domingo, 14 de febrero de 2016

YA NADIE ESCRIBE CARTAS DE AMOR (Parte 1)


YA NADIE ESCRIBE CARTAS DE AMOR
(Parte 1 de 2)

“Que yo sufra mucho carece de importancia comparado con el problema de que no seas capaz, mi querida Lou, de reencontrarte a ti misma. Nunca he conocido a una persona más pobre que tú. Ignorante pero con mucho ingenio.”
Carta de Friedrich Nietzsche a Lou Salomé (fragmento).

Antes del tiempo de las comunicaciones instantáneas, existía algo llamado carta. Una hoja de papel o varias, bolígrafo, lápiz o el romántico tintero con su pluma      –que dejaba los dedos manchados como testigos y cómplices-  conformaban los materiales más o menos comunes para dejar una impronta en el receptor de la esperada carta. Algunas eran de amor. Otras eran largas misivas con historias cotidianas, remembranzas, relatos oníricos, cursilerías y, a veces, poemas plagiados o propios. Hoy en día, dicen, ya nadie escribe cartas de amor.
En al taller literario Diezmo de Palabras nos dimos a la tarea de escribir algunas. Para la novia, esposo, amigo, amante, pareja o dispareja, hijos o nietos. En todos los casos son los mensajes íntimos que nacen de la fraternidad, de las verdaderas amistades, del cariño y, sobre todo, del corazón.
A iniciativa del poeta Juan Manuel Ramírez Palomares, compartimos estos textos con destinatario específico, pero de quien hemos reservado su identidad para que usted, apreciable lector, los comparta con la persona que aprecie, o los lea para su propio interés. Las cartas fueron leídas públicamente en la Casa del Diezmo el viernes pasado y atadas a un globo, que las llevaría a quién corresponda. A esa persona que tal vez necesitara que alguien, a través de un simple papel, le llevara un mensaje de amor y de amistad. Vale.
Julio Edgar Méndez

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AMIGO MÍO:
Día a día te regué con mis pláticas y creciste al cuidado de todos los de esta casa. Siempre estuviste presente en nuestros buenos momentos y también en las penurias. Cuando la vida se llevó a mi compañera y los hijos se marcharon, me quedé igual que mis fotografías antiguas, indefenso como todos los solitarios que deambulan por el mundo. Mas un día, que agradable sorpresa me diste, estabas ahí, lo recuerdo, derramándote de sol y azahares. Te volviste fruto grande y sublime, jugoso deleite para aliviar mis angustias. Amorosa alegría y oro espléndido eran la frescura de tus frutos. Y te veías erguido, solemne como tus hojas, desafiando siempre a los chubascos y a los rayos que tronchan la memoria, mientras yo seguía lleno de pesares, empolvadas añoranzas y vientos enfermizos. Y ahora, imponente amigo, que el tiempo ha llegado a desmoronar por completo mi nombre, somos engranes de la misma sombra, respiramos la misma sencillez de la llovizna y compartimos el mismo canto de las nubes. Y si algún día vienen mis hijos o mis nietos a ocupar esta casa, reconfórtalos, pues sólo encontrarán el fulgor de mis recuerdos enverdeciendo al igual que la humedad de tus raíces.
Martín Campa

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AMIGO RAMÓN:
Aunque nos vemos poco, siempre ha existido ese lazo de amistad que nos une desde hace ya muchos años. Tú sabes que estoy aquí y yo perfectamente sé que estás ahí. Nunca  he dudado de nuestra amistad. El que no nos frecuentemos no significa que hemos perdido la amistad. Cuando nos vemos, sentimos como si nos hubiéramos dejado de ver solo unos días y nos ponemos al tanto rápidamente.
De alguna manera siempre nos mantenemos al día. Y, como siempre, coincidimos en muchas cosas  Aparte del apellido  y el canto. Tú sabes bien que cuentas con mi aprecio y no es de ahora, sino de muchos años ya. Por eso ahora que estás pasando por este momento difícil, quiero decirte que cuentas conmigo.
Pero lo principal de todo es que tienes a Dios de tu lado y sé perfectamente que confías mucho en Él.
Espero que pronto te recuperes de este mal sueño, que por algo Dios así lo ha enviado. Necesitas reponerte rápido, porque tenemos un desayuno pendiente
y ese sí no te lo voy a perdonar . Recuerda que tú eres el protagonista de esta película. Y le ruego a mi señor bendito que salgas adelante, para que pronto estemos conversando como en los mejores tiempos, hermosos tiempos que hemos compartido. Sigue bien las indicaciones médicas. Hazle caso a quien te cuide y no vayas a presumir de valiente; pero sobre todo, nunca, por favor, nunca te sueltes de la mano de Dios.
Y confiando en que la decisión de Dios será favorable te mando toda mi buena vibra y todo mi cariño. No es muy común que entre hombres lo digamos pero, amigo, te quiero mucho. Espero vernos pronto
Tu amigo,
Lalo Vázquez G.

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A TI
Anocheció y tuve de ganas de escribirte ¿Por qué lo hago? No lo sé,  tal vez como catarsis a mis desequilibrios o para desfogar todo lo que llevo adentro. Lo he hecho ya varias veces cuando estuve en situaciones parecidas y vaya que me ayudó el baño con letras frías, aunque tengo ¨tristeza” e “indiferencia” en mis labios como rescoldo.
Otra vez sólo, más vacío, más envuelto en la nada, más dueño y propiedad de nadie, más inconcluso, más alicaído y triste. Llegará otra vez el tiempo de alardear, alardear y pegarle un puñetazo al aire. Te lo dije, soy una brasa en la palma de la mano que se consume y hace daño, ¿Quién me soporta, mientras el fuego evapora mis nostalgias?
Nunca me recuerdes, encierra mi imagen por siempre y para siempre en el olvido, no quiero ocupar espacio, borra mi archivo en tu memoria, en tu disco  duro, entiérrame, clausura mi tumba y no pongas flores, cuando llegue otro a tu vida no quiero que encuentre cruces tiradas por todos lados y tropiece con los escombros de los amores que tuvimos, quizá barra todo  y vaya a dar yo con todo a la basura, no es necesario arriesgarse, olvídame.
Tú no me pidas lo mismo, es imposible olvidarte, una sibila  grabó tu nombre cerca de mi nariz,  iba tu presencia en un puñal que clavó profundo entre mis carnes, hasta hacerme sangrar agua; me dejaron secuelas, te recuerdo cada noche fría y me duele hasta el cielo.
Antes de olvidarlo debo decirte gracias, gracias por todo, es difícil tratar a un decepcionado y aguantar sus tonterías y ridiculeces, sobran las ganas de aventarle sus caprichos por la cara y la tentación de dejarlo hasta morir en el amanecer diario. Tú  te has portado extraordinaria, benevolente, exacta, precisa, diplomática, sensible, amiga; sobre todo y más que todo, excelente musa, has procurado desvanecer los obstáculos que casi terminaban conmigo, acabaste esta angustia que sentía por desbordar las palabras, lanzarlas al aire para ser recogidas por alguien. Ya no tengo miedo de gritar y desgarrar conciencias,  con este monstruo que habita en mi vida, con este ente que engulle mi conciencia y profana mis sentimientos, con tal fuerza que me sofocaba y llenaba esta existencia de una gran confusión.
Aquí me despido de ti, no de tu recuerdo que lo llamaré cada vez que lo necesite y se convierta en palabras o en libros; serán pegados en las paredes de mi casa, de tu casa y de nuestra casa.
Hasta siempre.
J. Luz Sierra Enríquez

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A MI PRIMER GRAN AMOR:
Te escribo porque hablarte no quiero, no sé dónde estás y si lo supiera, estoy segura de que no te hablaría, pero ahí donde estés te deseo felicidad.
Seguro te preguntarás el por qué de mi misiva, si ha pasado tanto tiempo ¿más de treinta? Ya olvide los años, por lo mismo no me explico el recordarte ayer, será que vi a unos noviecitos como lo fuimos nosotros, ver sus caras de ensoñación y esas miradas interrogantes y anhelantes con que se mira el primer amor, entre sorpresa y preguntándose cómo será el llevar ese sentimiento hasta el final del éxtasis desconocido, creo que eso fue lo que me hizo recordarnos.  Tengo tatuado en el pensamiento ese primer beso a escondidas donde al cerrar los ojos sentí tus labios como suave viento acariciando los míos, esos destellos luminosos de luces multicolores desparramándose en mis sentidos, el palpitar de mi corazón latiendo como reloj deseando eternizar ese mágico momento. Mil mariposas aleteando dentro de mi estómago sintiendo sensaciones inexploradas que me asustaban pero a la vez deseaba llevarlas hasta el final. No puedo dejar de recordar esa maravillosa melodía de mil campanas que con suave ritmo se introducía por mis oídos adueñándose de mi piel haciéndola sensible a lo que desconocía.  Cierro los ojos y vuelvo a vivir esa gama de sensaciones imborrables.
Esos besos, pero en especial ese primer beso, es lo que más recuerdo de ti; no te hagas ilusiones solo soy una soñadora que bien puedo vivir sin ti. Lo que sí te puedo decir es que ese maravilloso primer beso jamás lo olvidaré ya que fui yo quien te lo dio y ayer, al mirar a esos chicos que anhelantes y temblorosos se abrazaban, con temor y expectación juntaban sus labios en un tenue roce, no pude evitar recordarte.
A pesar de tu traición, a ti te di mi primer beso de amor inolvidable.
Verónica Salazar

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MI AMOR:
Anoche soñé con un águila de gran tamaño que cobijaba bajo sus cálidas alas a todos sus tiernos polluelos. Yo era uno de esos afortunados seres, que ocupaba un lugar en el extremo de una de sus alas, bajo el abanico suave de las últimas plumas. Mientras el resto dormitaba acurrucado al son de los latidos de su protector, yo, allá lejos de su corazón, me regocijaba al pensar que desde esa posición privilegiada podía contemplar, a través de mis grandes ojos de ave nocturna,  la silueta de las majestuosas e infinitas montañas, la vastedad del mar   y la espaciosidad profunda del cielo estrellado.
Entonces, un viento plateado emanó de entre los astros y con su agudo y armónico  ulular  susurró a mis oídos ¡Vuela! Mis alas adormecidas respondieron con prontitud y en el más tierno silencio me elevaron hacia la libertad.
En el regocijo del vuelo reconocí en los ojos del águila tu mirada compasiva y mientras atravesaba  el túnel —desde la vigilia hacia el despertar— escuchaba, disolviéndose a lo lejos, la dulce voz del mismo viento preguntándome  ¿Qué posibilidades tendrán de encontrarse y reconocerse  dos partículas de luz viajando a través de la Eternidad?
Al despertar comprendí la riqueza de tu amor. Tu amor que me cobija con ternura, pero que no me posee ni retiene; que valora y deja inhalar y exhalar libremente los tesoros con los que adorno la realidad.
Ha sido un milagro que tu experiencia se cruzara con la mía y que por un sólo instante, lo que dura un trozo de vida, pudiéramos compartir y disfrutar al unísono los melodías prodigiosas que nuestros sentidos le cantan a la divinidad.
¡Qué alegría oír la voz afable de nuestra eternidad en mis sueños!
Y mientras tú ensueñas, te pienso, te abrazo, te beso…
Soledad Popper

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HOY
Te escribo para decirte lo que mi corazón me cuenta.
Sucede que me faltas. Que hay noches amplias donde el silencio se extiende hasta donde falta tu sombra. Y el alma me dicta versos y se mete entre los huecos de las palabras. Que amanece y de nuevo la piel se queda con hambre de tu hambre, se muerde la voz y la traga. Y el deseo en estado líquido humedece el fruto que dejaste sin morder, en el mismo jardín donde la hierba canta todavía.
Se quema la tarde y se consume el beso en el fuego de la espera.
Que esta distancia me convierte en no más que trozos de infinito.
Así que respóndeme una sola cosa...
¿Cuándo volverás?
Diana Alejandra Aboytes Martínez

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AMIGA:
El atardecer de mi vida ha llegado. Y hoy quiero decirte que estás en mi corazón, porque vives en el paisaje de mi infancia,  mi adolescencia y mi juventud.
Lo llevo graficado en el recuerdo por infinitas emociones que juntas llegamos
a sentir. Eres maravillosa compañía. Fuente de alegría y confianza. Me gusta gozar de tu sonrisa, pues refresca mis inquietos momentos de tristeza.
Te llamo y de pronto surges como flor hermosa en mis desiertos.
Sé que algún día el agua de mi rió no fluirá por esta tierra y me convertiré en dibujo del pasado. Espero que en tu mente me pintes de bellos colores y me guardes en el rincón de tus riquezas, que es tu bello corazón.
Ya que para mí, ahora, somos sol y luna, en el infinito mundo del amor.
Con cariño para ti.
Laura Margarita Medina


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