domingo, 27 de noviembre de 2016

CADÁVER EXQUISITO


CADÁVER EXQUISITO

"Lo emocionante para nosotros en este tipo de producciones era la certeza de que para bien o para mal, representaban algo que no era posible por el trabajo de una sola mente". André Breton


“El cadáver exquisito es un método de creación colectiva de textos que consiste en plasmar algo a continuación de otra cosa sin preocuparse de la coherencia o el sentido que el resultado final pudiera tener”. De esta manera se producen textos sorprendentes, sin menoscabo de la calidad, aunque no precisamente grandes obras. En cualquier taller de escritura creativa este juego se ha reproducido muchas veces, durante muchos años. Es divertido y exige concentración de los participantes.
El juego fue popularizado -a partir de un antiguo pasatiempo de salón- por los miembros de la corriente surrealista (Breton, Paul Éluard o Tristán Tzara) a principios del siglo XX y recibe su nombre de la que se considera que fue la primera oración creada a partir de este método: "El cadáver exquisito beberá el vino joven".
En el taller literario Diezmo de palabras, pensamos que este juego puede servir a cualquier grupo con interés en desarrollar el trabajo en equipo. Simplemente se empieza con una frase y se pasa el texto al siguiente compañero. Y así hasta que todos participen.
Este es el resultado de lo que nosotros hicimos a iniciativa de nuestro compañero Kalid Jaraleño.
Estimado lector, nosotros somos un taller literario. ¿Y para qué sirve un taller como éste? Soco Uribe y Arturo Grimaldo nos ofrecen excelentes respuestas.
Vale.



¿PARA QUÉ SIRVE UN TALLER DE REDACCIÓN?
Soco Uribe

—¿Por qué tenemos siempre que meternos al taller para reparar todo? -preguntaba a mi papá cuando era niña y él respondía:
—Para poder utilizar las herramientas adecuadas y mejorar el funcionamiento de algo que no está del todo bien hecho o que se ha dañado. 
—Pero, ¿por qué no lo podemos arreglar aquí sobre la mesa, viendo la tele? -volví a cuestionarlo. 
—Porque hay muchos distractores que nos impiden concentrarnos en lo que hacemos y nublan el ingenio que podríamos obtener al estar enfocados sólo en un asunto.
—Papá -le preguntaba- ¿hay alguna forma de hacerlo menos aburrido? hay cosas que no entiendo para qué se hacen y por qué tenemos que ocupar tanto tiempo en reparar algo que tal vez ni valga la pena. 
—¡Claro que la hay! –respondía- ya lo experimentarás conforme vayamos viendo la magia que se desencadena al ver el trabajo terminado.
Él, con tranquilidad, respondía a cada una de mis preguntas, al mismo tiempo que me conducía, sin que yo me diera cuenta,  a su taller en el que tenía herramientas que había adquirido y varios objetos con las que improvisaba algunas otras.
Juntos en el taller, me mostraba el porqué de la avería, para qué repararla y por qué valía la pena hacerlo.  Además, al final, le daba un plus a la mayor parte de los objetos reparados. Era un hombre creativo y paciente aunque, algunas veces, ingenuo. Sin embargo, lo consideraba el mejor de mis maestros.
Recientemente, me integré a un taller de redacción donde la similitud que encuentro con aquel al que asistí en mi infancia es enorme.
Cada integrante cuenta con diferente tipo de educación, cultura, empleos y vivencias enriquecedoras de gran valor para, en conjunto, crear una atmósfera adecuada e incrementar nuestra creatividad y la maestría para dar mejor uso a nuestros instrumentos de trabajo, con la sola finalidad de superar nuestras obras, día con día.
Surtimos nuestro taller con buena herramienta, pues cada mente, cada pensamiento y cada letra plasmada en el papel… Es el Diezmo de Palabras que aportamos cada miércoles a los lectores.



SERVIR O NO SERVIR, ESA ES LA CUESTIÓN
Arturo Grimaldo

Todo lo que perdura, tiene un toque divino. Todo lo que termina y es efímero, sólo el toque humano.
Ante la constante ola de comentarios en contra de los Talleres Literarios, surgió la inquietud de poder externar una opinión al respecto, desde lo más íntimo de mis emociones, pero también apoyado en la razón.
Aunque sean válidas todas las opiniones al respecto, desde mi propia óptica rechazo totalmente a quienes califican de inútiles estos grupos de formación, puesto que hace falta saber más sobre el tema y tener una experiencia, aunque sea mínima  sobre la Misión para la que fueron creados, su historia y el quehacer de sus integrantes. En el taller Diezmo de Palabras, encontré una fuente de motivación y de inspiración para hacer de mi pensamiento algo creativo, y darle mayor utilidad y aprovechamiento al tiempo que antes creía me sobraba.
Para mí, un Taller Literario es como un hogar, porque en él se recibe a todos sus integrantes sin distinción alguna.
Es parecido a un Hospital, porque en su interior se puede curar la impotencia innata de no poder expresar lo que sentimos a través de la palabra.
Es también similar a una Tribuna parlamentaria, porque en las curules de las letras se van formando las nuevas iniciativas de querer trascender en el mundo de la poesía, de la oratoria y del consenso racional sobre lo que se quiere escribir.
Es sinónimo de una Escuela, porque allí vamos a aprender cada día algo nuevo.
Es como un Conservatorio de música, pues al llegar al recinto cada uno escoge el instrumento que quiere usar para expresar sus sentimientos; la letra, la palabra, la poesía, el cuento, la novela.
El Taller Literario también pudiera compararse con una empresa, porque aunque todos intentamos hacer mejor nuestro trabajo, existen jerarquías, experiencia y orden para que esto perdure aún más.
Sin embargo, tal vez lo más parecido a nuestro Taller Diezmo de Palabras, sea un templo; porque cuando comenzamos a escribir, las primeras letras las inspira Dios y las subsecuentes, la razón, el sentimiento y la creatividad del autor, como dijera el poeta y narrador, Herminio Martínez.
En este recinto, tal vez el diezmo sea la aportación de una décima parte de nuestra inspiración,  y compartirlo con  el auditorio,  que cada miércoles, de manera libre y soberana, se da cita para expresar los sueños y experiencias que se van forjando a golpes de cincel en manos del artista.
Por todo lo anterior y para finalizar, retomaré la frase inicial: Nada de lo que perdura en el tiempo y en el espacio, en el aquí y ahora, puede estar ajeno a la divinidad. Sí en cambio, aquello que sólo es parte de un proyecto egoísta de inspiración humana, que por lo general desaparece pronto, porque carece de apertura a lo trascendental, a lo eterno y a lo sublime. Desde hace más de veinte años existe un Taller Literario llamado  DIEZMO DE PALABRAS  en la ciudad de Celaya, Guanajuato, al que por azares del destino me incorporé  hace varios años. Durante este tiempo, puedo asegurar que recuperé una voz que estaba apagada y se reavivó en mí la llama de trascender en el campo de la literatura.
Doy testimonio fiel de que la vida me ha cambiado para bien, porque ahora mi voz suena con más fuerza, porque he descubierto que soy importante a los ojos de los demás. Porque me siento útil y busco a tiempo y a destiempo aprovechar las horas del día para hablar por medio de la letra y el papel.
Invito a todos aquellos que han adoptado una postura de rechazo hacia este tipo de organizaciones, para que analicen el ser y quehacer de un Taller Literario, en donde yo, como muchos otros y aún los grandes escritores de fama internacional, encontraron un medio de expresión y apertura al mundo universal de la palabra escrita y de la letra hablada.
Que prevalezca la cordura y la objetividad en la crítica constructiva y no sólo la desacreditación de una labor que no nació ayer. Que ha perdurado y soportado grandes embestidas de seudo-intelectuales, políticos, ciudadanos ociosos y ávidos de fama pasajera y de otros muchos detractores.
Estoy convencido de que cuanto perdura, a pesar del caos y de la irracionalidad humana, debe tener la distinción y el toque de la trascendencia de un Ser Supremo.



CADÁVER EXQUISITO
Iniciado por Kalid Jaraleño

Un miércoles, todos los miembros del taller literario se encontraban redactando sus textos, cuando un cadáver atravesó el techo. Su cuerpo estaba podrido, sus órganos eran visibles y se veía el palpitar de su corazón. Desprendía un olor a café tostado y de su descarnada boca brotaban letras que iban cayendo por la mesa de trabajo. Cada miembro fue tomando algunas para realizar un cuento. Un mar de palabras inundó el lugar, flotaban las letras y buscaban alineación. La magia estaba presente.  En cada frase, en cada rima, en cada verso, surgía la imaginación para recrear una historia que diera explicación a aquel sentimiento que flotaba en el ambiente.
Luego, el ambiente se volvió esplendoroso, lleno de risas, sueños y palabras de amor. Aunque eso sólo era producto de un sueño.
Los niños llegaron corriendo con mucho bullicio y unas bellas sonrisas, en sus manos cargaban blancas margaritas perfumadas con rocío. Rocío que usaban las mariposas para darse un baño antes de continuar su viaje hacia las montañas de Michoacán. Sin imaginar la gran sorpresa que se llevarían en esas mágicas montañas. Sin piedad siguió usándolas para jugar sin importarle que la gran mayoría muriera. Se montaron en sus bicicletas y decidieron bajar la montaña arriesgando su vida, porque de otra forma nunca llegarían a su destino. Sin mencionar que se morían de hambre y mamá los esperaba desde hace dos días. Ahora tendrían que acostumbrarse a estar en casa de por vida, pues seguro después de eso no volverían a ver la luz del sol. Y terminarían escribiendo historias sobre cadáveres flotando a través del techo de la casa de la cultura.


*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

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