domingo, 7 de septiembre de 2014

HERMINIO “EL HABITANTE DE MACHIGUA”

DIEZMO DE PALABRAS

Fundador: Herminio Martínez

Sol del Bajío, Celaya. Domingo 7 de agosto 2014




HERMINIO “EL HABITANTE DE MACHIGUA”
La poesía y la narrativa rara vez convergen en un ejercicio creativo. La poesía construye al objeto, no lo describe; lo adorna, lo acecha en secreto, lo aprehende y lo simboliza con la palabra. Traslapa su significado y le pone fin en dos destinos. Lo desnuda, le quita todo lo superfluo, lo que no sirve y lo muestra para que se le conozca tal como es. También le adorna y lo viste para facilitar su comprensión. La poesía mueve al lector, enriquece su espíritu, modifica su ser.
La narrativa es el archivo de la cotidianidad, el referente escrito de nuestra existencia, el depositario de la historia del presente. Toma al entorno y lo plasma en un libro, con instrucciones precisas para explicar los misterios del universo. Ejemplifica el cosmos a través de un hilo donde cuelgan las palabras. El lector elige, toma las que más le gusten y las hace suyas. Con ellas construye su nuevo mundo y su comprensión.
La poesía es una derivada que tiende hacia la brevedad, hacia cero; en cambio la narrativa, por su naturaleza, tiende hacia el infinito. Son dos semi-paralelas que casi nunca convergen.

Herminio Martínez fue un hombre tocado por DIOS, le sopló en la frente el conocimiento y la capacidad de combinar la poesía y la narrativa. -Yo soy un narrador por vocación –me comentó un día en que platicamos- la poesía me ayuda a sobrevivir, busco los premios para mantenerme económicamente.

Me acerqué a su obra por sus versos, le admiraba su excelencia poética, podía combinar la sencillez con la complejidad en sus letras; hasta su hablar era poético. Una tarde, en la Casa del Diezmo, empezó a llover ligeramente y su hija, Lluvia, se divertía en el patio con el agua caída del cielo. El maestro suspendió su plática y nos dijo: –El agua se divierte con la lluvia- en alusión a su hija.
Es difícil comprender cómo lograba desprenderse de su abducción poética y regresar completo a su narrativa; el arrobo, el trance en el que te atrapa la creación es diferente entre un género literario y otro. Me sorprende  la facilidad y la maestría, propia de un genio, de llevar a cabo el tránsito de versos y llegar a la tierra de “Machigua”, el lugar de todos. La escritura en cualquiera de sus facetas va más allá de la finalidad de quien escribe, supera la necesidad del autor y va dirigida hacia los lectores.
El mejor homenaje para Herminio es tomar sus libros y leerlos, que el olvido no borre sus letras y su paso por esta vida, ya que él trascendió como el mejor escritor que han dado estas tierras.

J. LUZ SIERRA ENRÍQUEZ

*J. Luz Sierra Enríquez es Ingeniero Biológico y miembro del Taller Literario Diezmo de Palabras y del Taller Literario de la Casa de la Cultura de Comonfort. Ha sido publicado en Palabrerío, Un rimero de palabras (poesía),  Aire del bajío, un acercamiento a la nueva poesía Guanajuatense, por la Universidad de Guanajuato y en revistas y periódicos. Fue ganador del Trofeo "La rosa". Primer Premio en los "Primeros Juegos Florales organizados por la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana y la Presidencia Municipal de Acámbaro para celebrar los cien años de la Fundación de Acámbaro.


LOS HIJOS
Herminio Martínez

Abrí la puerta de los malos tiempos
y entré a otro cuerpo,
tembloroso de aire;

Desde la adolescencia un duro sol bajaba
hasta mi pantalón, donde los hijos
ya eran pequeñas bocas devorándome.

Abrí un duro cristal quebrado en trinos,
la transparencia me cubrió de instantes
de luz,
de sol
de luna,
de agua herida.

Hoy que las sombras pegan en mi pecho
como un rumor de rocas derrumbándose,
nadie ha venido a darme
 la cucharadita que algunos recomiendan:

“Si se halla grave
y siente que no va a amanecer,
tome un poco de luz
y verá y oirá
y hasta,
probablemente,
cuando caiga la tarde,
le dé por escribir algún poema”.

Queda sólo la lluvia,
algún dios compasivo
nos la dejó en los ojos:
su amplitud amueblada por las flores,
el brillo que se sienta a ver montañas,
los valles, el color,
su piel de hierba,
acaso la quietud,
que aún le crece
en alguna región desconocida.

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PENÉLOPE

Herminio Martínez

En nombre de esta sal
donde el azul extiende las distancias
igual que alfombras sin medida
para que en su alborozo pueda rodar el viento,
te hablo yo, el zurcidor de gavias,
con un lamento a cuestas;
el audaz que ha conquistado los pregones
que me nombran contigo,
poniéndome en el corazón de los insomnios:
deplorables paisajes donde en noches
como ésta dejé caer mi grito,
pero nunca entre un desvelo y otro me abandonó la dicha.
Nube de amor lloviendo sobre mi ánimo,
pétalo a pétalo se me deshojan las palabras.
He andado por los bares que quedan encendidos
hasta la hora del alba. Sombra de espejo soy.
Vengo del mar que viene y va por las canciones
que entonan los migrantes
con un fulgor de abril en el recuerdo.
Tu cuerpo imaginado
es lo que me apuntala una creación en ruinas.
Supiera al menos en que ojos te derramaste resignada
antes de conocerme aquel octubre
en cuyo derredor giraba la realidad
de los que querían comprarte.
Y afuera el mar se movía en árboles de agua
con su raíz adentro de nosotros
y voces en las que se oían caer vicios impunes.
Te gané sólo para mí hablándote del sol y de los siglos
de espuma en que se recuestan los océanos,
saliéndose del vidrio de sus límites,
mientras tus pretendientes se despiden;
míralos regresar e irse llorando a sus patrias de origen.
Yo me quedo a la fiesta, borracho entre fantasmas
que del Norte y del Sur se acuerdan de sus mástiles.
Un amargo amarillo hace olas en la tarde.
Y ráfagas de rostros buscan guarida en tu alma.
Nombres que nadie conocía se han grabado en tu boca,
como el del muchacho que era yo y a quien, siendo menor de edad,
se le quemó la sangre en el rosal de fuego de tu fama.
Soy un calor sin cuerpo,
vagando a través de una Grecia
en la que nunca me faltaron camas
(un frío ensangrentado manchaba mis auroras);
aromas que me hicieron saber
que en mis alrededores sólo habitaban los zumbidos.
La tarea más pulcra será ir al encuentro de la mujer más bella,
me dije en esa ocasión y ahí vengo por el mar,
cuyas olas ebrias, tambaleándose, también lo celebraban;
el mar que es un abismo de ruidos refrescantes,
asombro de lagunas, de pájaros y peces.

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GUIJARRO

Herminio Martínez

Ayer llovió. Los cerros amanecen
haciendo a mano su esplendor mojado.

Qué flaco el panorama donde vive
el hombre sin saber. Simple detalle.

Ya nos lamieron las sequías ardientes,
animales con ojos de guijarro
y un deseo lujurioso en el gemido.

El sol con el hocico nos recoge,
gotas al fin de la llovizna humana,
con golpes increíbles en los flancos.

Fue una noche increíble y mal sentada
debajo de la lluvia y sus vocales,
gritándonos a chorros tantas sílabas.

Ahora tememos que se vaya el húmedo
sopor que siempre baja a ser en uno
algún antepasado de su especie.
Y hay que subir a verlo en la palabra
donde la fantasía fabrica espejos
para engañar con lágrimas al ánimo.

El cenit y el nadir de frentes lánguidas
donde la mente se volvió ceniza;
los verdes tristes con la espalda abierta
y el porvenir flechado en la angostura
a la que lo condujo como un ciervo.

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FÓSFORO

Herminio Martínez

Es un fósforo el día atento a tu ánimo,
para que el pueblo enciende, al fin, su cólera.

El día sabe tus sílabas mortales,
más que una bandeja la abundancia.

El día es este papel de orillas tristes,
donde secretan fábulas los súbditos.

Es innato en hacer una pregunta,
¿le servirá un testículo al que asciende?

Es duro y circular como el bochorno
de atmósferas de agujas en su reino.

Y la lluvia te asalta a sudor puro
de nube embarazada al dar las cuatro.

Yo no cambio mi amor por un instante
del infinito, tú eres la criatura
que del hombre me hubieron transmitido.

Yaces inmóvil como piedra antigua,
pero en tu corazón eres la llama,
distribuyendo hierba entre los débiles
y una erección social a grito inmenso.

A cada uno lo alcanza la miseria,
a cada quién lo envuelve ese follaje.
Yo tengo la tristeza atada a un palo.

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SOBÁNDOSE EN SEDAL EL MODO PERRO

Herminio Martínez

Al manso, la ponzoña va en su trono
sobándose en sedal el modo perro.
Hacia él navega en aguas que se pudren
sintiendo ya sus éxitos maduros.

Señora de mil súbditos atroces,
guardiana de actitudes desafiantes;
al revés de los montes que amamantan
tallos y noches para darle al suelo
panorama y olor de tórax de hombre.

Reina de los desórdenes floridos;
estiércol que nos cubre el ser a tajos;
jadeo convulso de mujer con crótalo,
ahora te diviertes con mis lágrimas.
Soy postre en el hocico de tu esencia,
tu garra tosca me sujeta el ánimo,
tu cola de remaches me da frío
y sudo por mitad a media noche
y en tu aliento perduro toda el alba.

Al pobre avanza el pérfido aguacero
con su nombre de sal lloviendo rocas
como si el bueno fuera mal nacido
y el energúmeno lámpara votiva.
Es lo que nos sucede en esta época
a todos los que no tuvimos misa
concelebrada ni apretón de manos.
Recuesta su cadáver a llorarlo,
el bueno, al que le dieron con la escoba
y después de morir sigue queriéndonos.

Oh, girasol, no vuelvas la hermosura
hacia donde le pegan con un palo,
arqueándole el silencio hasta partirlo.

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BAJO EL HACHA

Herminio Martínez

Un hermoso dolor hace leña en mi pecho,
la válvula del tronco ha abierto mi costado,
la noche araña el muro, quiere meterse al alma;
acostado en su edad, mi tiempo llora,
acostada en su sien, mi mente sufre,
hincado en su rodilla, mi pie avanza,
se mueve, se ha dolido.

Afuera anda la lluvia de sombrero,
la vida es este bosque bajo el hacha,
a su lado el destino deja caer mitades
de ti, de mí, de tantos
al pie de la colina de una muerte,
una lágrima, un credo doloroso.

Si me prestan la niebla voy a hablar de los asnos
que a golpes resistieron
las maderas intrínsecas
de otros palos compuestos de palabras y montes
con las faldas azules hasta su pie asfaltado.

Si me prestan la franja donde se abraza el pueblo
al zapatazo verde que le remacha el párroco
al pie de su alfabeto,
diré que hay una esquina,
donde apagó su luz un ámbar triste
y el alma en mi interior hace un gemido a mano.

Así, cualquier color se viene abajo
hasta el arado con que siembra el hambre
y el sol derrama otoño en su bragueta,
cielo, arrogancia y ojos en ayunas.

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VORACIDADES

Herminio Martínez

Su perfil es un clavo y un boleto.
Ahí viene, que no pase
a hacer llorar el agua en cada frente,
de sien a sien, como de sol a luna,
ni a remoler el tiempo en cada instante
donde se muere la salud clavada.

Otra vez con su oreja y el relámpago,
nos traerá entre grietas cartas tristes;
el abandono con su trigo seco,
el hambre sin campanas en su aurora,
el pan crucificado en platos fríos.

Ahí viene, que no pase,
colgándose en el hombro las ciudades;
puñetazo que pone en pie a los hombres,
rumor donde la lluvia es tarde fría.

Jamás la muerte se mostró más íntima.
Jamás tantos temores por la ausencia
frente a las posiciones de los líquidos
que arrojan de su ser voracidades.

Jamás la inundación de este abandono
tuvo tal cantidad de letras íntimas
para escribir la altura de una madre
amarrada a la pata de una pena.



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