lunes, 25 de septiembre de 2017

UN DÍA EN LA VIDA DE CUALQUIERA


UN DÍA EN LA VIDA DE CUALQUIERA
-Dos narradoras reincidentes-

Si a usted, estimado lector, estas historias de un día en la vida de cualquiera le parecen conocidas, es porque ya le pasaron alguna vez o sabe de alguien a quien ya le acontecieron. Y como así pasa cuando sucede, presentamos a dos narradoras del Diezmo de Palabras que han puesto en alto el nombre de Celaya tanto en México como en el extranjero. Todo parecido con la realidad es mera coincidencia. Aunque en este caso, es la reincidencia de algo llamado vida. Vale.
JEM

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EL COCHE
Vero Salazar G.

El tío Rafa llegó ese domingo temprano a su casa, venía de lavar su coche ya que en la tarde pensaba salir con sus amigos a jugar billar. La tía Cata quería ir al cine pero él prefería jugar con los amigos al billar, eso era más emocionante y no se lo podía perder. Era mejor un pleito con la tía Cata que las burlas de los amigos si se daban cuenta de que los plantó por llevar a su esposa al cine. Además, después de estar toda la semana en casa y sin salir, bien se merecía un rato de esparcimiento con los amigos.
Pero los otros planes de la tía iban a arruinar los del tío, por supuesto se enojaría pero se lo merecía por tratarla mal. Así que cuando el tío Rafa se sentó en su sillón a ver el futbol con su cerveza en la mano, la tía Cata fue veloz a darse un baño; ya toda arreglada y perfumada dejó una nota en la cama y despacito se acercó a donde tío estaba roncando, (se durmió mientras veía el futbol). Con cuidado le quitó las llaves  del coche y con ellas en las manos salió a toda prisa ahogando un grito de alegría. Se subió al coche emprendiendo la huida con rumbo a ¡la libertad! Cata reía cuando pasó por su amiga Vero, a quien invitó a irse de parranda y así las dos, con un helado de fresa y chocolate, pasearon por la ciudad a toda velocidad.
El tío Rafa despertó de su siesta, vio el reloj y raudo se levantó del sillón. Ya era tarde para irse con sus amigos y como estaba listo empezó a buscar las llaves de su coche y como no las vio, le gritó a la tía: ‘¡Cata, Cata! ¿Dónde diablos te metes, que no vienes?’ Y como nadie contestó, furioso empezó a buscar por toda la casa.
Por las calles de la ciudad, Cata, con su amiga Vero, van a toda velocidad y por comer chocolates, la tía Cata se pasó un semáforo en rojo. Para su mala suerte la vio un oficial de tránsito, marcándole el alto inmediatamente. Le pidieron su licencia de conducir. Por supuesto que la tía Cata no tenía licencia ya que ella no maneja pues el tío Rafa nunca le presta el coche, así que con una sonrisa en los labios dice:
—Mire, oficial.
—Sus papeles, señora.
—¿No se puede arreglar de otra manera? -preguntó la tía Cata.
—Señora, sus papeles –contestó con voz firme el oficial.
Con una voz más fuerte la tía Cata le dijo:
—Usted no sabe quién soy, no sabe, ¿eh?, ¿no lo sabe?
—No señora, no sé quién es Usted, pero si me lo dice...
—Soy la tía Cata y no traigo papeles, contestó en el mismo tono de voz.
—Pues si no trae papeles me voy a llevar el carro al corralón, así que se bajan o me las llevo junto con el carro.
Ni tardas ni perezosas, la tía Cata y su amiga Vero, se bajaron del coche y abordaron un taxi para regresar a sus casas. Al llegar Salió a encontrarla un enfurecido tío Rafa.
—Cata ¿dónde diablos andas? ¿Y mi coche? ¿Qué hiciste con él?, dame las llaves rápido que me esperan mis amigos.
—Si quieres tu coche vas a tener que pagar la multa porque está en el corralón. Así que por hoy olvida a tus amigos. ¡Ah!, para que veas que soy buena gente, te dejaré ver el futbol sin molestarte.
Y contoneándose se dirigió a la cocina por dulces y alzando la mano le hizo la seña del adiós. El tío Rafa se quedó parado a media habitación hirviendo de coraje.



LAS CALORÍAS
Vero Salazar G.

Un día en la vida de la tía Cata y el tío Rafa es un día común. Cata y su eterna lucha con los kilos de más. Su marido, el tío Rafa, siempre le dice a la tía que a él no le preocupa llevarla a la playa ya que el salvavidas lo trae integrado. Por supuesto que Cata llora y lo maldice y termina abriendo el refrigerador para comerse el helado de chocolate que compró el día anterior, mientras que Rafa, sin acongojarse, se sienta en su sillón favorito -cerveza en mano- a ver el fútbol en la tele.  Después de terminarse el helado y no habiendo más, tía Cata, con el ánimo ya mejorado notablemente, se acercó al tío Rafa y le dijo:
—Rafa, ¿por qué me dices que estoy gorda? estoy de acuerdo que tengo algunos kilos demás pero no es para tanto, lo que pasa que tú ya no me quieres.
El tío, cansado de la misma cantaleta, contestó:
—Ya, Cata, no seas melodramática. No puedo esperar que tengas el mismo cuerpo que cuando nos casamos, tanto tú como yo, no somos los delgados jovenzuelos de antes.
Cata se sentó en el sillón de enfrente y sin dejar de gimotear respondió:
—Pero Rafael, sí debemos de reconocer que los dos hemos cambiado, pero yo subí el doble de kilos que tú y eso no lo comprendes, además te vi mirando a la Lupe, la de la tienda, que está delgada como varita de nardo.
—Mira Cata, si la vi, es que me recuerda a ti, pero solo eso, ella tiene su novio. Y ya deja todo por la paz que quiero terminar de ver el fútbol y así no puedo.
Gimoteando, la tía Cata solo pudo decir:
–Sí, ya lo sabía, solo te interesa esa tele, el fútbol y la cerveza. ¡Y a mí que me parta un rayo!
El tío Rafa siguió en lo suyo, fingiendo no haberla escuchado. La tía Cata se va por unos chocolates y así transcurre su día. Una comiendo golosinas y llenándose de calorías y el otro sentado en su sillón acostumbrado, cerveza en mano y viendo su deporte favorito.



LA LLAVE
Verónica Salazar García

Otro día en la vida de la tía Cata y el tío Rafa.  Esta vez la crisis de la tía se encuentra en la cocina, específicamente en el fregadero de los platos. El tío, como siempre, sentado en su cómodo sillón, cerveza en mano ve la televisión, cuando como ráfaga se hace presente la tía Cata. Pegando gritos ensordecedores vocifera:
—¡Rafa! ¡Rafa! Tengo una fuga en la llave del agua del fregadero ¿Puedes hacerme el favor de llamar al plomero?
—¿Cómo? pero si estaba bien ¿Qué hiciste ahora Cata? -dice con voz impaciente.
—¿Cómo que hice ? Pues nada, pero debes de saber que todo por servir se acaba.
En un susurro y mirándola de reojo, Rafa dice:
—Sí, ya me di cuenta.
—¿Qué dijiste? grita la tía.
—Nada, nada, Cata. Dime ¿Qué pasa?
La tía eleva las manos al cielo y exagerando sus gestos, como era su costumbre, le dice:
—Es la llave del fregadero que tiene una fuga de agua. Con lo cara que es y se está desperdiciando.
—No te preocupes mujer, que yo lo arreglo
—Pero, ¿seguro que sabes hacerlo?
—Dime, mujer, algo que no sepa hacer.
—¡Uy!, mejor no digo -murmuró Catita.
El tío Rafa, se levanta de su lugar preferido, se dirige a la cocina con grandes y seguros pasos, no sin antes buscar de paso sus herramientas; al llegar y revisar el desperfecto, con una sonrisa segura voltea, ve a su mujer y le dice:
—¿Ves, Cata?, esto es pan comido.
—Pues date prisa que quiero terminar pronto de lavar los platos para ver mi telenovela.
—¡Uf!, creo que está muy duro, no puedo darle vueltas, necesito darle más fuerte.
—¿Si lo puedes hacer?
—Que ya te dije que sí, solo le daré con más fuerza.
Y al dar otra vuelta con la llave de su herramienta, ésta truena y con gran presión empieza a salir el agua, desparramándose y mojando todo, haciendo un gran charco en el piso.
—¿Qué has hecho, Rafael?, -da un fuerte grito la tía.
—¿Qué no ves? Se rompió la llave.
—¿Y ahora qué harás ?
—Yo, ver el fútbol y tú, pues llamar al plomero. Lo siento, te vas a perder tu telenovela.
Diciendo esto pega la vuelta y regresa a la sala. La tía se queda mirando el reguero de agua. Está sola y enojada, ya no verá su telenovela.

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MATRIMONIO FELIZ
Rosaura Tamayo Ochoa

Manuel y Lorenza ya con cuarenta años de casados. Se preparaban para dormir. Manuel se acuesta primero y después Lorenza y él le dice.
—Te he dicho que cuando te acuestes a dormir no te dejes los zapatos puestos.
—Manuel, no te hagas el inocente, antes de acostarme me los quité.
—Lorenza, entonces póntelos. Ya me has dejado todas las patas arañadas con tus uñas.

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DELITO EN LA ROPA
Rosaura Tamayo Ochoa

“Arriba las manos” quedan todos detenidos. Los he descubierto en sus fechorías. Han entrado a robar en esta tienda, no tarda en llegar la patrulla con refuerzos. Tienen derecho a guardar silencio. Tienen derecho a un abogado, si no lo tuvieran se les otorgará uno de oficio. Tienen derecho a una llamada telefónica. Ya ladrones los he atrapado con el delito en las manos. Esto será suficiente para que los dejen en la cárcel por mucho tiempo !Las manos sobre la cabeza ¡ ¡separen los pies¡ y cualquier movimiento en falso, disparo.
-Hay Filomeno, no sería más fácil sólo me dijeras que me quitara la ropa y que quieres hacer el amor?, además con esa pijama de borregos que traes puesto, ni das miedo como policía, cuando menos deberías comprarte una placa y una pistola de juguete.



SOY HERMOSO
Rosaura Tamayo Ochoa


Odio que la gente no admire mis bigotes, es odioso y fastidioso que no quieran hacer lo que quiero y me gusta. Odio el agua y el jabón. No sé de reglas ni de normas de sociedad. Me gusta salir por las noches y dormir en el día. Escojo con quien quiero estar. Me gustan las almohadas de plumas y con olanes. No tengo horarios para mis comidas ni para mis siestas. Las noches son para mi fabulosas, llenas de fiestas y alegría. Puedo tener una o varias parejas. Odio que me encierren y que me abrume la gente. Lo que si me encanta es que me digan que soy un gato hermoso y ronronear.



*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

domingo, 17 de septiembre de 2017

ANDAMOS COMO ANDAMOS


ANDAMOS COMO ANDAMOS

“Andamos como andamos porque somos como somos.”
El filósofo de Güemes


MANUEL Y GERÓNIMO
Lalo Vázquez G.

Manuel y Gerónimo son dos viejos compadres que se conocen desde chiquillos y siempre han vivido en el mismo ranchito toda la vida.  Un lugar que está olvidado por el gobierno del estado de Guanajuato. Donde nunca pasa algo. Hace apenas un año que les pusieron la electricidad y una que otra persona tiene su televisor. La gente se dedica al campo y eso sí, todos son muy trabajadores. Pero el campo es muy difícil, no da mucho dinero como para hacerse rico y menos con las pocas tierras que tiene cada habitante. ¡Ah! pero eso sí, el ranchito tiene su templo y su bonito jardín que es lugar de reunión de todos lo que ahí viven.
Un día, como cualquiera de los que pasan en el rancho, venia corriendo Manuel rumbo a la casa de su compadre Gerónimo, buscándolo, todo agitado de la carrera que traía. Al llegar a la casa se asomó al corral que tenía una barda de piedra no muy alta, ahí vio a Gerónimo que le estaba dando de comer a unos guajolotes y le grito
 —Geró, Geró ven pa acá, ¿a quién crees que me acabo de encontrar?, ni me lo vas a creer.
 —Cálmate, Mane ¿pos qué traes?
  ̶ ¿Si te acuerdas que dijeron en la tele que un tal Chapo se escapó de la cárcel, un guey pelón?
—¡Ah!, pos creo que sí, ¡hey! Sí, sí que me acuerdo.
—Acuérdate Geró que por ese fulano están dando sesenta millones de pesos de recompensa, hasta dijeron que esa cantidá era la más alta en toda la historia del país, que nunca habían dado tanto dinero.
—¿Y eso qué pues, o qué?
—Pos que el señor ese pelón que se escapó, está sentado ahí en el jardín. Yo mesmo lo vide con estos ojos que se han de comer los gusanos, está con una bola de pelaos mal encarados y todos andan armaos, pero están muy quitados de la pena tomándose unas birongas. Y ahorita mesmo lo voy a denunciar, pero la cosa es que no sé ni a donde tiene uno que llamar, ¿tú no sabrás a que número de teléfono se reportan las gentes que se escapan de la cárcel? ¡Me van a dar sesenta millones! Si tú te sabes el teléfono pos ahí te doy unos mil pesos, ¿cómo ves?, ¿le entras?   
—No, Mane, sesenta millones es muncho dinero; nomas imagínate si te dan todo eso no va a faltar quien te secuestre o no vaya a ser el diablo que hasta te maten por ahí. Además nomas piénsale, ¿onde vas a guardar tantísimo dinero? Y los fulanos esos con los que anda ¿tú crees que se van a quedar muy tranquilos? No, Mane, ni te metas en eso, yo creo que pones en riesgo a tu familia, a tus carnales y pos hasta a los del rancho y a mí también, olvídate Mane, olvídate.
—Hey, pue que tengas razón, no había pensado en eso, ¡sí! sesenta millones es harto dinero, ni modo de tenerlo abajo del colchón. Ya ves que se me fregó la puerta de la casa. Ahora que llovió se hinchó con el agua y ya no cierra, y sí, compa Geró, tienes muncha razón; pa que los arriesgo a todos, voy a hacer de cuenta que nunca lo miré al fulano.

Transcurrió toda la semana sin que los compadres se vieran y era muy raro porque todos los días platicaban. Si no era en el jardín del rancho, era en la casa de cualquiera de los dos. Cuando de pronto de oyó un grito en la casa de Manuel.
—Compadre Mane, compadre Mane, on tá. 
—Acá en mi cuarto, compadre Geró, pásele.
—Venga pa acá, compadre, aquí lo espero.
Cuando salió Manuel de su cuarto y vio al compadre Gerónimo no lo podía creer estaba vestido con un pantalón de cuero color negro, pegadito y una hebilla grande dorada bruñida como cinturón de lucha libre; unas botas picudas de cocodrilo, negras también y de lejos nomás le brillaba un anillo de oro en cada mano; una camisa blanca vaquera con los hombros bordados en cuero negro  formando unos caballos, con un corbatín cerrado con herradura dorada y una tejana finísima, negra. Se quedó Manuel con la boca abierta y le preguntó.
—¿Y eso compadre, a donde vas tan elegante o te vas a volver a casar o qué, de donde sacaste esas garras tan finas?
—No, mi compa Mane, eso no es todo, ven a echarle un ojito acá afuera, nomás pa que veas lo que traigo.

Al salir a la puerta de su casa, afuera estaba una camioneta Hummer H2 de las más lujosas, color negra, súper equipada, con vidrios polarizados, completamente blindada.
Voltea Gerónimo y le dice a Manuel,
 —Eh, ¿cómo la ves?
—A todo dar -contestó Manuel- y pos todo esto se me hace muy raro, ¿cómo le hiciste, te sacaste la lotería o qué?
—¿Te acuerdas que hace ocho días tu vites al tal Chapo en el jardín?
—¿A poco lo denuciates?
—No Mane, fui a buscarlo ese mesmo día y el hombre me saludó muy bien. Yo le pregunté que si ya sabía que al que lo denunciara le iban a dar sesenta millones y nomás se rio, me dijo  ‘no les creas eso, si tú trabajaras conmigo ganarías más dinero’ que lo único que tenía que hacer era cuidarlo y manejar esa troca y me aventó un fajo de billetes y me preguntó  ‘¿quién te dijo eso?’ y pos le comenté que habías sido tú, compadre. Luego me dijo ‘con esa lana cómprate una ropa, la que más te guste y te pones a chambiar conmigo, ya después le vas a llevar un recado a tu compadre de parte mía’, y pos aquí estoy para darte el recado, compadre Mane. Pos dice el famoso Chapo, ahora mi patrón, que yo como soy su encargado de la seguridad que venga y te diga que si por alguna razón lo denuncias, quiere que sepas que te va a cargar la chingada a ti y a toda tu parentela y el mero que se va a encargar de ponerles en toda su madre, pos soy yo, tu mero servidor, con este fierrito que me prestó. Y si no sabe lo qué es yo mesmo de una vez se lo digo: es una pistola 45 con cachas de oro. Así que ya lo sabe, pinche compadre, cállese el hocico y bájele a su pedo o se lo carga el payaso.




POLIRETOCADA
Patricia Ruíz Hernández

El aeropuerto se encontraba abarrotado. Entre  la multitud se distinguía Sandra, una mujer de treinta y cinco años, atractiva, soltera, quien cuidaba en extremo su arreglo personal. Portaba vestuario un tanto llamativo para el promedio de mujeres que caminaban por los pasillos y, cuando viajan, prefieren  hacerlo de manera cómoda, con ropa deportiva, calzado tenis y sin maquillaje. En cambio Sandra nunca perdía el glamur, su cabello recién pasó por la secadora, las tenazas y una nube de spray; en toda ocasión usaba tacón de quince centímetros,  aun cuando fuera totalmente inconveniente, como en un paseo por la playa o un día de campo.  Debía tomar un avión a la ciudad de Los Ángeles, pues tenía cita con un prestigiado  médico  y después aprovecharía para ir de compras. Con frecuencia viajaba por placer o para adquirir ropa y accesorios. Gozaba de una posición económica muy buena ya que sus padres le heredaron un patrimonio considerable.   
Un tanto impaciente por la lentitud con que el personal del aeropuerto atendía, esperaba su turno para pasar por el filtro de seguridad. Cuando le tocó la revisión, el empleado le solicitó el pasaporte y ella lo entregó, enseguida lo revisó minuciosamente.
 —¿Es su pasaporte vigente?
—Ajá, ¿qué no ve lo sellos?
—Disculpe señorita, ¿me puede acompañar a la oficina?
—¿Hay algún problema?
—En un momento lo resolvemos.
—Lo hago a usted responsable si pierdo el vuelo, por su ineptitud –dijo enojada.
El empleado acudió con el jefe de seguridad para mostrar el pasaporte, explicando que la foto no correspondía con la mujer que tiene enfrente.
—¿Es usted Sandra Del Valle?  -interrogó el jefe de seguridad.
—Sí.
—¿Puede explicar por qué la persona que aparece en la fotografía no es usted?
—Por supuesto que soy yo.
—Es normal que las damas cambien su aspecto, pero esto se sale de toda proporción.
Siguió un largo interrogatorio para aclarar el malentendido, quizá fuera necesaria la presentación de otros documentos o el reconocimiento de las huellas dactilares. Sandra recordó cómo llegó a esta situación y así lo narró al oficial del aeropuerto.

Dos meses antes se encontraba postrada en la cama de un hospital, después de salir del quirófano donde se sometió a una intervención quirúrgica estética del rostro, que a decir de los médicos fue todo un éxito. Conectada al suero, por enésima vez padeció dolor, no obstante lo soportó con entereza, pues sabía que era el precio que tenía que pagar. Los siguientes días fueron de molestias e incomodidades, su cara estaba  hinchada y amoratada, no era la primera vez que vivió esto, y seguramente no sería la última.
Más tarde, llegó su amiga Cecilia. A pesar de contar con numerosos conocidos y supuestos amigos, ella era la única que la visitaba, aquí se aplicaba lo de en la cama y en la cárcel se conoce a los amigos. Intentando ser útil le ofreció algo de comer, pero Sandra lo rechazó. 
—Odio la dieta del hospital, ¡No me gusta! -exclamó Sandra
 —Trata de probar un poco, una vez que salgas, comerás lo que te gusta. En unos días el doctor te retirará los puntos.
—Debo contarte que antes de esta operación, fui con otro doctor que me sermoneó, según él es innecesaria cualquier intervención quirúrgica, me dijo que no debo arriesgar mi vida.  El infeliz mencionó que necesito tratamiento psicológico porque soy adicta a las cirugías estéticas.
—Yo no te juzgo, tú decides lo que es mejor para ti, si te hace feliz operarte pues hazlo, es tu dinero y tu cuerpo.
—Gracias por tu apoyo. Así que mandé a volar a ese doctorcito y me busqué otro.


Sandra tenía la ilusión de verse al espejo y encontrar un rostro y cuerpo hermoso. Cuando veía su reflejo, solía sufrir depresión, todo en ella le desagradaba.  Sin embargo,  no tenía por qué resignarse, la ciencia médica debía estar a su servicio, no escatimaría esfuerzos, costara lo que costara.  Se soñaba bella y perfecta, sin los defectos de nacimiento. Hay quien estúpidamente llamaba a su padecimiento obsesión.
—Las personas que conozco no me expresan honestamente lo que piensan de mí, hablan a mis espaldas, los escucho cuando dicen que soy narcisista, vanidosa y adicta al bisturí. Son crueles conmigo, hasta me han llamado mutante o adefesio. 
Cecilia no dijo nada, su papel era apoyar a su amiga, aunque sabía perfectamente que abusaba de las cirugías. Creía que no tiene caso hablarle con la verdad, pues Sandra estaba acostumbrada a hacer su voluntad, no entendía razones y lo único que provocaría sería perder su amistad.
Por su parte, Sandra debía soportar las burlas y las murmuraciones de las personas que cuchicheaban a sus espaldas, pero después de todo lo que ha sufrido, confía en el futuro. Será feliz cuando se convierta en una hermosa mujer.  Ella se consideraba como una oruga, deslucida y fea, pero tiene esperanza que ocurra el milagro de la transformación y al igual que una mariposa, surja de los vendajes convertida en un ser bello, sólo tiene que ser paciente y esperar con optimismo la metamorfosis.


El jefe de seguridad finalmente pudo observar en su cara algún rastro de lo que ella fue, convencido de su identidad le permitió partir.



*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

domingo, 10 de septiembre de 2017

LOS RITMOS OCULTOS DE LA VIDA


LOS RITMOS OCULTOS DE LA VIDA

“Llamo poetas no solamente a los que introducen un ritmo en el lenguaje, sino sobre todo a los escritores que saben y hacen oír los ritmos ocultos de la vida. En cuanto una obra sugiere esta impresión de cambio regular de un tema, de una actitud, de un pensamiento, introduce en el desorden de las cosas una armonía inteligible y se convierte por esto en una poética. El tema puede ser un tema natural como el cambio de las estaciones o el movimiento de las olas.”
André Maurois: Dickens, 1937


El desorden las de las cosas... se transforma en armonía inteligible. Se vuelve poesía. El gran escritor francés, André Maurois, dedicó gran parte de su obra literaria a estudiar a otros autores, entre ellos Dickens. Al señalar que el poeta sabe oír y hacer que los demás escuchen los ritmos ocultos de la vida indicó la pauta que guía a muchos escritores: Hacer que el lector escuche. Nuestros compañeros del Diezmo de palabras virtual, aportan sus textos para que usted los oiga, a pesar de la distancia y el tiempo.


            Queremos mencionar con todo respeto a nuestra compañera del Diezmo virtual, la joven escritora quien con el nombre de Denisse Dacroiss dejó un legado de amor, paciencia y entusiasmo a pesar del cáncer, que a la postre sería la causa de su prematura muerte en el mes de agosto pasado. Ella misma se definió en ocasión de la presentación de su primera novela, Alasthor, el príncipe maldito: “Escritora de novelas, joven, alegre, divertida, fresca, amorosa, amante de su familia, trabajadora, una persona confiable, gran amiga que lucha por la vida, sobreviviente del cáncer. Escribe novelas románticas, fantasía y épica medieval. En todos sus escritos encontrarás un claro mensaje: Nunca te rindas en perseguir tus sueños, descubre a través de sus letras la determinación y el coraje para ser alguien grande, ese alguien con el que siempre has soñado ser. Encuentra en la pasión de tus palabras tu motivación.”
Ella nació en el 3 de enero de 1985 en Celaya. Descanse en paz.
JEM

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SIN UN NOSOTROS
Diana Alejandra Aboytes Martínez

Los solos son esos locos que aman
aún sin el pronombre nosotros en los brazos.
Desnudos, como ángeles equivocados
como soles rojos en un bosque oscuro.
Con labios que buscan la boca
y en su fiebre inventan besos
para que un relámpago dé luz
a la incesante muerte que los llama.

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FIAT LUX
Gastón Molinares

Lo que me falta
es aliento
hacer a una flor crecer en pavimento.
Durante la calle grito por el aire
y voy sordo por el tiempo,
cada hora es una en el cuerpo construido,
una lámina de plata
entre eso que separa.
Uno dice hágase la luz
y sopla fuego.



CONJUGACIÓN
Bertha Cárdenas

Amar, querer, odiar, desear,
besar, hablar, cantar;
versos en infinitivo
me ha tocado conjugar,
aunque mi gerundio amado
da por hecho haber amado,
en estos y otros tiempos amatorios.
El querer era queriendo mucho a mi querido,
y en años postreros el hastío nos llevó a odiar,
y odiando haber odiado lo más sentido,
pero al desear de nuevo tu calor
y deseando el olor a Givenchy
tengo que conformarme con lo deseado.
Al besar tu fotografía soy feliz besando
todo lo posible besado,
y quiero contigo hablar
y que tranquilos estemos hablando
de lo que hasta la saciedad hemos hablado,
y ya después de nuestros sentimientos cavilado,
cantar sonrientes y apasionados,
cantando vítores a la vida
y al amor canciones
que muchos autores han cantado.
Sintaxis, sé benévola conmigo
me traiciona el subconsciente
tan inconsciente con mi consciente.

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LEVÁNTATE Y HABLA
Gabriela Cázares

Levántate y habla
lengua mía
despierta en tu saliva
el paraíso y el infierno
haz que a mis ganas
les crezcan ojos
para palpar tu carne
de verso nido.
Levántate y anda
y al andar
haz andar al mundo
porque tu pie desnudo
es raíz de frutos
que preñan el mundo
cuando danzan
en la estéril tierra
de éste mundo
sin mundo.
Levántate y háblame
voz de verso
que la campana de tus labios
me convoque
al altar de tu silencio
donde en ritual de agua
me bautices
y nazca yo en tus labios
a éste paraíso.
Levántame, ándame
teje con tus sueños
la red infinita
en que ávida de mi
voy a tu encuentro
para ser eternidad
en cada instante
y besar en tus ojos
la finita infinitas
de este rincón de muertos.

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A SOLAS
Bertha Cárdenas

A solas
cuando nadie me ve
empiezo a desnudar mis pensamientos
suelto el listón de mi cabellera
y los rizos como serpentinas desbocadas
en el vaivén de la libertad
me dan sensación de paz.
Cae mi vestido de canesú y olán vintage
seguido del corsé
que ahogaba mis más dulces recuerdos,
la crinolina de encajes
por demás de exquisita tersura
que acompaña siempre el andar de mis extremidades
que tiemblan al más mínimo roce de la nostalgia,
los zapatos vuelan por el aire
viendo cómo después de haber andado caminos sinuosos
descansan de la carga de embates febriles y turgentes,
de ahora en adelante caminarán sobre alfombra de templanza.




MUERTO A POLVO
Martín Campa Martínez

De vivo a muerto,
de muerto a polvo,
una vela encendida
como mis huesos.
De carne a luto,
de luto a llanto,
la tragedia mordiendo
mis pupilas rotas.
Un recuerdo que pasa,
un áspero pésame,
mis hijos que gimen
con olor de ausencia.
Un rosario perpetuo,
una sábana limpia,
son tantos murmullos
para quien se queja.
De luz a invierno,
de invierno a lluvia,
filosa daga:
mi despedida.

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FURIA CONTROLADA
Joselo Marinozzi

Soy de genio dócil, suave al expresarme, sé escuchar e hice de esa virtud mi carta de presentación. Cualquiera que necesite hablar sabe que puede contar conmigo. Sin embargo a veces me planteo qué me separa de ser un asesino serial, alguien a quien la exasperación lo llevase a tomar medidas drásticas sin medir las consecuencias. Tal vez la falta de dinero para comprar un arma, pero no es así. Quizás el miedo a perder la libertad, podría ser. En realidad no sé cuál es el freno pero día a día y desde hace bastante tiempo, siento que solo una delgadísima pared me separa del asesino que nadie se imagina tener en frente.
Esa sensación la venía sintiendo, al principio cada tanto… pero ahora, cada vez más frecuentemente. Soy una persona inteligente y me enerva la desfachatez, ese descaro con el que algunos pretenden sentirse superiores cuando en realidad el cuero no les da más que para mantenerse callados. No conformes con desconocer que están frente a una persona que sabe más y que piensa, quieren decirte cómo vivir, qué es lo que necesitás y cosas así por el estilo. Cuántas veces he imaginado que mi otro yo sale de mi cuerpo y realiza lo que me está vedado. “¿Eh amigo te limpio lo’ vidrio?”, bala en la cabeza. “Yo creo que…”, bala en la cabeza. “¿Sabés lo que haría yo?”, bala en la cabeza. “Yo como Quinoa porque…”, bala en la cabeza. Rapado al costado y largo arriba, bala en la cabeza. Capucha sobre la gorra, bala en la cabeza. ¡Si señores! Lo reconozco, soy un asesino serial en estado latente.
Ahora parado aquí me arrepiento de no haberlo hecho, mientras el hilo de sangre casi toca mis pies y ese cuerpo con un hoyo en la frente, no puede ya mirarme aunque tiene los ojos abiertos. Me arrepiento de no haber desfogado mi ira en toda su magnitud. Siento las sirenas. Acabo de matar la única parte de mí que quedaba viva. La otra parte de mí, se murió el día en que tuve que reconocer el cuerpo de mi hijo, mi niñito de 18 años en la morgue judicial. No permití que todo mi ser muriera ese día, necesitaba estar vivo hasta hoy. Ahora ya soy un cadáver viviente.
La secuencia la repito mentalmente una y otra vez desde hace más de seis años: Compra de la moto, entrega a mi hijo, felicidad, meses yendo y viniendo a trabajar, timbre a las dos de la madrugada, policía, noticia, dolor insoportable, reconocimiento en la morgue, desesperación, robo fallido, asesinato a sangre fría, cámaras de vigilancia, atrapados en otro robo, alivio momentáneo, menores, 16 y 17 años, liberación de los culpables, libres en su casa, terapia, muerte de mi esposa, vacío, pensamientos suicidas, sale el asesino interior, sed de venganza, enfermedad, poca vida por delante, seguimiento, emboscada.
Cuando los tuve sentados y atados frente a mí, me quedé un rato solo contemplándolos, traté de buscar en lo más profundo de mi interior el perdón pero no lo encontré. Uno se dio cuenta antes que el otro que sería ajusticiado, se orinó encima antes de morir. El otro rogaba por su vida pero yo ya no escuchaba, quizás tampoco eran ellos los culpables de ser lo que eran pero yo no estaba en este lugar como asistente social, solo como un mero vengador. Ahí está su cuerpo inerte.
Soy un tipo tranquilo con un río convulsionado por dentro que pujaba por salir. Hice lo que tenía que hacer.

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SOMBRA
Alfredo García

Cuando Drácula se dio cuenta de que todos los cuerpos excepto el suyo hacían sombra al estar ante la luz, se sintió deforme, se acomplejó, y se fue a vivir a donde nadie gozara su desgracia.

HÉROE
Alfredo García

No me lo crean si no quieren, pero lo que digo es cierto, mis papás y mis abuelos me lo han contado: el limosnero que llega a la escuela con su silla de ruedas en otros tiempos fue un gran héroe, defendía a los niños, a los ancianos, a todos los desvalidos, lo llamaban Supermán.

RESCATE
Alfredo García

Cierta ocasión una hormiga vio su rostro reflejado en uno de los ojos de un gato. Y valientemente se introdujo en este para rescatar lo que consideraba el robo de su alma. En varios días nada se supo de ella; mas cuando el gato ya había olvidado el suceso, la hormiga salió del ojo contrario con su alma en sus pinzas.

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SOMBRA DE FUEGO
Martín Campa Martínez

No me dejes morir solo
en esta roca de lumbre.
¡Mira!, cómo me tienes.
Soy un ventarrón sin fuerzas.

A tus órdenes me pongo,
pero tú nunca me nombras.
No sabes cómo me duele
padecer tu indiferencia.

No me dejes morir loco,
sufriendo por tus desplantes,
¿qué acaso no me quieres?

Arrástrame en tus pupilas.
Abandóname en la playa.
¡Voltea a mirarme, insensata,
levántame este castigo!

No me dejes morir solo,
como una sombra de fuego.
Arrópame en tu hermosura
o líbrame de tus buitres.

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LLUVIA DULCE
Diana Alejandra Aboytes Martínez

Inició la llovizna.
La humedad fue regando los espacios.
De entre ellos asomaba un capullo en flor.
Las gotas resbalaban por sus pétalos.
Ella, ansiosa, lo tomó con las manos.
Sus hojas abiertas parecían ofrecerse al tacto,
así que deslizó con suavidad los dedos entre ellos.
La caricia les vino bien, pues parecían crecerse ante esto…
Al cabo de un rato sucedió la tormenta.
Después, densa calma.
La chica cerró la ventana.
Afuera comenzaba a llover.




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*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

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