domingo, 7 de septiembre de 2014

HERMINIO “EL HABITANTE DE MACHIGUA”

DIEZMO DE PALABRAS

Fundador: Herminio Martínez

Sol del Bajío, Celaya. Domingo 7 de agosto 2014




HERMINIO “EL HABITANTE DE MACHIGUA”
La poesía y la narrativa rara vez convergen en un ejercicio creativo. La poesía construye al objeto, no lo describe; lo adorna, lo acecha en secreto, lo aprehende y lo simboliza con la palabra. Traslapa su significado y le pone fin en dos destinos. Lo desnuda, le quita todo lo superfluo, lo que no sirve y lo muestra para que se le conozca tal como es. También le adorna y lo viste para facilitar su comprensión. La poesía mueve al lector, enriquece su espíritu, modifica su ser.
La narrativa es el archivo de la cotidianidad, el referente escrito de nuestra existencia, el depositario de la historia del presente. Toma al entorno y lo plasma en un libro, con instrucciones precisas para explicar los misterios del universo. Ejemplifica el cosmos a través de un hilo donde cuelgan las palabras. El lector elige, toma las que más le gusten y las hace suyas. Con ellas construye su nuevo mundo y su comprensión.
La poesía es una derivada que tiende hacia la brevedad, hacia cero; en cambio la narrativa, por su naturaleza, tiende hacia el infinito. Son dos semi-paralelas que casi nunca convergen.

Herminio Martínez fue un hombre tocado por DIOS, le sopló en la frente el conocimiento y la capacidad de combinar la poesía y la narrativa. -Yo soy un narrador por vocación –me comentó un día en que platicamos- la poesía me ayuda a sobrevivir, busco los premios para mantenerme económicamente.

Me acerqué a su obra por sus versos, le admiraba su excelencia poética, podía combinar la sencillez con la complejidad en sus letras; hasta su hablar era poético. Una tarde, en la Casa del Diezmo, empezó a llover ligeramente y su hija, Lluvia, se divertía en el patio con el agua caída del cielo. El maestro suspendió su plática y nos dijo: –El agua se divierte con la lluvia- en alusión a su hija.
Es difícil comprender cómo lograba desprenderse de su abducción poética y regresar completo a su narrativa; el arrobo, el trance en el que te atrapa la creación es diferente entre un género literario y otro. Me sorprende  la facilidad y la maestría, propia de un genio, de llevar a cabo el tránsito de versos y llegar a la tierra de “Machigua”, el lugar de todos. La escritura en cualquiera de sus facetas va más allá de la finalidad de quien escribe, supera la necesidad del autor y va dirigida hacia los lectores.
El mejor homenaje para Herminio es tomar sus libros y leerlos, que el olvido no borre sus letras y su paso por esta vida, ya que él trascendió como el mejor escritor que han dado estas tierras.

J. LUZ SIERRA ENRÍQUEZ

*J. Luz Sierra Enríquez es Ingeniero Biológico y miembro del Taller Literario Diezmo de Palabras y del Taller Literario de la Casa de la Cultura de Comonfort. Ha sido publicado en Palabrerío, Un rimero de palabras (poesía),  Aire del bajío, un acercamiento a la nueva poesía Guanajuatense, por la Universidad de Guanajuato y en revistas y periódicos. Fue ganador del Trofeo "La rosa". Primer Premio en los "Primeros Juegos Florales organizados por la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana y la Presidencia Municipal de Acámbaro para celebrar los cien años de la Fundación de Acámbaro.


LOS HIJOS
Herminio Martínez

Abrí la puerta de los malos tiempos
y entré a otro cuerpo,
tembloroso de aire;

Desde la adolescencia un duro sol bajaba
hasta mi pantalón, donde los hijos
ya eran pequeñas bocas devorándome.

Abrí un duro cristal quebrado en trinos,
la transparencia me cubrió de instantes
de luz,
de sol
de luna,
de agua herida.

Hoy que las sombras pegan en mi pecho
como un rumor de rocas derrumbándose,
nadie ha venido a darme
 la cucharadita que algunos recomiendan:

“Si se halla grave
y siente que no va a amanecer,
tome un poco de luz
y verá y oirá
y hasta,
probablemente,
cuando caiga la tarde,
le dé por escribir algún poema”.

Queda sólo la lluvia,
algún dios compasivo
nos la dejó en los ojos:
su amplitud amueblada por las flores,
el brillo que se sienta a ver montañas,
los valles, el color,
su piel de hierba,
acaso la quietud,
que aún le crece
en alguna región desconocida.

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PENÉLOPE

Herminio Martínez

En nombre de esta sal
donde el azul extiende las distancias
igual que alfombras sin medida
para que en su alborozo pueda rodar el viento,
te hablo yo, el zurcidor de gavias,
con un lamento a cuestas;
el audaz que ha conquistado los pregones
que me nombran contigo,
poniéndome en el corazón de los insomnios:
deplorables paisajes donde en noches
como ésta dejé caer mi grito,
pero nunca entre un desvelo y otro me abandonó la dicha.
Nube de amor lloviendo sobre mi ánimo,
pétalo a pétalo se me deshojan las palabras.
He andado por los bares que quedan encendidos
hasta la hora del alba. Sombra de espejo soy.
Vengo del mar que viene y va por las canciones
que entonan los migrantes
con un fulgor de abril en el recuerdo.
Tu cuerpo imaginado
es lo que me apuntala una creación en ruinas.
Supiera al menos en que ojos te derramaste resignada
antes de conocerme aquel octubre
en cuyo derredor giraba la realidad
de los que querían comprarte.
Y afuera el mar se movía en árboles de agua
con su raíz adentro de nosotros
y voces en las que se oían caer vicios impunes.
Te gané sólo para mí hablándote del sol y de los siglos
de espuma en que se recuestan los océanos,
saliéndose del vidrio de sus límites,
mientras tus pretendientes se despiden;
míralos regresar e irse llorando a sus patrias de origen.
Yo me quedo a la fiesta, borracho entre fantasmas
que del Norte y del Sur se acuerdan de sus mástiles.
Un amargo amarillo hace olas en la tarde.
Y ráfagas de rostros buscan guarida en tu alma.
Nombres que nadie conocía se han grabado en tu boca,
como el del muchacho que era yo y a quien, siendo menor de edad,
se le quemó la sangre en el rosal de fuego de tu fama.
Soy un calor sin cuerpo,
vagando a través de una Grecia
en la que nunca me faltaron camas
(un frío ensangrentado manchaba mis auroras);
aromas que me hicieron saber
que en mis alrededores sólo habitaban los zumbidos.
La tarea más pulcra será ir al encuentro de la mujer más bella,
me dije en esa ocasión y ahí vengo por el mar,
cuyas olas ebrias, tambaleándose, también lo celebraban;
el mar que es un abismo de ruidos refrescantes,
asombro de lagunas, de pájaros y peces.

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GUIJARRO

Herminio Martínez

Ayer llovió. Los cerros amanecen
haciendo a mano su esplendor mojado.

Qué flaco el panorama donde vive
el hombre sin saber. Simple detalle.

Ya nos lamieron las sequías ardientes,
animales con ojos de guijarro
y un deseo lujurioso en el gemido.

El sol con el hocico nos recoge,
gotas al fin de la llovizna humana,
con golpes increíbles en los flancos.

Fue una noche increíble y mal sentada
debajo de la lluvia y sus vocales,
gritándonos a chorros tantas sílabas.

Ahora tememos que se vaya el húmedo
sopor que siempre baja a ser en uno
algún antepasado de su especie.
Y hay que subir a verlo en la palabra
donde la fantasía fabrica espejos
para engañar con lágrimas al ánimo.

El cenit y el nadir de frentes lánguidas
donde la mente se volvió ceniza;
los verdes tristes con la espalda abierta
y el porvenir flechado en la angostura
a la que lo condujo como un ciervo.

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FÓSFORO

Herminio Martínez

Es un fósforo el día atento a tu ánimo,
para que el pueblo enciende, al fin, su cólera.

El día sabe tus sílabas mortales,
más que una bandeja la abundancia.

El día es este papel de orillas tristes,
donde secretan fábulas los súbditos.

Es innato en hacer una pregunta,
¿le servirá un testículo al que asciende?

Es duro y circular como el bochorno
de atmósferas de agujas en su reino.

Y la lluvia te asalta a sudor puro
de nube embarazada al dar las cuatro.

Yo no cambio mi amor por un instante
del infinito, tú eres la criatura
que del hombre me hubieron transmitido.

Yaces inmóvil como piedra antigua,
pero en tu corazón eres la llama,
distribuyendo hierba entre los débiles
y una erección social a grito inmenso.

A cada uno lo alcanza la miseria,
a cada quién lo envuelve ese follaje.
Yo tengo la tristeza atada a un palo.

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SOBÁNDOSE EN SEDAL EL MODO PERRO

Herminio Martínez

Al manso, la ponzoña va en su trono
sobándose en sedal el modo perro.
Hacia él navega en aguas que se pudren
sintiendo ya sus éxitos maduros.

Señora de mil súbditos atroces,
guardiana de actitudes desafiantes;
al revés de los montes que amamantan
tallos y noches para darle al suelo
panorama y olor de tórax de hombre.

Reina de los desórdenes floridos;
estiércol que nos cubre el ser a tajos;
jadeo convulso de mujer con crótalo,
ahora te diviertes con mis lágrimas.
Soy postre en el hocico de tu esencia,
tu garra tosca me sujeta el ánimo,
tu cola de remaches me da frío
y sudo por mitad a media noche
y en tu aliento perduro toda el alba.

Al pobre avanza el pérfido aguacero
con su nombre de sal lloviendo rocas
como si el bueno fuera mal nacido
y el energúmeno lámpara votiva.
Es lo que nos sucede en esta época
a todos los que no tuvimos misa
concelebrada ni apretón de manos.
Recuesta su cadáver a llorarlo,
el bueno, al que le dieron con la escoba
y después de morir sigue queriéndonos.

Oh, girasol, no vuelvas la hermosura
hacia donde le pegan con un palo,
arqueándole el silencio hasta partirlo.

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BAJO EL HACHA

Herminio Martínez

Un hermoso dolor hace leña en mi pecho,
la válvula del tronco ha abierto mi costado,
la noche araña el muro, quiere meterse al alma;
acostado en su edad, mi tiempo llora,
acostada en su sien, mi mente sufre,
hincado en su rodilla, mi pie avanza,
se mueve, se ha dolido.

Afuera anda la lluvia de sombrero,
la vida es este bosque bajo el hacha,
a su lado el destino deja caer mitades
de ti, de mí, de tantos
al pie de la colina de una muerte,
una lágrima, un credo doloroso.

Si me prestan la niebla voy a hablar de los asnos
que a golpes resistieron
las maderas intrínsecas
de otros palos compuestos de palabras y montes
con las faldas azules hasta su pie asfaltado.

Si me prestan la franja donde se abraza el pueblo
al zapatazo verde que le remacha el párroco
al pie de su alfabeto,
diré que hay una esquina,
donde apagó su luz un ámbar triste
y el alma en mi interior hace un gemido a mano.

Así, cualquier color se viene abajo
hasta el arado con que siembra el hambre
y el sol derrama otoño en su bragueta,
cielo, arrogancia y ojos en ayunas.

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VORACIDADES

Herminio Martínez

Su perfil es un clavo y un boleto.
Ahí viene, que no pase
a hacer llorar el agua en cada frente,
de sien a sien, como de sol a luna,
ni a remoler el tiempo en cada instante
donde se muere la salud clavada.

Otra vez con su oreja y el relámpago,
nos traerá entre grietas cartas tristes;
el abandono con su trigo seco,
el hambre sin campanas en su aurora,
el pan crucificado en platos fríos.

Ahí viene, que no pase,
colgándose en el hombro las ciudades;
puñetazo que pone en pie a los hombres,
rumor donde la lluvia es tarde fría.

Jamás la muerte se mostró más íntima.
Jamás tantos temores por la ausencia
frente a las posiciones de los líquidos
que arrojan de su ser voracidades.

Jamás la inundación de este abandono
tuvo tal cantidad de letras íntimas
para escribir la altura de una madre
amarrada a la pata de una pena.



lunes, 1 de septiembre de 2014

DIEZMO DE PALABRAS, Sol del Bajío, Celaya, Domingo 31 de agosto 2014


HERMINIO MARTÍNEZ
EL POETA
Indudablemente, es un atrevimiento para quien fue primero alumno, después compañero docente en la Universidad de Guanajuato y por último, integrante del Taller Literario que coordinaba, hablar de la obra del maestro Herminio Martínez. Además de las cotidianas veladas en el estudio del pintor Luis Garcidueñas, en compañía del sacerdote agustino Miguel Martínez –hombre culto y generoso–, y donde también se integraban el profesor Gordillo y el padre Eulalio Gómez, personajes de conocimientos infinitos. Resaltan de aquellas noches memorables, los recuerdos de Herminio y del padre Miguel, su tío, evocando una infancia en las faldas del Culiacán o las interesantes pláticas respecto al origen y peripecias de alguna palabra, en fin, asistíamos, sin duda, a cátedras magistrales dirigidas por el maestro Herminio Martínez. Testigos de aquellas reuniones, son los famosos sonetos que Herminio  dedicó a nuestro anfitrión Luis Garcidueñas y su talento creativo. Todos esos años de convivencia fecunda, me dieron la certeza de la altura que alcanzaba la obra del maestro y aspirar a comentarla desde ese mismo nivel, es imposible para el que suscribe.
Así pues, con la humildad del discípulo que admira a su maestro y amigo, les confiaré mis pensamientos en torno a su obra.

Herminio Martínez dominó con maestría diversos géneros literarios, pero fue ante todo poeta. No es que escribiera Poesía de una manera extraordinaria –que, por supuesto, lo hacía–, la Poesía era inmanente a su persona. Él era un poeta y lo destilaba en sus pláticas, en sus novelas, en sus cuentos, en sus crónicas. El lenguaje poético dotaba a sus textos de profundidad y le imprimía un sello muy personal. A propósito del tema, Xabier F. Coronado en su artículo La dimensión poética de Cortázar expresa que: “La literatura es un arte que mantiene en su seno familiar íntimas relaciones fraternales. Hay poesía en la novela y narrativa en muchos poemas; en el teatro hay fábula y algunos dramas están escritos en verso. Generalmente los narradores muestran una vena lírica, aunque no sea su inclinación manifiesta, y los poetas dejan su huella en cada línea que escriben sea el formato que sea”.

En la ceremonia religiosa para despedir al maestro Herminio, el padre Eulalio resaltó la importancia de la Poesía en la vida del hombre y de los estudiosos que han llegado a compararla con la Teología y, en algunos casos, sobre esta materia. Por otro lado, en el tratado de Filosofía El tiempo y lo imaginario de Adriana Yáñez Vilalta, en el ensayo Recordar es permanecer, afirma que Heidegger en “Los conceptos fundamentales de la metafísica”, plantea una pregunta inicial ¿Qué es la filosofía? Y cita, para definirla,  a Novalis,  poeta romántico alemán: “La filosofía es propiamente nostalgia, algo que nos impulsa a estar en todas partes como en nuestra propia casa”.

Pues bien, nos encontramos ante un poeta por los cuatro puntos cardinales, pero no un poeta cualquiera, porque a diferencia de la mayoría, en su discurso poético hay unidad, continuidad, coherencia y lógicamente, evolución. Existe un hilo conductor en toda su obra, tan palpable, que bien pudiéramos afirmar, que nos encontramos frente a un poema dividido en múltiples libros.
Herminio fue un poeta que escribió sólo un poema, independientemente del tema que abordara, hay  un argumento latente, un coro axiológico sólido que honra sus raíces campesinas y da voz a los desposeídos, los asalariados, a la angustia de las clases medias de los que formó parte. 

La selección de poemas escritos en las diferentes etapas de la vida del maestro Herminio Martínez que se publican el día de hoy, confirmarán, estoy seguro, lo que he expuesto.

Salvador Pérez Melesio
Verano 2014

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RUINA

Herminio Martínez

De este lado del tiempo,
donde nuestra raíz, en otra hora,
fuese dulce canción y mar de plumas
para que en los amaneceres
se bañara, sentada, la pupila,
se está haciendo la noche,
un terrible aguacero de sollozos
golpea nuestra persona
y no hay dolor, ni lágrima, ni miedo,
que no lleve consigo un niño pobre,
 una mujer talada de sus hijos,
 un esposo ya viudo de esperanza,
carcoma de palabra o sucia fe de iglesia,
crujido de semilla que se quedó sin surco,
labios secos de surco que se quedó sin agua.

El tiempo de este tiempo llora afuera
de todos y de todas las raíces,
derramando vacíos, ecos profundos,
olas de nombres muertos,
desde que el odio organizó la noche
al lado del dinero y los discursos
y no ha vuelto a salir el sol de antaño,
sólo un mar de cabezas cercenadas,
cadáveres que nadie ha reclamado,
relámpagos oscuros que nos hieren
a pedradas y voces de político
que alguna vez lloró como alguien jura
 madre, futuro y paz, risa y trabajo,
sin que hasta este escalón en que se sienta
el alma a deletrearse el esqueleto
haya habido minuto sin pies rotos,
instante sin los dientes quebrantados,
vigilia sin llorar sobre este polvo
con que la ruina sepultó a la patria.

Desde esta oscuridad, dios en potencia
de todo lo humillado y lo perdido,
me pregunto por mí y por ti, mi prójimo,
y las preguntas tiemblan en sus ramas
de árbol que falleció en cada lenguaje.

Sólo queda el dolor de savia en germen
y la esperanza de que vuelva el día
cargado de entusiasmo hasta los hombros.
Entre las cicatrices del desastre
está de pie una esperanza en vela,
el alba de un amor como una isla
para los descendientes de otras épocas.
Está la tumba de la llama rota
y el grito del hermano que no ha muerto;
el corazón del pueblo levantado
a la hora en que almuerza lumbre el alba,
y la voz de la vida se adelanta
a deletrear con ánimo una estrella.
Está la plaza indígena
donde los extranjeros venden aire
y luz embotellada por decreto.

Ahora se hace la tarde, baja el viento
vestido de montañas y llanuras
en las que alguna vez fuimos felices
antes de que la sombra organizara
sus huestes de catástrofe y tormentas
o vinieran de lejos a decirnos
que respirar aquí se paga en oro
y vivir es colgarte con los hijos
en el cuello del alma mientras lloras.

Me voy a desangrar bajo otro puente,
hacia otra soledad de llanto ciego,
el día, muchacho de oro, se desnuda
y se acuesta a dormir en la miseria.

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TORMENTA

Herminio Martínez

Pasen a ver cómo se muere un hombre,
pero dejen afuera el estorbo del llanto;
esos pétalos tristes eran la flor de su alma,
ese aleteo sin aire fue alguna vez su risa.

Desde el amanecer de sus raíces
la mano de la muerte lo vino persiguiendo.
La joven ansiedad se aferró a aquel arado
que sembraba los ojos
en un suelo que sólo daba sed 
entre los dos crepúsculos.

Alma deshilachada hasta el último hilito de la risa.
Los pies del trueno trituran ya su brillo
y todo el viento azul, que fue el último pecho
con el que se enfrentó a la infantil contienda
antes de que la cordillera de los pérfidos
fuese tan espantosa serpiente despeñada.

Ahora está lloviendo,
a latigazos se levanta el ronco
vocablo que es el trueno, un rayo baja
de su estatura al viento, se estremecen
los cimientos del pánico y las casas
bajo el sacudimiento derramado:
cántaro de cuchillos, palabra de metal
contra la residencia del oído.

Se arrincona el silencio, asustadiza,
la paz arrodillada ante el desastre,
se rompe bajo el verbo que conjugan
las sílabas dentadas de este fuego.

Una revolución de piedra y vidrio
golpea con sus caballos, calla el tiempo
como si por sus relojes derramara,
también la vida, adolescentes muertos.

Al lado del rumor las hojas tiemblan
como estrellas sin luz, un mundo cojo
anda buscando cosas, llora un niño
detrás de una pared, todo se alumbra
debajo de la lengua del relámpago.

Ahora está lloviendo,
como si de remotísimas regiones
troncos de agua pasaran por las nubes,
golpeándose, parándose y continuando el viaje
en esa habla glacial de las tinieblas.

Bramido de la espuma, cielo turbio,
ejércitos de gotas y de espadas,
la eternidad cayéndose a pedazos,
el corazón del sueño a lodo y lumbre.

Adentro y fuera llueve
el alma de la voz, la nube trágica
que es esta soledad, avispa o tábano,
que nos hunde aguijones en los hijos
toda vez que en la tele las noticias
son sólo manchas negras, sangre joven
desnuda hasta el pudor, hasta la ingles,
hasta el pezón de una tristeza amarga.
Sin embargo, con todo y Presidente,
Congreso, Senadores, Diputados,
el potro del relámpago pasea
en su lomo de fuego una esperanza.

De la vertiginosa carretera sube
a pie sobre los jóvenes la muerte,
a esta hora del presagio y del desastre,
de la zozobra gris llena de pelos,
en que a la frente del país la envuelve
la sombra sanguinaria del discurso.
.
La copa del amor rebosa en sangre.
¿Quién desató estas manos con cuchillos
hacia la cabeza de mi prójimo?
¿Quiénes para sobresalir en lo económico
empinan cuerpo y alma
en lo más genital de lo político?
¿Quién quiso que la vida fuera sombra
desalmada pasando por los pueblos?
¿La mano dura del destello armado?

Una flor de agua seca es la memoria
que roe la muerte hasta encontrar al hombre.
¿Qué idioma trae cogido de la oreja
la turbulenta nube del acoso?
¿De qué nos habla en su dolor la piedra?
¿Del que viene del sur desfalleciendo
en una voz de bosque y pinos altos,
brisas de espuma, lluvia de jazmines,
ala de madre, espalda de colina?

No cumplieron la edad del sueño niño
antes de que la negra dentadura
dividiera a mordiscos la pradera.
Cadera del terror, hueco profundo,
mochila al hombro la palabra muerta,
pecho cerrado a golpes, tarde cálida,
lecho de labios tristes, pubis roto,
historia de una edad quebrada a gritos.

De flor en flor, como una abeja herida,
sale a buscar la luz y encuentra pétalos
arrugados, que fue el fulgor de todos
cuando desayunábamos, prendidos
al pecho del sosiego, tragos dulces,
y había una mano o casa siempre abierta
y un beso en el balcón rozando el aire.

Pero ahora la verdad es esta máscara
y así camina el joven que fue de oro.
El padre de familia derrotado
por calles con la boca desdentada
y la desolación en obra negra
lo persigue en sus sílabas rapaces.

Estatuas mutiladas, pan de trigo,
la historia se revuelca en sus espumas
mientras torvos aúllan los pontífices
de uno y otro credo, hasta los codos;
dan ganas de correr a corregirle
los capítulos que hablan de política
y vaciarle en la boca esta tormenta,
y preguntarle a este oro furibundo
que se desgrana en víboras ardientes,
por la felicidad en el derecho,
por la justicia en el revés sangrante.

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A UN OLMO

Herminio Martínez

De piedra en piedra, como avanza el día
cuando se sube el sol a la cabeza
para vaciar la tarde en la llanura,
a estar conmigo vienes con tus platas.

Hoy estoy a las puertas de mi casa,
que eran las mismas puertas a aquel sueño
en el que jugábamos felices
debajo de tus hojas, en la noche,
tan rota, que salían en ríos los astros.

Vuelvo a ver a mi hermano, estaba triste
en el corral mirándote y mirándome.
Quería abrir la ventana
que lo llevara a conocer el mundo,
donde hubiera trabajo y las monedas
no fueran nada más este saludo,
que tú le das a todos, inclinándote.

Al otro día se fue
por los rojos caminos de la tarde,
que el día andaba vaciando en la llanura:
hostia sangrante entre los cuatro cerros,
y nunca ha vuelto con su sol derruido.

Mi madre, en cada casa, hablaba de él.
Y mi padre, doblándose,
como tú en tu odorífica costumbre,
volvía a retoñar al día siguiente,
igual que yo cuando al pasar mi infancia
por tu lugar, de pronto recordaba
políticos en gracia siempre obesa,
que en sus imaginaciones le servían
al pueblo,
hablando en voces que eran copas.

También soy de madera, retrayéndome.
Plumaje de emoción, tu copa esbelta
se llena con lenguaje de los montes.
Corteza que se afana en ser un canto
en este punto incógnito del orbe.
Hasta acá llegaré siempre con música
de amor a hablar contigo de nosotros,
quienes, sin ser disposición ni bando,
entre los corazones de madera
te dolemos del pecho a las rodillas.

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MURIÓ MI ÚLTIMO TRAJE

Herminio Martínez

Aquél del corazón en la bastilla;
la corbata está triste, un agujero
me guiña el ojo desde su amplio nudo.

Adentro de mi ser hay un derrumbe,
lo intuyo por la noche en que nos pasa
la eternidad, palpándonos la vida.

Un racimo de viernes en ayunas
ya le colgaba en las solapas tristes,
en hilos lamentables que da el hecho
de ser hembra y ser macho en esas almas
trabajadas al tacto por la ausencia.

Sus costuras están aherrojadas,
cada ojal en su orilla es un sollozo.
A mí me duele su color antiguo
y el botón que no cabe
porque también se le cerró la puerta.

Algo tiene de padre ya difunto.
Algo tiene de mí, de niño y de hombre.
Sus bolsas ya no guardan manos dulces
para comprarle una sonrisa al hambre.

Su amorosa manera de vestirme
me duele por su forma de narrarme
una historia de amor escrita a golpes.

Sepa la bola

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