domingo, 28 de octubre de 2018

EL ARTE DE INVESTIGAR Y ESCRIBIR



EL ARTE DE INVESTIGAR Y ESCRIBIR
Por: Verónica Salazar García

Si hay alguien con la certeza de estar bien informada a la hora de escribir, es Pati Ruíz. Madre y esposa quien, como licenciada en Administración, labora en el sector educativo. Además del gran amor que tiene por su familia, es una entusiasta de bailar cumbias. Pero sobre todo, le gusta escribir cuentos. Esa es una pasión fuerte —sin cura para nuestro deleite—, ya que cada cuento suyo nos mantiene ahí, pegados a cada página, a cada palabra, por su excelente narrativa. También demuestra amplio conocimiento de cada tema que investiga para desarrollarlo en sus relatos.
            Es una narradora bien informada. Su contenido nos invita a leerla, siempre deja un buen sabor de boca, como me pasó con su cuento titulado Imaginario,  donde escribe con precisión el dialogo entre una escritora y su personaje, que tiene vida propia. Entre reflexiones y cuestionamientos, el mentado personaje le dicta a la autora lo  que quiere para sí mismo y su desarrollo dentro del relato. Por supuesto que la escritora no cederá ante los caprichos de Guy. De manera civilizada llegan a un acuerdo entre los dos y la historia se desarrolla con la idea de ambos.
            En su cuento Se nos fue, viví las aventuras de Toño, ese simpático niño que vive una experiencia extracorpórea con todo lo que sucede en ese lapso. Me hizo sentir como si yo fuera Toño, lo metí dentro de mi piel y fui quien vivió la aventura. En ese mundo donde todo puede ser indiferente, se debe a que así se acostumbra en ese tiempo y espacio y no por eso se diga que no existen los sentimientos.
            Así es Pati, una autora que por medio de su narrativa nos envuelve y nos hace parte de esas historias, con todo tipo de temas, pero a la vez sencillas y entendibles, siempre bien documentadas. Pero antes que nada, asombrosas, como su cuento El mirón,  donde nos mantiene en suspenso al no saber qué pasó con el protagonista. Es más, ni él mismo se da cuenta. Me encantó una frase que se me hizo muy original  “las mujeres cargan en la surtida miscelánea ambulante, llamada bolsa”.
            Pati es de esas escritoras que usa frases muy originales y sus cuentos encantan. Los empiezas a leer y no te detienes hasta que terminas la última palabra, pues nos plasma una realidad tangible como lo es la vida de un estudiante de bajos recursos. Todas las adversidades que sufre al intentar estudiar una carrera profesional sin dinero y lo que debe hacer para sobrevivir, aunque le tenga fobia a la sangre y las agujas, como en su cuento titulado Letras en una servilleta de papel.
            Los textos de la autora forman parte de varias antologías publicadas en España, un proyecto México-Chile y en Celaya, así como en Editorial El Sótano y publicaciones en el periódico El sol del Bajío.
            Quien lee a Patricia Ruiz queda con una agradable satisfacción leer una obra original y de calidad literaria.



IMAGINARIO
Patricia Ruiz Hernández

La escritora creó un personaje llamado Guy. Sería espía internacional, con habilidades  para salvar a la humanidad de intrigas y conspiraciones.  Emularía la fama de Indiana Jones y del mismo James Bond al protagonizar grandes aventuras, teniendo como escenario Egipto, las Cataratas del Niágara, Francia, las Amazonas o la Muralla China.
            Cuando la novelista  pretendió  desarrollar la trama, su imaginación sufrió bloqueo, las palabras no fluían y su mente divagó con mil ideas. Durante varios días, la pantalla de la computadora permaneció en blanco y si acaso lograba plasmar alguna frase, la deshacía de inmediato. Por fortuna, ya no tiraba kilos de papel al bote de basura, tal como solían hacerlo los escritores de antaño con el uso de la máquina de escribir. Ahora con la tecla “suprimir”, se arreglaba.  Para recuperar la inspiración, salió a dar largos paseos, fumó varios cigarrillos y aseó con esmero la casa; pero todo sin resultado. 
            La literata, como persona flexible y abierta al diálogo, conversó con Guy, interrogándolo por su falta de cooperación. El personaje mostró rebeldía, parecía poseer voluntad propia para dirigir su propio destino.
            —¿Qué pretendes? —le cuestionó ella.
            —Quiero tener una vida larga y feliz -explicó Guy-, deseo estar en un laboratorio, ser biólogo o químico, tener una familia y convivir con mis amigos. Rechazo lo que me ofreces: una vida solitaria, huesos rotos, chipotes y cicatrices.
            —Eso no interesa a los lectores -dijo ella–, viajarás en globo, autos blindados y ferrocarril, conocerás a bellas mujeres y vivirás increíbles aventuras.
            —Exacto, son increíbles, agregaría que son inverosímiles y fantasiosas. Dime, ¿quién sobrevive a explosiones, ráfagas de metralletas o choques de autos? Insisto, quiero establecerme en un sólo lugar y ser científico  —exclamó Guy.
            —Eso no será posible, tengo proyectado para ti otra vida, con un propósito diferente —dijo ella.
            —¿Por qué? ¿Te parece aburrida la ciencia? —le cuestionó a la escritora.
            —No es así, pero nadie me compraría los derechos de esa novela para filmar una  película, tratándose de un personaje cuya actividad es pasar horas en un laboratorio, tomar la siesta, celebrar convivencias familiares y arreglar su jardín. Comprende, lo que más vende son las historias de acción —contestó ella.
            —No me importa -dijo Guy-, quiero ser el arquitecto de mi propio destino  -agregó- ¿será que te disgusta tu vida?, ¿acaso me estás usando para vivir a través de mí?, ¿quieres cubrir tus carencias existenciales y realizarte conmigo?
            —¡Anda! Deja de hacerle al psicólogo aficionado, yo soy la escritora y decido lo que es bueno para ti -contestó ella. 
            —Me niego rotundamente a ser tu títere, conmigo no cuentes —dijo Guy.
            La novelista quedó pensativa, no sería la primera vez que la creación asume vida propia y se vuelve en contra de su creador -reflexionó–, está el caso del monstruo de Frankenstein o del popular Sherlock Holmes, cuando el escritor Arthur Conan Doyle, harto de este personaje, pretendió matarlo, pero el famoso detective se negó a desaparecer.
            Después de recapacitar, comenzó a escribir una novela; las palabras aparecían en la pantalla, quizá dictadas por el propio protagonista. Lo convirtió en el Doctor Guy Ameyal, eminente científico, reconocido a nivel internacional por sus aportaciones en el uso de energías renovables. Se enfrentaría a las fuerzas perversas de organizaciones secretas, cuya misión sería evitar que la humanidad encontrara fuentes inagotables de energía, pero eso ya es otra historia.




EL MIRÓN
Patricia Ruiz Hernández

            —¡Agárrenlo! ¡Policía! ¡Ahí va el asaltante! —grité a todo pulmón.
Alrededor del cadáver del hombre que se resistió al asalto se juntaron los curiosos. Era parte del grupo de mirones. 
            —Quiso robarlo y la victima opuso resistencia, entonces le disparó. Yo lo vi –dije a los otros transeúntes.
            Por la acción de un karma exprés, el maleante tropezó y cayó al piso.      Varios héroes lo detuvieron y comenzaron a golpearlo. Enseguida llegaron más personas y se contagiaron de la indignación y el hartazgo colectivo. Vivimos la ausencia de la autoridad, no sólo física sino moral. Hemos perdido la fe en la justicia.  Se avecinaba un drama en el que habría dos muertos. Deseaba que la policía demorara y que la muchedumbre lograra ajusticiarlo, ¿para qué lo encerraban? ¿Para qué saturaban las cárceles? Seguro en unos días saldría libre por falta de pruebas y seguiría su carrera delictiva.
            Se dirigió a mí un señor alto y muy delgado, vestido con un traje elegante pero algo anticuado. Me dio la mano presentándose.
            —Soy Luciano Cruz. Es lamentable que la víctima haya pasado a segundo término por el afán de venganza. Lo primero es mostrar compasión por el finado, quizá no estaba preparado para morir y seguramente dejó asuntos pendientes. Fallecer debe ser una experiencia traumática, en la que se enfrenta soledad y confusión.  
            —Mucho gusto, soy Santiago Fuentes —le dije al señor Cruz-, no entiendo muy bien de qué habla. Para mí, lo mejor sería vivir como en el viejo oeste, con juicios rápidos y de inmediato a la horca. Yo me apunto para preparar la soga y ser el verdugo. ¡Bonitos tiempos vivimos! La delincuencia organizada hace de las suyas en las barbas de la policía desorganizada.
            —En todo acto humano el amor debe prevalecer. No es conveniente juzgar a otros, seamos hombres de Dios dando el perdón y compasión a nuestros semejantes —comentó.
            —¿Alguien trae una cuerda? —pregunté a los presentes. Ignoré groseramente al señor Cruz. Me enfadaba que hablara como predicador— Ahí está ese poste o aquel árbol que parece resistente, así no hay riesgo de que se quiebre y en lugar de ahorcado, sólo quede fracturado. Por lo que veo nadie trae una cuerda, por supuesto, ¿cuándo se ha visto que las personas echen una soga a su portafolio?, ni las mujeres la cargan en la surtida miscelánea ambulante llamada bolsa. 
            Algunas voces aisladas gritaban:
            —¡Déjelo! No se vale hacer justicia por propia mano. Ya viene la policía. No somos animales.
            Nadie se detuvo y siguieron con la patiza. A punto de lincharlo, la inoportuna policía llegó y repartió macanazos para rescatarlo.
            —Me siento con el deber de rendir testimonio. Presencié un crimen y no me importa perder el tiempo en los juzgados. De cualquier manera no tengo un trabajo ni horario al que me deba sujetar —le dije al señor Cruz.
            Mi ocupación habitual consistía en cobrar el alquiler de varias casas de las que era dueño, además la gente me buscaba para que les prestara dinero. Sólo se complicaba cuando algún cliente se negaba a pagar y tenía que recurrir a mis ayudantes –quienes eran un poco rudos-, para convencer al moroso de cumplir con el trato y evitar algún penoso accidente. Por otra parte, era lo que dicen, un soltero empedernido, valoraba mucho mi libertad, nunca tuve hijos, ni molestos parientes a quienes atender, así que disponía del tiempo del mundo. Si me solicitan para declarar, por supuesto que acudiré.
            Estaba parado junto a un policía y le dije:
            —Señor policía, fui testigo de lo acontecido, reconozco al homicida sin temor a equivocarme y me encuentro en la mejor disposición de ayudar. Yo nunca quise linchar al delincuente, ni cooperé para golpearlo. Le aseguro que no me gusta la violencia. Pero, ¿qué podía hacer yo solito ante la turba enloquecida?
Enseguida le di mis datos personales, mientras el policía hacía anotaciones.         
            —Bueno, se acabó, debemos seguir nuestro camino —dijo el señor Cruz, quien me incomodaba porque era de esa gente confianzuda que se comporta como si me fuéramos grandes amigos.

            Poco después asistí a las audiencias públicas del juicio, no lo hice por metiche, sino porque tenía consciencia cívica. Atestigüé el interrogatorio.
            —Soy inocente –dijo el malhechor al juez–, me confundieron. Yo nada más iba pasando. Soy un honrado comerciante y padre de cinco hijos. Trabajo muy duro para mi familia.  Mire, aquí traigo las fotos de mis pequeños y de mi amada esposa.
            —¡Mentira! ¡Farsante! Lo mató para robarlo –grité indignado.
            —Que diga el acusado su nombre y domicilio –expuso el fiscal.
            —Juan Trinquetes, callejón Emboscada número 13 de esta ciudad.
            —Que diga el acusado si pertenece a la conocida banda el Baba y sus ladrones.
            —Niego pertenecer a cualquier banda.
            —Que diga el acusado si su alias es el Manitas.
            —No, ese es mi hermano gemelo.
            —¿Por qué huyó de la escena del crimen?
            —No huí, tenía prisa por alcanzar el autobús para ir a trabajar.
            —¿Reconoce el arma que tenía en su poder?
            —Me la sembraron.
            —Anexo como prueba documental los antecedentes penales del acusado, en donde se demuestra que fue procesado en un juicio anterior y un video del día de los hechos –dijo el fiscal.
            Permanecí a presenciar todo el juicio. El video permitió observar la escena del crimen y al final el delincuente fue condenado gracias a las cámaras de seguridad colocadas en la avenida. Esperé inútilmente a que el juez me llamara.
Apareció el señor Cruz,  de quien me había olvidado y le dije:
            —¿Tú qué haces aquí? ¿Me andas siguiendo? ¿Quieres mi dinero?
            —Mi misión es ayudarte en la transición –y me lanzó una profunda mirada que transmitió respuestas y me permitió comprender.
            De inmediato hubo en mí una revelación ¡Por supuesto! La víctima era yo. Hasta ese momento me evadí de la verdad. El salto fue tan rápido y tan inesperado. Nunca pensé morir. Seguramente sufrí un estado que los psicólogos llaman negación, es un mecanismo de defensa que consiste en desechar la existencia de conflictos por considerarlos desagradables. Pues bien, ya me curé, sin necesidad de acudir al loquero, sólo con la ayuda del señor Cruz, mi nuevo amigo, a quien dócilmente me dispuse a seguir, no sé a dónde.







*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

domingo, 21 de octubre de 2018

TRES CORAZONES



TRES CORAZONES

Entre los nuevos integrantes del Diezmo de Palabras, Tere Morales y Leticia Romero nos presentan sus primeros textos para publicación. Virginia López, VickyLo, nos acompañó durante un tiempo en nuestro taller semanal y actualmente se le puede escuchar en los cafés culturales de la ciudad, con esa maravillosa forma de leer o declamar tan suya y a la vez tan de todos. Tres mujeres que escriben desde el corazón. Vale.
JEM



LABERINTO
Tere Morales

Era un sábado por la mañana, antes de las nueve, cuando nos subimos al carro; visitaríamos a mi abuelo. La vez anterior a mi visita lo encontré en su taller, con viruta por todos lados y ese olor a madera que me encanta. Tenía entre sus manos un cuadernillo que movía en forma juguetona. Estaba contento de verme.
            Después de hora y veinte minutos de camino, llegamos a la casa de los abuelos. Entramos, saludé a mi abuela, a mi papá y me dirigí al cuarto donde estaba él; a diferencia de aquella vez, hoy estaba dormido en posición fetal. Lo contemplé por poco más de una hora. Era impresionante cómo había adelgazado. De repente despertó, le di un beso y lo abracé. Él, extrañado, me miraba, era evidente que no sabía quién era yo.
            Hacía cerca de un año que le habían diagnosticado Alzheimer. Mi papá viajaba tres veces por semana. Tuvieron que hacer turnos él y sus hermanos para cuidarlo. Lo llevaba a consulta, le ayudaba a hacer los ejercicios que le recomendaba el Doctor. Le pedía que hiciera cuentas, que le hablara de sus compadres, le preguntaba qué eran y para qué servían las herramientas de su taller. Al principio, mi abuelo contestaba con paciencia, pero con el paso del tiempo dar respuesta a esas preguntas se le dificultaba más.
            Mi hermana le hablaba, él sonreía, pero tampoco la reconocía. Era casi la una de la tarde cuando llegó mi tío. Entre él y mi tía lo incorporaron de la cama y lo sentaron en un sillón. Mi tío llevaba jugo de carne para darle de comer. Le decía “coma un poco más”. Él se esforzaba por deglutir.
            Llegó mi papá, se sentó enfrente de él y comenzó a pasar lista. “Mira, aquí está Gerardo, Cinthia, Tete, la Chula… Mi abuelo nos miraba después de la presentación de cada uno sin lograr recordarnos. De repente el silencio invadió la habitación, mi tío le preguntó: “¿quién es él?”, señalando a mi papá. La cara de mi abuelo se iluminó, sus ojos brillaron y contestó: “mi Chavita”. En medio de aquel laberinto que era su memoria, la imagen y el nombre de mi papá siempre estuvieron presentes.
            Me fui a comer, regresé para despedirme. Él dormía, me acerqué a su oído para decirle “te quiero mucho, abue. Échale ganas”, sus ojos de inmediato se abrieron y me vieron con ternura.
            Era mediodía del domingo, yo lavaba los trastes cuando el teléfono sonó… mi abuelo había muerto.



INSOMNIO
VickyLo

¿Qué hago con este sueño trasnochado, que parece marido borracho y amañado?
¿Qué se hace con el sigiloso correr de las patitas de los insectos, que en medio de la noche suenan como zancada de gigantes?
¿Qué hago con esta música celestial, especial para descansar y no espanta los demonios del insomnio?
¿Qué puedo hacer con los fantasmas del pasado, que se anidan a mi costado cobrando cuota de sobrevivencia?
¡Este insomnio!
¡Qué tortura al tiempo!  Y jala el largo recorrido entre minuto y minuto, hasta hacerlo infame.
Recorro este pasillo vestido de eternidad, arrastro fardos de tiempo, que intento acomodar en algún lugar.
Busco entre las manecillas del reloj de Dalí, una coyuntura para poder descansar.
¿Qué se hace con la mente, cuando  hurga entre los trebejos del desván de los recuerdos  para idear nuevas historias?
¡Dame! Artesano del papel y pluma, una buena razón, una línea, una quimera para correr tras ella y después dormir.
Dormir, sumida en un mar de sensaciones nuevas, explorar otras ideas, arrullada por los sonidos de Natura. Flotar  entre los divinos mantras, consolar  mis fantasmas, fundirlos en mí.
¿Qué hago con este insomnio que aniquila?

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CONSENSO
VickyLo

Me pierdo en la maraña de mis  pensamientos
y gozo el soliloquio de mí verbo,
te entrego la sabana de mi todo,
mis  montes valles y  recónditos  templos
degusto  los sabores de tu elixir,
la esencia de tu piel arrebolada
la límpida caricia a tu inocencia
que bebo con hambre harto retrasada,
cubro la razón de mi inconsciencia
a hechos de natura acordada
para callar mi conciencia
y no esquivar  por culpa  la mirada,
acallo los murmullos  de tu boca,
paridos en la entrega consensuada
Y bebo los sonidos que provocan
mis manos en tu carne demudada.
La suave mordedura de  tu boca
provoca la locura en mis sentidos
trastócame el sentido un segundo
floréceme la vida un instante
que no hay nada comparado en este mundo,
a los brazos amorosos del amante.
Condúceme al clímax esperado
con un  marco acorde a este momento
quiero perpetuarte en solitario,
aquí dentro, muy dentro.

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DOLORES, DOLORES
VickyLo

Cada uno su propia línea
cada uno identificándose con el papel
que le corresponde en este montaje.
Esta tragicomedia
donde como parte del drama,
cada protagonista sufre, padece, llora y espera…
Cada uno su propia rima,
cada cual con su parte estelar
dentro de una obra que se entrelaza con otras,
sin vincular vidas, sin enlazar penas.
Cada guión su set especial
sin que se interfiera en el protagonismo de otros.
Seres apiñados con el dolor a cuestas,
que escurre de sus bocas,
de sus enfebrecidos cuerpos.
Miradas infantiles perdidas en el calor aterrador
que enturbia sus mentes,
que convulsiona sus pequeños cuerpos laxos,
gobernados por el dolor.
Seres llevados a los extremos
Esperando…
esperando…
Esfinges de hielo, casi mirando a través de las ventanas,
estatuas de marfil o de granito, no miran…
no escuchan…
no hablan…
se  escudan en su frialdad
de esos seres dolientes,
y eluden aspirar sus males.
Pobres almas postradas
mendigando mitiguen sus dolores,
mentes perdidas en el paroxismo,
que intentan encontrar consuelo
en la barrera petrificada
donde se estrellan sus voces,
sin hacer eco de sus necesidades.
Pobres cuerpos
 pobres mentes,
 pobres almas,
¡que no encuentran alivio a su dolor!

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ESPERARTE
VickyLo

Te esperaba, lo sabes.
Te esperé, en cada beso soñado
en cada caricia imaginada
en cada suspiro arrancado a mi inconsciente.
Te esperé sin esperarte
en cada intento de amar creyendo que llegabas.
Te esperé en la sombra de mi soledad,
y en los rayos de la luna.
En cada vuelco de mi corazón,
en cada hombre que miraba.
Te esperé en la paleta multicolor
de primavera,
en el ardiente calor del verano.
Te esperé bajo la hojarasca de otoño
y en la blanca mortaja de invierno.
Te seguiré esperando,
como sombra del estío,
como beso del viento
y en el perfume de las rosas
sembradas en el paraíso.
Te esperaré eternamente,
Amado mío,
porque el destino así lo quiso.

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SOLEDAD COMPARTIDA
VickyLo

Por las noches, cuando el insomnio no me permite descansar la mente se llena de recuerdos de mi niñez.
¡Éramos tantos llenando un mísero espacio! ¡Tantos en una sola cama!
Pequeños cuerpos apretujados que comparten la vieja cobija. Mezcla de tripas rugiendo en enérgico reclamo de algo que digerir. Flatulencias que enrarecían la atmosfera. Recuerdos de mi niñez, tan claros como el presente.
Hoy lleno con ellos la soledad de mi espacio.
Los traigo a mi vida, los arropo junto a mí.
Comparto con ellos la sola cama,
el espacio inmenso,
el tibio lecho
y…éramos tantos.




CUANDO YA NO TE AME
Leticia Romero

Cuando tu ausencia no duela y deje de ver tus fotos.
Cuando mi cuerpo se levante con ganas de salir a la calle sin que te busque entre la gente.
Que mi mente no se llene de ti, cuando mis letras digan que estoy bien.
Cuando yo pronuncie tu nombre sin que eso duela y pueda verte a los ojos sin agachar la mirada.
Sonreiré feliz porque ya seré libre de ese dolor.
Veré el amanecer con un arcoiris que alumbre el inicio de un nuevo amor.

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AMIGA LUNA
Leticia Romero
                                                                                                         
Amiga, hemos pasado varias noches tristes y románticas.
¿Sabes? Él me dejó, no creo que vuelva.
Ahora estoy aquí, recordando los momentos que pasamos juntos.
Quiero pedirte que alumbres su camino, porque ya no podré verlo más.
Dale un beso de mi parte. Dile que lo amo.
Que necesito sus brazos para no sentirme sola y triste.
Mi figura se pierde en la lejanía de sus pasos.
Quiero que sea feliz, aunque yo no sea la causa de su felicidad.





*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya. Gto.

domingo, 7 de octubre de 2018

PENSAMIENTOS EN TINTA



PENSAMIENTOS EN TINTA
Por: Laura Margarita Medina

La reflexión es herramienta del pensamiento que nos lleva a analizar el entorno en que vivimos. Es la forma utilizada por el incipiente escritor Alejandro Morales Pérez; joven celayense, maestro de baile y uno de los más jóvenes miembros del Taller literario Diezmo de Palabras, el cual nos presenta interesantes meditaciones.
            El árbol de la vida nos muestra los diferentes caminos que tomamos los humanos ante circunstancias distintas. Tomar malas decisiones desencadena infortunio y amargura. La mente y el corazón nos traicionan con frecuencia. No tenemos una correcta visión de lo que es el verdadero amor. Le hacemos un altar al egoísmo.
            Como un análisis profundo, Alejandro describe en su Trilogía como abuela, madre, esposa los equivocados conceptos en los que algunas mujeres suelen tener a sus hijos, nietos, esposos o en general a los varones con quienes conviven. Incluso destruyendo su propia autoestima.
            Según te toque incrementa la duda sobre la existencia de la suerte, lo que vivimos y con lo que nos encontramos. No siempre obtenemos lo deseado. La mejor opción es aprender a superar la adversidad.
            Donde manda capitán no gobierna marinero, te lleva a considerar que no siempre triunfa el que se considera mejor y no siempre es mejor el que triunfa. La vida no siempre es justa cuando de poder se trata.
           
            Las reflexiones de este autor son profundas, completamente ligadas a la rutina del pasado y del presente. Lectores de diferentes edades se sentirán identificados con algunas situaciones de las que presenta Alejandro Morales.



EL ÁRBOL DE LA VIDA
Alejandro Morales Pérez

Bajo la inmensa sombra del árbol de la vida caen frutos. Algunos grandes, medianos o pequeños; otros están verdes, maduros o podridos; hay dulces, amargos o insípidos. Tú, yo y todos estamos bajo esa hermosa sombra de la cual caen frutos. Pero todo es según tus ganas, tu inteligencia, tu suerte o tus circunstancias. Hay quien es avaricioso y se la pasa únicamente juntando y juntando frutos; hay quien es más selectivo y elige sus frutos perfectamente; hay quien sólo se queda viendo lo que los demás recolectan y no quiere frutos. Hay otros a quienes sin esfuerzo ni merecimiento alguno les caen sólo los mejores frutos. Hay quien se la pasa exhaustivamente buscando frutos y no encuentra. Hay quien sólo recolecta lo suficiente o quien no está conforme con lo recolectado aunque hayan sido buenos frutos. Hay quien recolecta solo lo podrido porque no sabe o no puede recolectar otra cosa. Hay quien a pesar de recolectar frutos, se la vive enojado por lo que otros recolectan y hay quienes no perciben que están debajo de un árbol de bella sombra con frutos para todos…
            Nada es malo, sólo es como tú quieras verlo. Y no le eches la culpa a nada ni a nadie.





SEGÚN TE TOQUE
Alejandro Morales Pérez

La vida es según te toque, y no es como la quisieras que fuera. Según lo que te toque en tu vida eso es lo que eres. Es decir, la vida es circunstancial, lo que muchos agradecen y otros maldicen.
            Lo primero es que si te toca la deformación física, la debilidad, la enfermedad o la salud; la fuerza, la belleza y la inteligencia; la riqueza o la pobreza. Todo depende qué le toque al YO. Si te tocan unos padres buenos –y ojo-, por buenos quiero decir que esos proporcionan lo suficiente tanto en amor como en lo material. Y no me refiero al exceso de lo material ni al exceso de amor, sino a saber cómo educar con justicia, respeto, agradecimiento, esfuerzo y sacrificio.
            Si te tocan unos hermanos buenos, te harán la niñez feliz. Al igual si te tocan unos familiares buenos te será la convivencia agradable.  Si te tocan amigos buenos, convivirás con gente buena y aprenderás lo bueno, ya que las amistades influyen y afectan la conducta de nuestra persona. Si te toca una pareja buena, el noventa por ciento de la vida será buena. Si te tocan unos compañeros de trabajo diligentes o flojos, o bien buena onda o envidiosos, así será tu desempeño en el trabajo. Y claro, todo te toca por circunstancia o suerte y no por propia súper inteligencia o por propio merecimiento. Nadie escoge a sus padres o hermanos, tampoco a sus amigos porque los amigos son las personas que están ahí, próximas, puesto que no planeamos como quisiéramos a nuestro amigo, ni tampoco lo vamos a buscar así como lo queremos que sea. Mucho menos escogemos a la pareja porque cuando queremos a una persona siempre mostramos nuestra mejor imagen, nos hacemos los perfectos y no lo somos, escondemos todos nuestros errores para conquistar a esa persona. Si te toca algo bueno es porque te toca y aunque estés dormido, o en el sillón de tu casa descansando, eso bueno o eso malo te va a tocar.
            Cada quien nace con lo suyo. Claro, también se puede cambiar lo que nos toca. Sí, podemos buscar el éxito y lo bueno, pero eso es uno en millones que se enfoca en el bien puro. Porque lo más normal en cualquier ser humano es que si te quedas dormido o descansando en un sillón no te va a llegue el éxito.
            También hay a quien le tocaron cosas buenísimas, pero por su estupidez las perdió y no supo qué hacer con eso bueno que le tocó.



TRILOGÍA COMO ABUELA, MADRE, ESPOSA
Alejandro Morales Pérez

Como abuela no podemos percibir que nos nace el ser abuela por egoísmo. Sí, por egoísmo y no tanto por un bien, por lo correcto, por lo justo, o lo meritorio. Ya que un nieto es algo que se exhibe y se presume secretamente. Ser abuelo es algo que nos hace sentir como pavo real, es algo que nos halaga, e incluso se podría decir que ser abuelo es como el estatus de una vida de logros. A la abuela no le importa si su hijo o hija están preparados o en condiciones de ser padres; o si están locos, si son unos parásitos, unos viciosos. A ese ser totalmente egoísta lo único que le importa es realizar su capricho de tener a su nieto y sentir ese placer. Y peor aún, no le importa el futuro de su nieto, ni mira con buenos ojos a la nuera porque tiene prejuicios sobre ella. Al yerno lo mira como holgazán y vicioso, pero lo raro, es que esos son los padres de su nieto; el niño más inteligente, guapo, divertido, obediente y perfecto. También soporta todas las estupideces de sus hijos con tal de que le lleven al nieto.
            Abuelas, no porque quieran realizar su caprichito dejen que sus hijos locos y estúpidos sean padres, no metan presión para que tengan hijos. Eso de ser abuela es cosa de placer egoísta. ¡Ah! porque si los abuelos de verdad quisieran a sus nietos como dicen que los quieren, en todos los testamentos los nietos fueran los herederos y no los hijos.
            Como madre, cualquiera ansía que su hijo sea exitoso. Mi madre explotó de rabia y envidia ya que le ardió mucho que le dijera que mi primo más chico había empezado a ser comerciante a gran escala, y lo que ella dijo fue: “es para que tú fueras el exitoso, es para que a ti te mandaran la mercancía que a él le van a mandar y empezaras a generar dinero. Pero no, eres un bueno para nada”.
            Todas las madres quieren que su hijo sea lo que no es o lo que no puede ser, y desde que los hijos están pequeños las mamás se enojan si su hijo no es de los exitosos y a toda costa quieren que su hijo lo sea, claro, porque sienten placer al ver a su hijo exitoso. A cualquier madre le duele que otro sea quien destaque y la reacción de cualquier madre es enojarse. Una madre quiere para su hijo todo lo bueno o lo mejor. Si se vive en el capitalismo la madre va a querer que su hijo tenga muchas cosas materiales, superficiales. Un hijo fracasado en lo económico es la vergüenza más grande para una madre. Pero no tanto e incluso nada de vergüenza siente una madre si su hijo es un egoísta, perverso, pero exitoso.
            La mujer, como esposa, es incapaz de ver lo estúpido, lo equivocado, lo abusivo o lo egoísta que es su esposo y, si acaso se da cuenta de eso, es cuando ya es viejísima. La esposa en todo favorece al marido, en todo le da la razón, siempre le sigue la corriente a su mutante loco -¡¡ah!!- y que no se enoje el gran señor de la casa porque la esposa no sabe qué hacer para contentarlo. Solo lo contenta porque le hace creer que es un todo perfecto, omnipotente y que sin él, el mundo no gira. Además todo le tiene quedar en la mano, todo le tiene que andar cuidando, siempre lo espera y todo lo que al tonto se le olvida ella lo resuelve.      
            Pobres mujeres, se la pasan consintiendo a un estúpido. Ya basta de darle la razón, de hacerle creer que está bien cuando es un completo idiota. Solo porque se ama no se justifica no decir la verdad.
            No solo somos ignorantes, estúpidos, débiles, cobardes, quejumbrosos, delicados, criticones y locos. Sino que somos perversos e injustos a más no poder.



DONDE MANDA CAPITÁN NO GOBIERNA MARINERO
Alejandro Morales Pérez

Este refrán explica que donde hay una máxima autoridad no puede mandar una persona de menor rango, pero ¿qué pasa cuando la máxima autoridad está equivocada, es inhábil, no sabe mandar o peor aún, es un imbécil? Y quien es capaz, hábil, es experto y sabe mandar, es aquella persona de menor rango que siempre ha estado haciendo bien lo que se debe hacer. O que por viveza natural el de menor rango es más apto que su jefe.
            Nadie le discute al rey que tiene el absoluto poder, pero si está equivocado y es un estúpido, incluso pueda ser que hasta el rey esté loco y cualquier otro esté bien centrado. Pero el que está bien no tiene el poder que tiene el rey, así que éste pierde, no tiene validez, credibilidad o congruencia ante los demás. Como cualquier padre que esté en un error, pero tiene la autoridad y el poder por las circunstancias.
            El poder engrandece al egoísmo y ciega toda flexibilidad y razón. Aprovecharse de alguien nada más porque a nuestro YO le da la gana y tiene el poder, o mandar a otro hacer una estupidez  por la simple circunstancia de estar en un puesto superior, es un absoluto mal transparente. Bien podemos mencionar a miles de locos idiotas que tienen el poder.
            Nuestra hambre o el difícil sobrevivir nos ha obligado a que a la máxima autoridad nadie le puede decir que ésta en un error. Nadie puede ir en contra de aquel que tiene el poder, puesto que nuestra supervivencia depende de ese idiota -quien tiene el poder lo puede todo- el poder siempre es circunstancial, no meritorio, ya que sí fuera meritorio sería alguien que consiguió llegar al poder con trabajo, esfuerzo, sacrificio y responsabilidad, o sea con lo correcto y como tal obraría, sabría hacer lo correcto y lo justo.
            Claro, siempre hay que acatar las órdenes del superior, pero muchas veces pasa que el subordinado tiene una mucho mejor perspectiva del trabajo. El subordinado, al realizar el trabajo piensa, reflexiona y hace lo que mejor conviene. Tampoco hay que esperar órdenes para hacer lo verdaderamente correcto. Hay que tomar en cuenta quién da la orden para hacer lo correcto que se encuentra en tales instrucciones. No es ir en contra ni por imponer la propia voluntad por encima de la del jefe, sino para beneficiar a todos.
            Por burla del destino pasa que el de menor rango es, por naturaleza, mejor que el jefe o lo es porque siempre ha estado en el mismo puesto.
            Un capitán idiota manda a su antojo, más no por ser capitán, jefe o patrón  pueda dar órdenes imposibles de cumplir. Nuestro egoísmo nos hace estar mal  o sea nuestro egoísmo nos impone sentir y creer que alguien de menor rango no puede decirle al de mayor rango qué hacer. Basta de creer que no se puede contradecir al que está en el poder. Basta de que se imponga un criterio estúpido, que no hay personas con posibilidad de disentir. No se trata de quién tiene el poder, sino de quién tenga la razón para mejorar nuestro mundo.



**Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

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