domingo, 5 de junio de 2016

VAMOS A JUGAR CON LAS PALABRAS


VAMOS A JUGAR CON LAS PALABRAS

Ser niño es ser muchas cosas: investigador, científico, explorador, inventor. Es crear alas para echar a volar los sueños, las ideas, por medio de sus juegos. ¿Qué mejor idea que jugar con las palabras? La creación expresa una identidad artística, una esencia. Nos muestra a través de ella lo que un niño lleva dentro; una madeja de sueños y sentimientos, descubriendo así sus realidades.
La literatura es un medio poderoso para transmitir la cultura. A través de éstos cuentos y poemas escritos por niños, motivamos sus habilidades artísticas y su imaginación. Cada poema y cuento refleja su sensibilidad y el amor a la familia que nace de su inocencia.
Motivemos la habilidad de la escritura y la lectura en nuestros hijos, ayudemos a crecer a nuestros pequeños gigantes. Como dijera Gabriela Mistral: “El futuro de los niños es hoy. Mañana será tarde”.
Paola Juárez

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LA FLOR

He cultivado una flor,
la he cuidado y regado,
está comenzando a crecer
y de alegría canto.
La flor es muy bonita,
tiene un color muy vivo.
Cada día al despertar,
al mirarla, yo sonrío.

—Constanza Barrales Juárez, 9 años, Guanajuato


“BOCK”

Tengo un perro orejón,
es café y muy peludo,
en la calle lo encontré
vagando sin rumbo.
Lo llevé a mi casa,
lo bañé y alimenté,
le puse nombre nuevo,
juego mucho con él y de abrazos lo lleno.
Es tranquilo aunque travieso,
es también muy dormilón,
cuando roba algún bolillo
se lo come en un rincón.
Su mirada de ternura
me llena de inspiración,
cuando salta al recibirme
se alegra mi corazón.

—Constanza Barrales Juárez, 9 años, Guanajuato

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EL FÚTBOL

Yo soy José Antonio y a mí me gusta el fútbol. Lo que me gusta es ser portero, defensa o medio delantero. Lo que hago en la defensa es barrerme o cargarles cuerpo para quitarles el balón. Lo que hago en el medio campo es cubrir para que no se les vaya a la defensa y pasársela al delantero. Lo que hago como delantero es burlar a la defensa, dar toques a mis compañeros para así lograr meter gol y festejar. Yo lo que hago en la portería, cuando mi equipo comete falta, es alinear la defensa para que cubran la pelota y el otro equipo no anote gol. Y en un penal me quedo viendo a los ojos del que lo va a cobrar para ver a dónde va a tirar y poder tapárselo. Y me gusta porque es una manera de pasar el rato a gusto, tener mi mente tranquila y divertirme con primos y amigos.

—José Antonio Ornelas Becerril, 10 años, Tunacuaro, Mpio. de Ario de Rosales, Michoacán.



EL OSITO AMABLE

Érase una vez un osito muy bueno que habitaba en un pueblo muy lejano, él se dedicaba a ayudar a muchas personas que se encontraba por el camino o que le pedían ayuda. Un día el osito se fue a trabajar en su campo, pero el día le parecía muy extraño, sin embargo se fue a ver su siembra pues ya iba a cosechar. De regreso a su casa, por el camino se encontró a una señora que le pidió ayuda, ella necesitaba llevar sus cosas a su casa, el osito aceptó y se dirigió a la casa de la señora. Por el camino la mujer se convirtió en un hada, el osito se sorprendió, se asustó un poco, pero el hada le dijo que no se asustara, que ella le iba a conceder tres deseos por tener un corazón tan dulce. El osito dijo que quería ser rico, tener dinero para ayudar a las personas. Ese deseo ya te fue concedido, aún te quedan dos deseos. El osito pidió que su cosecha se multiplicara para alimentar a las personas que tienen hambre, bien, dijo ella, te queda un último deseo. El osito le pidió que todos los días fueran como éste, llenos de amor y armonía. Cuando el hada cumplió todos los deseos del osito, ella desapareció entre el campo.
A partir de ese momento la vida del osito cambió, siguió ayudando a más y más personas y su vida fue siempre alegre y llena de satisfacciones. El hada bien sabía a quién le otorgaba sus deseos y el osito no fue la excepción.

—Félix López Santiago, 11 años, Valle Nacional, Oaxaca

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EL GRAN SECRETO

Era una tarde de invierno y un niño llamado Samuel salió a jugar solo porque no tenía amigos, en eso notó que una nueva familia se había mudado a un lado de su casa. Samuel entró corriendo a decirle a su mamá que habían llegado otras personas, que tenían nuevos vecinos. Entonces los dos fueron a dar la bienvenida, pero cuál sería su sorpresa cuando entraron a la casa, ahí solo vivía un niño de la misma edad de Samuel.
Al otro día Samuel fue a la casa de Willi, su nuevo vecino, y empezaron a platicar de cómo es vivir solo. Willi le dijo que era fantástico y que nadie le ponía reglas, pero Willi tenía un secreto, porque cada vez que Samuel le preguntaba por sus padres, solo le decía que estaban en otro país y que lo habían abandonado.
Samuel lo invitó a jugar al parque para que se divirtiera un poco, sentía que lo había hecho sentir mal con tantas preguntas.
Al día siguiente Samuel fue a la casa de Willi y se sorprendió de ver sangre en la perilla de la puerta, Willi estaba en el tejado de su casa guardando algo en una hielera. Samuel le preguntó qué hacía arriba y él le contestó que se estaba deshaciendo de alguna basura que no le servía. Samuel se quedó pensativo y con muchas más dudas. Trataría de observarlo más y saber cuál era el secreto de Willi. Estaba tan distraído que no se dio cuenta que Willi comenzaba a transformarse. De pronto, como loco, lo atacó. Samuel salió corriendo hasta su casa y desde atrás de la ventana veía que Willi comenzaba a volar. ¡Por Dios, es un vampiro! Llamó  a su mamá para que viera con sus propios ojos en lo que se convertía su amigo.
Por la mañana del día siguiente Willi encontró la chaqueta de su amigo en la sala, la casa llena de sangre y se horrorizó de sí mismo, pensó que se había comido a su amigo. Lloró y lloró, lo que propició que su alma se limpiara de toda maldad. No quiso salir ese día y muchos más días, no soportaba la idea de haberse comido a su amigo.
Entonces, a lo lejos escuchó la voz de Samuel y eso lo alegró mucho. No está muerto, sigue vivo, se dijo, y salió corriendo a buscarlo. Samuel, por su parte, al verlo corrió y se metió a su casa. Willi tocó y tocó a la puerta y le dijo a la mamá de su amigo que le permitieran contarles su secreto. Ella accedió y abrió la puerta. Le permitieron entrar y él con llanto en los ojos les contó su secreto. Sus padres lo habían vendido para hacer misas negras y brujería. ¡Estaba maldito! Pero su arrepentimiento y todo el dolor que sintió por su amigo, lo habían salvado. Desde entonces Willi volvió a ser el mismo chico travieso y feliz, igual que Samuel.

—Diego Armando Juan Martínez, 12 años, Valle Nacional, Oaxaca


EL ABUELITO QUE REBOTA

Cierta mañana se encontraba Daniela con su amiga Carmen. Daniela le platicaba que su abuelito sufría de un tic nervioso en su mano izquierda, Carmen le dijo:
—Dani, no creo que tu abuelito sufra de eso.
Y ella le contestó: —Claro que es cierto.
Como Carmen no le creía decidieron ir a la casa de Daniela, durante todo el camino Carmen se iba imaginado cómo sería el abuelito.
Al llegar a la casa de Daniela, Carmen se moría de ansiedad y curiosidad por ver al abuelito y cuando su amiga se lo presentó, ésta se quedó como ida, lela; lo observó de pies a cabeza y notó que su mano izquierda temblaba, así que dijo:
—¡Tu abuelito rebota!
Al día siguiente fueron a pasear con el abuelito y Carmen le regaló una pelota suave, entonces cuando él comenzaba a temblar, apretaba la pelota, pero ambas se dieron cuenta que no solo temblaba la mano, sino que él rebotaba completo, era como una pelota gigante, eso le permitía avanzar sin cansarse.
Poco a poco Carmen se encariñó con el abuelito de Daniela y comenzó a llamarlo abuelo. Los tres reían alegremente cada vez que podían salir juntos.
Fue pasando el tiempo y el abuelito comenzó a controlar ese rebote en su cuerpo y sus manos, y un día les dijo:
—Creo que todo se los debo a ustedes, tal vez me hacía falta cariño y salir un poco de esa soledad en la que entré cuando murió la abuela.
Desde entonces van y vienen juntas con el abuelito que ya no rebota.

—Cecilia Martínez F., 11 años, Valle Nacional, Oaxaca

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LA NIÑA Y LA BRUJA

Era una noche bonita y estrellada, el clima era maravilloso, entonces Palmira salió a comprar una nieve a la plaza de su pueblo. De regreso caminó lenta, estaba aburrida. Cuando llegó a su casa vio a una señora sentada en su balcón. Palmira se sorprendió de ver a la bruja en su casa, sabía de ella por los chismes del pueblo y algunas veces la había visto de lejos, pero ahora estaba ahí.
Elle le dijo, no tengas miedo, vine porque debo contarte sobre tu mamá. Ven, acércate. Palmira, con algo de temor, se acercó y se sentó junto a ella. La bruja le dijo que su mamá había hecho un pacto con ella, y que ella le prometió darle todo lo que ella le pidiera, a cambio de su alma y que finalmente se quedaría también con su niña, con Palmira. La bruja nunca pudo tener hijos.
La mamá de Palmira negó todo eso, dijo que ella nunca había aceptado las propuestas de la bruja, Palmira no sabía a quién creer. Entonces la bruja les dijo:
—Bueno, entonces las invito a comer a mi casa.
Ellas no sabían si aceptar o no. Creer en las brujas no era nada bueno.
Al día siguiente fueron con mucho miedo a la casa de la bruja, ella les sirvió ricos manjares, les dio de todo, pero cuando estaban más animadas comiendo esas delicias, de pronto se atoró algo en la garganta de la mamá de Palmira y cayó al piso. La niña corrió a ayudarla, pero era demasiado tarde, había muerto. Palmira lloró y lloró, y lo único que tenía ahora era a la bruja. Por fin se había apoderado de esa niña.

—Esmeralda Carbajal López, 10 años, Valle Nacional, Oaxaca

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MI PADRE

Quiero mucho a mi padre,
aunque sea un poco enojón,
le gustan mucho los perros
que tenemos a montón.
Juego con él a menudo,
nos divertimos mucho,
me gusta estar con él,
me provoca una sonrisa
verlo venir.
Cuando llega del trabajo
hablo un rato con él,
de todos los padres es el mejor.

—Constanza Barrales Juárez, 9 años, Guanajuato

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MI MADRE

Mi madre está siempre conmigo
cuando yo la necesito,
ella hace la comida,
también barre y trapea,
ella me cuida y me ama
en las buenas y en las malas.
Yo la quiero mucho,
para mí, es la mejor y también la más perfecta,
cuando la veo venir
no puedo evitar sonreír,
hace que me sienta alegre
al estar junto a mí.

—Constanza Barrales Juárez, 9 años, Guanajuato


MI ABUELITA

Quiero mucho a mi abuelita,
siempre la voy a querer,
cada vez que hablo con ella
no evito sonreír.
Me divierte estar con ella
y también hablar,
me causa mucha alegría
que conmigo pueda estar.
De las abuelitas del mundo,
ella es la mejor,
cuando se sienta triste
siempre la alegraré.


—Constanza Barrales Juárez, 9 años, Guanajuato


*Textos publicados en El Sol del Bajío, de Celaya, Gto. Domingo 5 de junio de 2016.

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