domingo, 20 de marzo de 2016

POETAS DE MICHOACÁN

POETAS DE MICHOACÁN

A MANERA DE PRESENTACIÓN
Hablar de la literatura en el estado de Michoacán, o de la ciudad de Morelia, es hablar de una larga tradición, que algunos remontan a épocas prehispánicas como las de Curicaveri, Caltzontzin, etcetéra. O bien hay algunos más que lo hacen a la época de la colonia, José Manuel Martínez de Navarrete; otros más a la época de la insurgencia con la naciente mexicanidad, por ejemplo Francisco Manuel Sánchez de Tagle, entre muchos más. Podríamos recorrer el siglo XIX y los nombres abundan; desde el famoso Amado Nervo y los modernistas o, podríamos iniciar hablando del siglo XX con Donato Arenas López. Lo cierto es que a finales del siglo XX, el índice demográfico de las letras michoacanas se fue a la alza, y los nombres de los vates michoacanos ya recorren esta “re-pública” de las letras mexicas, desde Ramón Martínez Ocaranza, “El Chino” Sanzón Flores, Concha Urquiza entre varios, en la narrativa José Rubén Romero y Javier Vargas Pardo “Céfero”. Más recientemente Homero Aridjis, Gaspar Aguilera, Francisco Javier Larios, Neftalí Coria, Antonio Mendiola, -sólo por decir algunos- y llegaríamos a las generaciones de los finales de siglo, con poetas no tan noveles, cuya lista sería extensa.
Mejor me ciño al guión del programa que los amigos del “Diezmo de palabras” de Celaya, Guanajuato, nos han solicitado, por medio de mi amigo Martín Campa Martínez, gesto que agradezco y quedo muy agradecido; me han pedido autores que no hayan publicado, pero cuya calidad sobresalga; quizá el pedimento sea por las noticias de las mafias en las letras, la falta de honradez en las instituciones culturales del estado de Michoacán o de los olvidos del destino, así que los dejo con algunos amigos:
Comenzaré por hablarles de Gaby Mandujano, ella es doctora, le conocí hace un par de años, hemos hecho taller juntos, compartido lecturas públicas, es una escritora no sólo dedicada, sino con un estilo propio, mucha gente se la pasa buscando ese estilo, hay otros que nacen con él; su escritura va del juego erótico a la búsqueda interna, escapa del tono confesional de muchas mujeres y es directa tanto en su poesía como en su narrativa.
Después tenemos a José Luis López, él es egresado de la Escuela Popular de Bellas Artes, es un pintor muy conocido y de larga trayectoria, además de tener la maestría en Filosofía de la Cultura, y tiene su propio estilo que oscila entre el tono erótico de Miller, pasa por Bukowsky y llega al realismo sucio muy a la Carver. Un escritor que no se tienta el corazón escribiendo cosas cursis, como él mismo lo dice, sino que describe el mundo como él lo ve: horroroso.
Después tenemos a Arturo Bocanegra, un joven egresado de filosofía, con una muy particular manera de escribir poesía, va del tono casi de prosa, hacia el juego verbal de una poesía que lo descubre y nos devela la vida que comparte.
Después tenemos a Márku Kárany, un joven oriundo de las regiones purépechas, una poesía poderosa, una voz que no grita, que canta muy en el tono de las pirekuas, una palabra amorosa, que no escatima en la moralidad de su entorno, sino que encuentra su libertad en la escritura.
A Erik Moya lo conocí por casualidad en la red, lo invité a las lecturas que hacemos los miércoles en el Monotipo y nos atrapó con sus palabras que van del verso a la prosa poética, es egresado de la Escuela de Lenguas y Literaturas Hispánicas.
Faltan muchos nombres, muchos escritores que comienzan a encontrar un lugar donde dar a conocer sus trabajos. Lo hacemos de manera independiente, alejados de las amañadas instituciones culturales y de las mafias que les pueblan. Y quiero agradecer a Julio Edgar Méndez, coordinador del taller literario “Diezmo de palabras”, por darnos esta oportunidad de publicar nuestras letras en esta página.
Marco Antonio Regalado



ALGO QUE EMPECÉ Y NO SÉ CUANDO TERMINE
Gabriela Mandujano

Mi hija piensa que las horas
sólo tienen cincuenta y nueve minutos,
piensa que a todas las horas les falta un minuto,
que las manecillas del reloj cargan pesadas horas
que hay un minuto perdido entre una mirada,
un regaño y su escondite secreto.
Intento explicarle la relatividad del tiempo,
le digo que su sonrisa amarilla dura veinticuatro horas,
que sus lágrimas forman témpanos,
que sólo se derriten en primavera,
que su vestido limpio dura menos de un minuto.
Le cuento que el tiempo se escurre
como agua entre los dedos
y que a veces el tiempo como el agua se congela;
se vuelve sólida y tajante como una madrugada.
También le susurré que se evapora el tiempo
en un cuento de niños, en un abrazo o en muchos besos.
Intenté explicarle que su ida a la escuela durará años,
que las rondas hacen pequeñas a las noches,
                                                                        delgadas,
minúsculas.
Le expliqué que los amores de invierno,
sin cobijas, duran varias primaveras.
Que la menstruación ha durado siglos
y que la taza de té para cólicos de la abuela
es simplemente eterna.
Le expliqué que cuando voy a trabajar, soy yo por cuatro horas,
que el resto, sólo soy un robot activado por un bolsillo roto,
donde caen las horas a un agujero que da a una alcantarilla de la calle,
le dije que ella sería niña la mitad de su vida,
que sería mujer cada noche de luna llena
para evitar que los lobos la devoren,
le mostré que el embarazo humano
dura veintiún años y a veces más;
pues hay personas que nacen a los cuarenta,
a los sesenta o que mueren sin salir del útero.
La invité a dar un paseo por el parque
desde donde se ve el reloj
plácidamente inmóvil, muerto.
Desde sus manitas enlazadas con las mías,
le fuimos dando cuerda a este inmenso reloj que es la vida.

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Arturo Bocanegra

Las traigo locas,
bien putitas,
mojaditas,
solidarias,
activas,
andan tras mi gran acervo,
mi lengua cariñosa,
verbo en acción
furtiva andante…
Me marcan,
mandan mensajes,
dejan inbox…
Me coquetean,
me miran,
se me acercan,
se despiden cariñosas,
repegan toda su figura contra mi ser…
Me atienden,
me sirven,
las cojo a todas,
las abrazo,
las apapacho,
las acaricio,
las excito,
me las como a mordidas,
con desesperación,
con anhelo,
las introduzco en mí,
las disfruto …

No sé qué haría sin ellas,
estaría tal vez perdido en un almacén,
descansando como papel viejo, flácido,
sin aventuras,
sin amantes,
sin placer: “Las Palabras”


A VOS:
Márku Karány

Le comparto, con mucha insistencia las fases y facetas de mi Vida...
Hay un espacio y lugar para alguien como usted; al lado, enfrente, encima, abajo y a la izquierda de esta Andanza...
¡La locura está servida!
Si mira la puerta cerrada, opte por saltar por la ventana: El agua está hirviente en la Cocina; Traiga sus ojos; Falta ese Café aromático que es su esencia.
¡Mi Alma la llama!
A  Vos:
Le comparto los fragmentos y pizcas de mil y una nada...
Traiga ese café de usted...
Esta noche tomaremos Chocolate y le Tomaré...
Y usted posiblemente ya no tenga que marcharse.
Probablemente decida quedarse.
¡Me enamoré!
Hace frío.
Su nariz se pone roja, sus labios se agrietan...
Siento como su latir se agita y sus
cachetitos se sonrojan.
La hoguera está ardiendo.
¡No puede ser correcto que no despertemos de lado a lado!
¡Amanda..!
Mire que linda noche.
¿Recuerda nuestras madrugadas?
Entra por la ventana, cual si fueses tú el Rayito de Sol de alguna Pirekua...
Mis brazos anhelan ser tu madriguera.
Vos, por favor:
No tardes. Llega y quizá;
Ya no te vayas.

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FORASTERO
Erik Moya

Mi padre es forastero. Pilotea la nave de los padres forasteros. Deja de existir por semanas, meses, años. Resucita cuando la soledad se ha comido parte de sus testículos. Para ensamblar las partes que le faltan levanta el teléfono y llama a nosotros sus dos hijos. Los dos hijos encajan: mi hermano en el testículo derecho y yo en el izquierdo y vuelve a su nave de padre forastero. Nos aniquila y nos expulsa en baños públicos, en la tela de sus calzones o en la pared vaginal de no sé qué pinche prostituta. Por eso mi madre le regaló las llaves de su nave y le dijo que se llevara lejos a su espíritu forastero. A ella la he colocado en un pedestal, le limpié la sangre de aquellas semanas, de aquellos meses, de aquellos años.
Mientras se fabrican hijos no se piensa en cuántas veces morirán por culpa de ellos.




JANIS JOPLIN Y LOS JOTKEIS
Luis López

Deambulaba yo por la calle como siempre, ya sabes, con un sentimiento de náusea en las tripas. Sales a la calle ¿y qué ves, qué encuentras? La vecina avienta cubetadas de agua en la banqueta, una anciana pasea sus infinitamente odiosos perros falderos, los ha vestido con suéter y faldita rosada, la camioneta retacada de policías hijueputas, el ciego que grita de hambre y avanza abriéndose paso a bastonazos. No deja de ser asombrosa la adaptación humana al horror.
Vibra el teléfono celular, es Marco, dice que le caiga a su casa, que lleve unas chelas, que la Caro está deprimida. Encamino rumbo a la comer, compro un six y un charanda. Marco vive en un depa allá por ciudad universitaria, puedo llegar caminando en media hora, cosa de enfilar por la avenida, atravesar el puente sobre el río de aguas negras, que no son negras, son de un color café marrón espumoso, y flotan bolsas de basura, ropas desgarradas, animales muertos. Luego hay que girar a la izquierda por la taquería grafitiada, esquivar los esqueletos de carro que los mecánicos intentan resucitar. El horizonte es un telón pintado por siluetas de postes y edificios grises.
Estamos comiendo galletas de mota, ya acabamos con las chelas. Carolina y Marco observan el paisaje que se mete por las ventanas, una atmósfera amarilla naranja nos envuelve. Color urinario. Planetas en formación bullen en el caldo espeso de la tarde.
El plan era cocinar jotkeis pero la masa, abundante en sustancia canabinoide se ponía tiesa en el horno de microondas. Tal vez le faltó levadura o qué se yo, pero resultaron galletas verdes. Marco Antonio vigilaba la ventanita luminosa que guardaba en su interior la sana alimentación, girando y girando sin sentido. Comí una, dos, cuatro sin sentir nada chido, comí cinco o seis más.
La música de Janis Joplin rebota contra las paredes. La bruja cósmica alarga la frase, alarga el aullido. Se queja de soledad, su famosa soledad. La voz viene de lejos, muy lejos, como salida de un pozo de muerte, nadie responde su plegaria, tiene el cuerpo sólidamente atado con alambre de púas y sus manos sangran. Pide que le arranques otro pedazo de corazón, si eso te hace feliz beibi. Empiezo a sentir miedo. La Janis chilla como un gato apuñalado en el vientre, y los gritos son blues cósmico, son agujas en la carne, clavos, bayonetas erizas.
Resbalo de mi silla y caigo atravesado por los dardos venenosos de la Janis. Las explosiones de música se incrustan en la carne como vidrios rotos. Me pongo a reflexionar sobre la antigua mitología del corazón en pedazos. Intento levantarme del subsuelo pero resbalo una y otra vez.
Carolina cuenta la historia de su gato. El bicho apareció un día en su casa, como salido de ninguna parte. Lo bautizó con el nombre de Janis por su aspecto escuálido y quejumbroso. Janis el gato bisexual. Lo mataron los vecinos, lo envenenaron. El cadáver fue encontrado en un lote baldío, ya roído por los gusanos. Nos reímos mucho con esa anécdota.
Luego hablamos de suicidios ejemplares, recordamos a los miembros del club de los veintisiete, al ahorcado, al que saltó frente al tren subterráneo, al que se metió un cañón de escopeta por el hocico, intercambiamos recetas de anfetaminas con alcohol, hay que abrir la llave del gas. El amor mutila el cuerpo con finas mentiras.
Carolina habla de extraterrestres, tal vez ella es extraterrestre, come galletas verdes, ¿o es carne roja de un plato? Marco está a punto de caer, pero se aferra con ambas manos a la orilla del irrisorio abismo, hace años que olvidamos una galleta que gira y gira como un planetoide adentro de la caja luminosa. Empieza a echar humo y todos comprendemos la metáfora.

La Janis chilla, y cada estridencia, cada llanto de niña triste se convierte en filo cortante. Sé que eres infeliz, niña muerta, niña azul.  Y la guitarra clava sus clavos, lluvia de llanto,  y los metales ladran contra la rabia de la batería, y los dientes del piano muerden la noche, y las estrellas lanzan su lamento afilado, filamento…


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