vez debido a la misma desinformación que existe sobre el tema. Considero que la literatura de anticipación debe formar parte del acervo cultural de todos los niños y jóvenes porque les anima a investigar y cuestionar la ciencia actual. Es mi intención fomentar un mayor interés en la ciencia de anticipación por medio de la lectura y que ellos mismos escriban sus historias que provoquen a la reflexión y la controversia sobre el alcance de la ciencia actual. La inteligencia artificial es un excelente tema de lectura y divulgación científica. Ha sido fundamental el trabajo con la Red de Bibliotecas públicas del estado de Guanajuato, bajo la dirección del Lic. Alejandro Contreras y todo el equipo de bibliotecarias comprometidas con el fomento a la lectura y el desarrollo de niños escritores y narradores. Esta es una pequeña muestra de su trabajo en los talleres de narrativa. Es a los niños a quienes les tocará descubrir todo lo que no sabemos.
Julio Edgar Méndez



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DIARIO ALIEN
-Parte 1-
Por: Teresa Montserrat Álvarez Pérez

Día 1
3/01/3090
¡Lo he comprobado!, he resuelto la pregunta más inquietante del universo… ¿Estamos solos?
            El planeta Tierra ha sido conquistado por una invasión alienígena, han secuestrado a mis padres y estoy sola en casa. Me llamo Kira Witman y tengo 16 años. Estoy asustada, pero tengo la esperanza de encontrar a alguien más. Mientras pienso que hacer, suena el reloj de mamá y miro la hora ¡Es media noche!, me apresuro y guardo en mi mochila algunos víveres, unos binoculares, 4 lápices, este diario que sería el testigo de sobrevivencia y la navaja de papá, estoy dispuesta a dormir pero antes atranco puertas y ventanas de mi casa, que ahora está en ruinas.

Día 2
4/01/3090
Anoche no pude dormir, tuve una pesadilla salida de una película de horror. Los alienígenas me siguieron hasta un callejón sin salida y me clavaron sus garras inyectándome algún tipo de veneno, haciendo que cayera inconsciente. Abrí los ojos y desperté en un cuarto muy parecido a un quirófano. Estaba atada a una especie de cama flotante gelatinosa; mi corazón latía tan rápido que podía escuchar mi propio latido, sabía lo que me harían… matarme para experimentar conmigo. Sentí el filo de una navaja cortando mi piel y luego… desperté.
            Gracias a Dios desperté de aquella pesadilla, ningún joven de mi edad podría soportar algo así. Dormí demasiado; mucho más de lo normal, me preparo para salir de mi casa. Abro la puerta tratando de no hacer ruido, se abre, miro el exterior y encuentro una patrulla alienígena recorriendo el lugar, rápidamente cierro la puerta sin importarme el ruido «espero que no me hayan visto», no me queda otra opción que salir mañana temprano.

Día 3
5/01/3090
(Hoy uso mi segundo lápiz)
Fueron los gritos desesperados de un chico los que me despertaron, —al parecer de mi edad—, miro por la ventana pero no veo a nadie, ¿lo habré imaginado?
            De repente, ¡alguien pone una mano sobre el cristal!, pero no logro verle la cara. Al principio me asusto pero en el fondo de mi ser siento una gran satisfacción al ver que no soy la única sobreviviente. Salgo lo más pronto posible para ayudarlo, lo tomo de la mano e intentamos buscar un lugar más seguro para poder escondernos y así no lograr ser capturados;
            —Shhh… silencio- le ordeno sin verle la cara.
Sigilosamente salimos por la parte de atrás de las ruinas de mi casa hasta llegar a los restos de un puente que cruzaba de la ciudad al bosque, ocultándonos entre un muro de concreto y la base del puente; era un hueco que nos serviría de refugio por el momento, por suerte nadie nos siguió.
            ¡¿Qué hare?! Me queda muy poca agua, y ahora que somos dos va a ser un problema; antes de dormir le pregunto al chico si está bien, ya que está lleno de sangre. Al principio no le tomé importancia, pero enseguida me preocupa; inseguro, él me asiente con la cabeza. Hambrientos y cansados nos concentramos en dormir.

Día 4
6/01/3090
Hoy nos esforzamos en levantarnos por la poca energía que nos queda, pero aun así tenemos que salir en busca de más provisiones. Para desayunar únicamente me quedan dos manzanas, un frasco de yodo para purificar el agua, cuatro galletas y aproximadamente 250 mililitros de agua «qué decepción». Quisiera tener más alimento para los dos. Mientras comemos me dice que su nombre es James Castaway y que tiene 17 años, también me cuenta que sus padres murieron el día que llegó la invasión porque su casa se derrumbó sobre su familia y solo él logró salir de los escombros con vida. Para consolarlo le cuento el secuestro de mis padres.
            —Mis padres eran astrónomos y fueron los primeros en darse cuenta sobre la invasión, se lo contaron a todos pero nadie les creyó, pues en 500 años no ha habido una invasión, solo yo les creí, los secuestraron al tratar de salvarme.
            —¿Qué harás ahora que me has salvado? –pregunta James, un poco preocupado por mi estado de ánimo-.
            Tardo un poco en responder, pues hasta ahora no lo había pensado. Después de unos pocos segundos, respondo:
            —Buscaremos a más personas sobrevivientes que necesiten ayuda, pero lo más importante es buscar a mis padres.
            Un momento de silencio nos envolvió, no se oía más ruido que el sonar de la lluvia que empezaba a caer y nuestro sonido al respirar.
            En ese momento me levanto, miro a James y señalo con mi dedo índice el exterior, James entendió lo que quería decir «salir de aquí y continuar nuestro camino», de lo contrario moriríamos de hambre. No sabía cómo decirle que teníamos que irnos, así que por eso le hice esa señal. Teníamos por lo menos 6 horas y 42 minutos antes de que anocheciera para llegar a nuestro pueblo vecino, Haogworlings, a 1.2 kilómetros de donde estamos nosotros, Hindersburgs, pero tendríamos que irnos inmediatamente sin distracciones.

Día 5
7/01/3090
Llevamos caminando casi 2 horas y 50 minutos para ser precisa. El cielo está empezando a nublarse, lo cual es una mala noticia para nosotros, porque significa que se aproxima otra lluvia y el cielo está empezando a tornarse de un color dorado. No nos queda mucho tiempo para llegar a nuestro destino, pero ahora tenemos que apresurarnos a llegar a Haogworlings y, como está el clima, eso quiere decir que solo tenemos 45 minutos para continuar, y el resto del camino tendrá que esperar. Después de muchos minutos de caminata (no sé cuánto tiempo llevamos exactamente caminando, ni sé cómo hemos podido aguantar un camino tan largo) llegamos a una cabaña que empezaba a desmoronarse y que podría caer en cualquier momento. Sería peligroso tener que entrar a esta casa en ruinas pero sería aún más peligroso tener que quedarnos afuera a la vista de alguien, o algo.
            —No queda nada que comer, Kira -me dice en tono débil mi compañero.
            James tenía razón pero mañana llegaríamos a Haogworlings. Empezábamos a cerrar los ojos cuando otro grito, un grito desesperado por vivir, envolvió el bosque a nuestro alrededor pero, aun así, teníamos que descansar. Después de algunos minutos de silencio, me di cuenta de que aún sigo despierta «¡¿Por qué rayos sigo despierta a estas horas de la noche?!». Veo el exterior de este lugar que se cae en pedazos y veo la blanquecina y dorada luz de la mañana terrestre «¡¿Pero, cuántas horas no he dormido?!», unos ligeros y hermosos rayos de sol entran entre las aperturas y la entrada casi desecha de este lugar y caen sobre James. Lo miro y sin darme cuenta me sonrojo cada vez más al verlo, y en mi mente algo me pone pensar… «¿Cómo es posible que me empiece a gustar alguien a quien llevo conociendo apenas durante dos días y medio?». Pero no me importa, mientras lo veo, algo de golpe me quita la felicidad, es su rostro; un rostro tan pálido como la piel de un muerto:
            —¡¡¡James, James… despierta por favor!!! -grito desesperada.
            Empieza a abrir sus ojos, unos ojos azul celeste que inmediatamente se centran en los míos «¿Por qué sus ojos se me hacen tan cálidos y familiares?», lo reviso por todos lados y me topo con algo que me deja paralizada y preocupada, hasta el punto de empezar a llorar… ¡Estaba herido!, tiene una cortada en un costado de su abdomen y al parecer se ve bastante grave, tengo que irme en busca de comida y medicamentos, de lo contrario James moriría.
            Tomo mis cosas, pero en especial la navaja de papá; es la única arma que tenemos para protegernos. Mientras me dirijo a la entrada de la cabaña, oigo la dulce y débil voz de James:
            —Kira, prométeme que regresarás y no me dejarás solo.
            Al escuchar su forma tan detallada de decir “no me dejarás solo”, me hace sonrojarme todavía más, él lo nota y suelta una débil pero agradable risilla.
            —Te… te lo pro… prometo, James, volveré –digo, tartamudeando y eso me hace sentirme más incómoda de lo que estoy a su lado. Sin pensarlo dos veces me dirijo a él, quien me llama con un gesto de la mano y, al acercarme a él, su respuesta me deja helada de asombro:
            —¿En serio no me recuerdas, nena? -dice en un tono muy… ¿cómo decirlo?… coqueto.
            Su forma de decir, “nena”, me hace recordarlo todo.
            —James, ¿e… eres tú?

-Continuará…

Teresa Montserrat Álvarez Pérez
13 años, 2do. de secundaria.
Biblioteca Prof. Gerardo Pedraza
Uriangato, Gto.
Bibliotecaria: Ma. de Jesús López Niño



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EL GRANDIOSO INVENTO
Silvia Tzitziki Guzmán Moreno

Estaban en la grandiosa era de la tecnología donde todo era posible. Vivían solamente los mejores científicos de la galaxia llamada Androide 9187. Entre todos los grandes científicos  había una sola mujer. Era brillante y creía en lo imposible. Un día tuvo una gran idea: crear a un robot que pareciera humano, pues tenía pensado mandarlo a otras galaxias a descubrir nuevas cosas y tratar de crear nuevos seres para que se rebelaran contra los gobernantes y conquistaran todas las galaxias.
            Pasaron años y por fin el robot estaba listo. Nadie creía que eso fuera posible. Decían que esa científica estaba demente o loca. El día que ella los llamó a todos para demostrarles su obra, nadie fue. La científica, desilusionada, hizo un plan para vengarse de ellos pues la dejaron en la soledad. Como ahora eran enemigos, los hombres científicos también intentaron luchar y defenderse. Se armó una gran guerra, tardaron dos años, hasta que el gran robot se cansó y se rebeló. 
            Aunque todos estaban confiados en que no les pasaría nada, cada uno de los científicos, dándose cuenta de que estaban en riesgo de morir, crearon un programa informático para derrotar al grandioso robot, pero fue un gran fracaso.
            Un día, los científicos se resignaron a dejar de luchar y a morir, aunque como la científica brillante entró en razón, perdonó a los ignorantes científicos y los obligó a disculparse y a ser sus leales súbditos. La persona que se negara sería condenada a morir de una manera excesivamente cruel y dolorosa. Les quitarían toda la inteligencia, después los harían pedazos. Así, la gran científica reinó para siempre con una manera descomunal de manejar a la ciencia y la tecnología.


Silvia Tzitziki Guzmán Moreno
1º de Secundaria
Biblioteca Prof. Gerardo Pedraza
Uriangato, Gto.
Bibliotecaria: Ma. de Jesús López Niño



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EL ROBOT DE LA MUERTE
Demetrio Antonio Sánchez Zavala

Estaba el robot en su cama de fierro hablando con el holograma de su robot-madre que estaba en una civilización robot en ese planeta, tras la caída de la humanidad en la 3° guerra mundial de 2176.
            Hablaban de un programa informático que les ayudaría en la construcción de las ciudades:
            —Mami, te extraño -le dijo el robot a su robot-madre.
            —Yo, no -le contestó ella. El pobre robot lloró aceite de tristeza porque su madre no lo quería y porque fue un robot accidental.
            En ese momento el robot juró venganza de su madre y viajó a esa civilización en un perro espacial mágico científico versión 6.0. Una vez llegó, destruyó todo a su paso incluyendo a su sacrosanta madre.
            El robot había consumado su sangrienta (y artificial) venganza.


Demetrio Antonio Sánchez Zavala
2° de secundaria, 13 años
Biblioteca Prof. Gerardo Pedraza
Uriangato, Gto.
Bibliotecaria: Ma. de Jesús López Niño



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EN EL ESPACIO
Ariana Sánchez Zavala

Es el año 2119 en el cual existen carros voladores. Donde la gente viaja, no para comprar tortillas, si no para viajar a otros universos. Todas las personas son muy felices, excepto una. Un científico medio loco. El pensaba que los carros voladores, el mejor invento de la humanidad, eran malvados, peligrosos y que tenían mente propia, aunque no era verdad.
            Todos pensaban: «¿Por qué?... ¿por qué piensa eso?».
            Así pasaron 20 años y la humanidad decidió hacer a los carros voladores un tipo de inteligencia artificial. Así lo hicieron y todos fueron aun más felices porque ya no tenían que manejar ellos. El único que no estaba feliz era el científico. Lo más extraño fue que su teoría se hizo verdad. En poco tiempo los carros voladores se hicieron muy poderosos e inteligentes, así conquistaron la tierra y poco después la destruyeron. Ahora nosotros, los sobrevivientes, viajamos en una nave espacial para poder encontrar otro planeta donde vivir en paz. Ese científico maniático logró sobrevivir, pero a los pocos años murió. La vida en una nave no es fácil, descubrimos que existe la vida extraterrestre y de vez en cuando uno que otro se mete a la nave y nos ataca, pero afortunadamente tenemos armas laser que los matan. Es el año 2135, quedamos pocos en la nave y falta un año para que el más anciano muera, para que nazca un nuevo  bebé.
            Años después quedan dos viajeros vivos. Una señora de 92 años y yo, un hombre viejo de 95. A la señora le quedan dos horas de vida, a mí tal vez una hora más.
            Han pasado dos horas y la señora ha muerto. Yo, aun con vida, dejaré  en esta nave vieja «tal vez tanto como yo», unas palabras escritas en la pared:
«Es el fin de la estupidez y la vida humana».


Ariana Sánchez Zavala
6° de primaria, 11 años
Biblioteca Prof. Gerardo Pedraza
Uriangato, Gto.
Bibliotecaria: Ma. de Jesús López Niño







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