domingo, 8 de marzo de 2015

PARADO EN ESTA ORILLA DEL MUNDO

El Sol del Bajío, Celaya, Gto.


PARADO EN ESTA ORILLA DEL MUNDO
Poesía de Martín Campa

Hace varios años, en el texto inicial de Poetas del Bajío, publicado en la revista Tierra Adentro, el maestro Herminio Martínez escribió: “...todos los hombres y las mujeres para algo hemos nacido: algunos nada más para acumular bienes materiales, otros para batirse a muerte en la arena de la política o lo político; pero otros más, como nosotros, quizá para cavar a punta de nuestra alma nuestro destino en la cantera de la ilusión, buscando la belleza. ¿O qué otra cosa si no hace el poeta?”. Y el poeta Martín Campa, llamado con cariño por Herminio, el pelón de hospicio, busca la belleza a punta de su alma. Es un escritor insaciable, pero también un lector que hurga entre líneas, es un “malabarista de la palabra”, como él mismo se describe.
Martín Campa Martínez es obrero y miembro del Taller Literario Diezmo de Palabras. Ha publicado y ha obtenido reconocimientos y premios. Uno de los libros de poesía más entrañables al mismo Herminio, MIENTRAS DIGO MI NOMBRE, lleva el título de un poema de Martín. Su “voz” es suave, plena de metáforas, maneja con maestría el lenguaje coloquial y campirano, pero con la elegancia de quien ya domina el oficio. “Se muere el ciego que ya no puede ver con el caracol de los oídos y el sordomudo que grita en letras del espíritu”. Martín escudriña cada domingo la página del Diezmo en El Sol del Bajío y nos devuelve una reseña inteligente, propositiva, madura. Sus opiniones valen y las hace valer con firmeza,  pero con la sensibilidad de aquellos poetas que “de tan resplandecientes,
llegamos a perder las tuercas de nuestro rojizo resplandor”.
Julio Edgar Méndez



ESCRIBAN SU ANTÍFONA

Martín Campa

Hijos de la madrugada, rompan todas las luciérnagas
para que vean cómo dentro de ellas
escritos están aún los nombres suyos.
Gocen, disfruten con las maracas de la gramática.
Llenen con ritmo de azahares
ese inmenso lucero que es su voluntad.

Vayan por todo el mundo aplastando quejumbres
de aquellos que aún no entienden por qué es la negrura
y con el cirio de su alma quemen los quinqués
que jamás han podido encender, desesperados.

Desgranen la mazorca de alegrías
y cuando llegue la tarde bébansela, cómansela,
abran su pecho, el corazón
pónganlo a brillar en las manos del huérfano.

Arránquenle la piel a los desconsolados
y no piensen jamás en la muerte y sus navajas,
acuérdense que sólo fallece aquel al que le toca.

Se muere el ciego que ya no puede ver con el caracol de los oídos
y el sordomudo que grita en letras del espíritu.

Se muere el que usa zapatos de escasez
y el señor que no tiene miedo ni un amo a quien glorificar.

Se muere aquel que se llama como el pecado
y se embriaga con el brandy de la desventura.

Se muere ese que no tiene nombre
pero sí unas inmensas ganas de ser fuego
en el vientre de las que venden, lujuriosas, sus manzanas.

Disfruten, gocen con la sinfonía que interpreta su ingenio.
Escriban su antífona sobre la corteza de las nubes.
Hagan sonar las piedras apócrifas
a donde viene a sentarse el viento.

Bailen hasta que sus pies se deshagan sin tinta.
Invítenme a mí también,
pero dejen que me vaya al rincón de los pesares.
No entristezcan su algarabía sólo por mi culpa.

A mí sólo déjenme en la habitación donde pernocta el silencio:
antiguo hechicero con espejo de agua y sombras.

Recuerden que los malabaristas de la palabra,
de tan resplandecientes,
llegamos a perder las tuercas de nuestro rojizo resplandor.



ALAS DE LUZ

Martín Campa

Gota de viento,
paracaidista del asombro.

Frágil  danzarina
que mece su cuerpo
imitando al verano.

Alas que semejan
una increíble
explosión de polen.

Equilibrista que tira su oro
sobre lo verde de la tarde.

Monarca que incendia
la pesadumbre
de nuestra existencia
con su diminuto vuelo de colores.

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TOLOACHE

Martín Campa

Es la hierba que brota en las costillas
del semáforo,
sobre la piel reseca del asfalto.
Por eso su clorofila huele
a asombro,
a ciudad recién lavada
por la lluvia.

Brazo verde que palpa el boulevard
en lo más íntimo
y amansa a los poetas
que han dormido
otra vez con el ansia.

Esta es la pócima pesada
para amarrar la voluntad.

La única y oscura medicina
que se yergue imponente,
como un ojo del llano entre murmullos,
a que las mujeres la visiten,
para que los hombres ya no duerman
al calor de otros vientres.

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PARADO EN ESTA ORILLA DEL MUNDO

Martín Campa

Parado en esta orilla del mundo
veo morir a los ángeles con sus milagros destrozados,
a los indigentes reír mientras ven cómo sus sueños
se les van ardiendo al igual que otro sol,
a los gatos, la lluvia.

Veo cómo las calles se embellecen
con esas flores de la indiferencia citadina
y cómo, en cada rincón,
la mala suerte nos asusta con esas grotescas máscaras
que usan los gendarmes.

Miro correr a aquellos obreros que con su alma
van protegiendo lo poco que les quedó de su salario
mientras la mentira,
que desde siempre ha estado gobernándonos,
camina oronda y sonriente y con su ropa nueva
por los mejores restaurantes de la urbe.

Veo también cómo la pena
va remachándole el hambre
a los inocentes que habitan los suburbios.
Y por fin, después de un rato,
veo el espectáculo que esperaba:
ahí viene Dios con sus potestades a caballo,
y entonces se detiene junto a un semáforo y dice:
“Espérenme mientras orino
sobre las rojas cuarteaduras
de esta ciudad impía”.



PARAÍSO DESMANTELADO

Martín Campa

UNO
Eva, préstame el estambre de tu sombra
para tejer nuevamente tu gloriosa hermosura
y el color de tu paraíso desmantelado.

Permíteme desempolvar el laberinto de tu oído
y recalentar la sal de tus océanos.

Concédeme restaurar tu cintura:
casa de nubes y pelícanos;
y reconstruir el oro de tu talle
para que no olvides nuestra historia.

Te regalo un ramo de sueños
y el humilde fulgor de mis recuerdos.
Mi dolor recién impreso en azogue.
Un peso de plata y otro de luna.
Un canto de selva, un canto de sol.

Te regalo mi mano izquierda, mi pie derecho;
el brillante secreto de mi palabra:
carne y voz de tormenta.

Te obsequio todo esto
para que sepas que me marchito sin tu presencia.
Y sepas también, Eva, que no ambiciono la plata
que guardas en la celda de tu ombligo,
pues sólo anhelo fallecer abrasado
con el reflejo del alcatraz
que ostentas bajo tu falda.

DOS
Muérete conmigo,
ánclame al sol que es llama en tu vientre.

Déjame apretarte el pezón izquierdo
hasta que mis dedos se ahoguen
en ese glorioso néctar
y bebamos esta noche de esa lluvia
que hoy nos obsequia el verano.

Déjame ser el impetuoso torbellino
que sin ti no es nadie;
sedúceme, carne en erupción por vez primera,
y traza (insaciable) un arcoíris en mi pelvis.

Flor de música enardecida,
sopla despacio en mis huesos
para arder nuevamente contigo,
mientras cabalgamos hacia ese precipicio
llamado frenesí.

Universo de aromas y secretos,
no pares que aún no termina esta fiesta.

Sigamos cayéndonos uno encima del otro.
Sigamos gozando hasta quedar contagiados
con esa fiebre que se cura
sólo con inyecciones de pasión.




¿TE ACUERDAS?

Martín Campa

Ahora ya no llueve como antes.
Aquellos sí que eran temporales
pues con unos cuántos manotazos
hacían que se enverdeciera el pueblo,
el alba y hasta los huesos de nuestros abuelos.

En una sola noche llenaban de esperanzas
y líquenes las calles, las cercas, las veredas
y el callejón donde jugábamos,
contra los del otro barrio, al fútbol.

De una sola pasada pulían los vidrios
de la escuela
donde la maestra Consuelo hacia aprendernos el abecedario
a punta de cariños.

En una sola entrega bendecían los árboles
en los que --a la hora del recreo--
nos subíamos para mecernos entre el viento.

Entonces los mayores dejaban su angustia
a un lado
y encendían los surcos para que la cosecha
se lograra.

Entonces era la época del júbilo,
camisas y zapatos nuevos.

Pero, ya ves, después vino el progreso:
los mentados inventos.

El tiempo cambió tanto y nosotros,
los que correteábamos a la luna por el monte
para hacerle cosquillas en la tibieza de sus huesos;
nosotros, los que acostumbrábamos
ayudarle todos los viernes
a don Nicéforo, el carbonero,
para que nos diera un peso para comprarnos ilusiones;
nosotros, los que éramos bien nocheros
y andariegos,
poco a poco hemos ido creciendo y, dicen las mujeres,

que hasta nos volvimos más hombres.

domingo, 1 de marzo de 2015

INTROSPECCIÓN

El Sol del Bajío, Celaya, Gto.



INTROSPECCIÓN
Textos de Timo Viejo y Rafael Palacios

"Los que producen obras geniales no son aquellos que viven en el ambiente más delicado, los que tienen la conversación más brillante, la cultura más extensa, sino aquellos que, cesando súbitamente de vivir para sí mismos, pudieron hacer su personalidad semejante a un espejo, de tal modo que su vida, por muy mediocre que fuera en el aspecto mundano e, incluso, en cierto sentido en el aspecto intelectual, se reflejará en él, pues el genio consiste en el poder reflectante y no en la calidad intrínseca del espectáculo reflejado”. Tal es la forma en que Marcel Proust escribió sobre la introspección. Ese género literario donde se escribe desde la perspectiva de un narrador protagonista. Y dos narradores nos muestran su talento en este mes que dicen es aún más loco que febrero.
Timoteo (Timo) Viejo, es un entusiasta de las artes. Estudió biología y la especialidad y maestría en tecnología educativa en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Ha fundado y ha sido parte de distintas revistas, zines y blogs de creación literaria. Ha colaborado en revistas y medios impresos y digitales. Actualmente dirige revista tn y es parte de grupo tn. Vive en Pachuca, Hidalgo y algunos compañeros del Taller Diezmo de Palabras han sido invitados a colaborar en su revista literaria.
Rafael Palacios, estudió Ciencias de la Comunicación y Teatro. Escribe desde muy chico; pero, de manera "seria", a partir del 2009, cuando ingresó al Taller Diezmo de Palabras. Ha trabajado en varios cortometrajes y videoclips, es un amante de la fotografía, el cine y las letras; actividades que han estado muy presentes en toda su vida. Ha sido publicado en distintos medios y en la antología El Oro de los Trigos, del Sistema Municipal de Arte y Cultura de Celaya.


S, YO, Y LO QUE SE CONOCE POR AMOR
Timo Viejo

“¿Me has amado de verdad?” pregunta S. Lo dice sin parpadear. “Contéstame”, continúa, “¿alguna vez has sentido amor por mí?”. Me recosté en la silla, alce la vista y me perdí un momento en los televisores del restaurante. No hay nada bueno que ver, sintonizan sólo programas deportivos. Los miro sin pensar que puedo responderle a S, quizá sea porque he tenido preparada la respuesta desde hace tres años; el mismo tiempo que llevamos viéndonos a escondidas. Pero vaya, esos años no están presentes en la mesa y S sí. Ella sigue aquí frente a mí, nerviosa. Tardo más en responder así que da un vistazo a su celular, lo guarda en su bolsa y quiere poner un rostro de enfado. Es rápida, lo logra sólo con apretujar sus labios. Intento abrir la boca para responder, sin embargo mi mano actúa más rápido y lleva el vaso hasta mis labios así que opto por darle un trago a la soda. A veces creo que beber mientras hablo le da un poco de misterio a mi respuesta. ¡Bah!, eso es falso, estos pequeños momentos de evasión me hacen titubear. Acabo el último trago y por fin empieza mi defensa: “Ya sabes lo que pienso de esas cosas, en serio, no tiene sentido que sigas. Cualquier respuesta que te dé, no te satisfará en lo mínimo”, le resistí. Y sí, ella lo sabía. A pesar de que haya optado por destruir mi reputación en una relación extramarital, mi respuesta sería la misma: No dejaré a mi esposa. Mi compromiso podría parecerles doloroso porque S es la mujer con la que todo lo que he imaginado se vuelve realidad, mientras mi esposa es la mujer cuyas actitudes frías, quejosas y de exigencia me hacen huir y pensar que nunca he estado enamorado de ella, y no obstante creer que, aun así, puedo y debo amarla. Además, explicarles las diferencias entre amar y estar enamorado, me llevarían mucho, así que saquen sus conclusiones. Regreso a este momento, S no deja de mirarme, así que me acerco a ella para mirar sus ojos y sin perder el contacto visual vuelvo a  recargarme en el respaldo de la silla. “En verdad”,  suspira S para mantener su voz ecuánime, “no puedo creer nada de lo que dices. No soporto la idea de estar enamorada de ti. Eres un manipulador ¡Insensible!”. Ella ya lo ha dicho, si ella no soporta estar enamorada de mí, yo tampoco. Lo digo de verdad, no me hago a la idea que ella esté enamorada de mí porque yo también estoy enamorado de ella, incluso he querido amarla. Qué contradictorio soy, pero debo mantenerme firme. Estoy dispuesto a mantener mi palabra, torcida, pero palabra, hacia mi compromiso. Podría explicar mi posición desde más de una perspectiva con argumentos efectivos, y con todo esto, ustedes no me creerían, por eso es mejor guardarla para mí. Pónganse en mi lugar, ustedes por allá queriendo saber más de mi vida mientras las personas que están en el restorán se mueren por gritarme: “Ve con ella. Haz que triunfe la felicidad, el amor”. Y yo les respondería: “En verdad lo quisiera, señores. Si ustedes tuvieran a la mujer de sus sueños frente a ustedes declarándoles su amor, por lo que más quieran, no la rechacen. No hagan lo que yo. No reciten que los caminos llenos de flores y perfume son los que dejan espinas y dolor. Vayan tras ella y abrácenla. Hagan honor a la palabrería de los amoríos juveniles; es más, no se casen hasta encontrar una mujer así, porque entonces habrá una culpabilidad, y eso carcome los sentimientos”.
S trata de acomodar sus palabras y a mí me gustaría, más que nunca, ser sincero. Pero si lo hago, me habré perdido y fallado. Me pregunto si esta emoción que trae el idilio durará en los trámites de divorcio. Qué pensará la familia de mi mujer al saber que la dejo sólo porque quiero ser feliz.  “No entiendes nada”, musita S, seguido de un suspiro. “Sí, sí. No entiendo nada”, le respondo. “Entonces”, me pregunta “¿por qué sigues aquí? ¿Cuál es tu razón de seguir aquí? No me decías que todo era un juego que no pasaría a más. Casi firmas que todo sería carnal y fuiste tú el primero en involucrar sentimientos y aceptar en todo momento que jugarías y apostarías todo y por eso me dejé llevar. Me dejé llevar tanto que ahora no puedo contener lo que siento”. “Bueno”, le contesto un poco altivo, “me equivoqué, se salió de control, esto no quita que mi postura sea la misma. Así que, ¿qué esperas que te diga?”, “¡Que me amas!, ¡que lo nuestro es verdadero! ¡Di que en verdad me amas!”, me exigió. “Ya sabes la respuesta”, contesté.  Sus ojos me examinaban, parecía que con vernos sabía qué deseaba; ella podría sospechar de mis sentimientos, pero sólo quería que se los confirmara. Me siguió mirando, yo por mi parte me desentendía, aunque ya podría percibir que quizá esta sería la última vez que vería su rostro. “Esa no es tu respuesta”, dijo, “en tu interior sabes que me amas”; la seguridad con la que lo dijo casi me hace dudar sobre mi postura. Saqué un poco de fuerza y le repliqué: “Sé mi respuesta. Sabías las reglas y también sabes que no te amo”.
El contarles como salió del lugar sin poder contener las lágrimas no es algo de lo que me jacte, fue de lo más doloroso que haya vivido. Se levantó y cuando quiso decir algo rompió en llanto y para no llamar más la atención corrió hacia la puerta. Los comensales me miraron de diversas formas, unos estaban airados y otros indagaban con sus ojos sobre qué había pasado. Me encogí de hombros y dejé sobre la mesa el dinero para pagar el consumo. Me detuve frente a mi reflejo en los cristales cercanos a la salida y justo en ese momento, mi cerebro, traicionero como siempre, trajo a colación la primera vez que la miré. También las veces que ella se quedaba dormida riendo y como prefería verme descansar a estar hablando sobre el trabajo. Empecé a contristarme porque en ese momento quería besarla y confesarle la verdad. Salí del lugar y la vi dentro  de su auto llorando. Su tristeza me podría haber sepultado; me arrepentí de todo. Incluso de haberla conocido, pero el daño estaba hecho. Nada me hubiera costado acercarme a ella y decirle: “Contigo, la sensación que llaman amor, fue de lo más real”, pero no ayudaría en nada. Ahora todo lo que diga sería hiriente. También tuve deseos de sólo ir y quedarme con ella para abrazarla; pero esto sólo se quedó en mi imaginación. La miré a lo lejos y seguí mi camino. Si se preguntan qué hubiera respondido al inicio lo más probable es que hubiera dicho: “Sí, contigo me enamoré de verdad. No obstante he decidido ser fiel y no puedo seguir en esto. Entiende, en donde esté siempre pensaré y rezaré por tu bien. No sabes cómo anhelo tu felicidad. Estoy para ayudarte y amarte, pero no en las formas que tú piensas”. Sigo mi camino y toso para distraer mis lágrimas. No hay más, el camino tortuoso de la culpa y la redención es del que se pueden recoger más frutos.


EPÍLOGO
Rafael Palacios

            Me llamo Julietta, tengo 19 años, soy bailarina de Ballet, y escribo.
            Empecé a escribir luego de la primera vez que me internaron aquí, ya tenía algunos años haciéndolo, pero muy rara vez me atrevía siquiera a mostrárselo, al menos al doctor que me trataba, a las enfermeras o mi hermana. Llegar aquí, fue desnudarme y desanudar muchos lazos que me tenían tomada por el cuello. Aquí conté cosas reales e irreales por igual, todas cosas mías al final, nunca quise tener invitados incómodos, ni gente no grata para mis filosofías, porque hablar de mí, siempre es hablar de conflictos, drama y tragedia, de sangre y muerte, de drogas, alcohol, mentiras, engaño y sobre todo, muchas decepciones.
            Nací en Francia, pero nunca he vivido ahí, es un lugar del cual no tengo recuerdo alguno. Mi madre murió el mismo día que yo vine al mundo, de cierta manera siempre crecí con la culpa en el corazón, por sentir que yo la había matado. Ella tenía veinte años cuando murió, como yo los tendré en un par de meses. Mi padre se volvió a casar casi de inmediato y también de inmediato, venimos para México a vivir, al poco tiempo nació mi hermana Justine. Y así quedó hecha nuestra especie de familia.
            Vine a este lugar, a este hospital queriendo redimirme, pero sólo logré seguir matándome y dañándome a mí y a las las personas. Mi tinta inocente se vertió con malicia, con premeditación, alevosía y ventaja. Sentarme frente a una hoja en blanco y salpicarla de sangre y saliva, de insultos, de puñetazos, de guiños, de canciones sin sentido. Cometí crímenes perfectos, suicidios involuntarios, resucite muertos y al día siguiente los volvía a matar. Fui juez y parte, perdoné asesinos y me perdoné muchas veces. Me exhibí, puse al descubierto mi ser con todo y vísceras. Miraron mi hígado, mi páncreas, mis pulmones y mi corazón. Miré por la rendija de la pared de toda aquella que me lo permitió, he sido yo, he sido nadie, un día fui tú y no te diste cuenta. Me perdí entre la línea delgada de mis propios errores.
             Escribir aquí fue una experiencia nueva, pero tan saludable como lo es un hoyo en el suelo o un grito en medio de la nada. Daba todo de mí y siempre perdía, levantaba murallas alrededor y siempre había alguien con la disposición de hacer una abertura y querer investigar dentro mío. Nunca invité a nadie a entrar aquí, y quién así lo quiso siempre salió con la decepción en el rostro, podría pedir perdón, disculparme por mostrarles todo lo podrido que tengo dentro, pero así he sido y no puedo negar mi naturaleza.
            Escribir un diario de fantasías, en un hospital psiquiátrico, fue gratificante. Contar verdades a medias y medias mentiras. Más gratificantes fueron las páginas llenas de realidad, donde me tomaba sin tapujos y me retrataba como soy, como es Julietta. Como ahora, que escribo este epilogo sin trabas y sabiendo que quiero de mi vida: Yo.
            Lo de hoy es un portazo, un “hasta nunca” para todos sin necesidad de ser una nota de despedida.
            Creí poder aguantar un poco más, pero la decepción en la que me convertí me tiene tomada por el pelo.
            Recuerdo que aún era una niña cuando quise suicidarme por primera vez, la segunda vez tenía quince años y más conciencia. En ambos intentos, fue como viajar muy lejos y redescubrirme como persona y como mujer. Volví viendo la vida desde otra perspectiva, con mis esquemas personales y mis valores morales totalmente cambiados. Me miré al espejo para descubrirme de otra manera, con heridas en las muñecas y con mucho dolor en mi estómago, sin reconocer mi propia piel, ni mis propios ojos; así fue como un día me encontré tirada en el suelo de mi casa, viva y decidida a escribir cada cosa que me pasara, fuera verdad o mentira.
            Tomar una navaja, buscar muchas pastillas, entrar y salir del pánico a cada momento, estar aturdida por la falta de sangre o porque en tú corazón cada vez llega menos oxígeno, los pasillos de hospital, los doctores, la lástima, volver a casa y recomenzar.
            Así pues, me he movido por la terapia intensiva de mi alma. He atravesado los pasillos del olvido, me han suturado la herida de la tristeza y me han abierto otra del dolor de mente, he estado en el pabellón de las sorpresas, con dosis de intensidad, agujas y vendajes para el corazón. Me he sentado en los jardines y he platicado con muchos personajes que me colmaron el alma y me hicieron creer que salir de aquí era posible, estuve en la sala de espera con muchos especialistas y con otros que solo quisieron engañarme, he perdido el pase para las visitas, y sé que en algún momento, la gente que quiero, me dejará desahuciada en este lugar. Por eso es que estoy tan cansada, por eso tantos pedazos de mi esparcidos por todo este hospital, empapados de alcohol, por eso azoto la puerta detrás de mí, porque subí a lo más alto que un ser humano puede llegar y quedé aniquilada hasta lo más bajo, he tocado fondo y de eso hace muy poco.
            Así este último viaje que casi cumple un año, termina en tragedia. Me cambiaste la mirada, mi color de piel, mis letras, mis adjetivos, mis impulsos, mi ritmo de vida, mis horas de sueño, mi nombre, mi acento, mi sexualidad, mi nacionalidad y hasta mi caligrafía.
            Sin embargo, sigo siendo yo, Julietta, la que conociste el primer día. Llena de miedo y pavor por lo desconocido, enamorada de nada, loca, y terriblemente infeliz, Julietta.
            Hago las mismas cosas, bebo el tequila directamente de la botella, abuso de todo y me siguen gustando los excesos. Siento de la misma manera, tomo té helado de limón para refrescarme, veo las noticias por la noche, sigo olvidando ponerle gasolina a mi coche y todavía beso a Justine en la boca cuando me da gusto verla. (Te sigo extrañando en las madrugadas)
            Me he ido tantas veces, de tantos lugares. Muchas veces sonriendo, otras tantas hecha trizas y arrastrando maletas repletas de ladrillos, pero cada vez que me marchaba, no dejaba la puerta cerrada, porque siempre quería volver, esta vez no será posible.
            Así es mi vida de hace tiempo para acá.
            Por eso escribo este epilogo hoy, vagando por ninguna parte, con insomnio de semanas y esperando en vano; entendiendo por fin tantas letras de tanta gente conocida y desconocida, sintiéndome cerca de todas ellas a pesar de las distancias, a pesar de pertenecer a pabellones diferentes, a pesar de las ficciones y de los anonimatos. Este epílogo es para ti que me leíste, por todas tus palabras que me dejaste, escritas, dichas o guardadas en tu corazón, por todas tus preguntas en voz alta o en silencio, por el tiempo que te tomaste para mí. Por juzgarme y entenderme, por hacerme creer que Julietta fue posible...
Gracias.
Atte.

Julietta

domingo, 22 de febrero de 2015

YO NO ME LLAMO YO

El Sol del Bajío, Celaya, Gto.



YO NO ME LLAMO YO
Poesía de Gabriel Bota (Rumania)
Ilustraciones de Mauricio Silerio (Celaya)

Se va el amor como el agua que corre...
Nosotros nos quedamos en la orilla.
No tenemos sonrisas como rocas sin olas.
Tal vez ya no existimos.
LUCIDEZ (fragmento). Nina Cassian

Cuando se habla de Rumania, un país casi desconocido para la mayoría de nosotros, tal vez algunas personas puedan mencionar al famoso Conde Drácula, y eso sólo unos cuantos aficionados a la literatura gótica. Pero el personaje, aunque basado en una persona histórica, el Príncipe de Valaquia, Vlad Tepes, dista mucho de ser un vampiro y, sobre todo, no es literatura de origen rumano. Y si el país nos es extraño, lo es más su literatura y sus creadores, quienes durante los últimos años han producido un buen número de obras que han alcanzado fama mundial. Desde su primer poeta famoso, Mihai Eminescu, hasta la recién fallecida Nina Cassian, Rumania ha sido para nosotros un gran misterio. Es por eso que resulta muy interesante, por no decir asombroso, que un mexicano y celayense por adopción, Mauricio Silerio, destaque con su obra artística en esa parte de Europa. Su trabajo, en un innovador formato digital, le ha valido reconocimientos que acá en su propio país han pasado casi desapercibidos. Conocí a Mauricio hace varios años y desde entonces ha recorrido mucho camino. Su obra ha madurado y ya puede ser considerado precursor de un movimiento cada vez más extendido en el mundo entero. En esta página del Diezmo de Palabras queremos hablar de la afortunada combinación de su obra, en este caso gráfica, con la poesía rumana.
“Nu ma numesc eu” es un libro que ha sido escrito por el filosofo y escritor Gabriel Bota, quien ha sido  reconocido como uno de los mejores poetas de todos los tiempos en la región de Transilvania,  en Rumania. El libro “Nu ma numesc eu”  es un compendio de poemas donde este artista explora el auto-conocimiento y auto-entendimiento de cualquier ser a través de la proyección de un tercero. Esto es, yo sé quien soy a través de la interpretación de mi por otro ser. El universo tiene sentido y existencia  a través de lo que conocemos y entendemos, de tal forma se crea y delimita. Es por esto el  titulo de este libro, el cual se traduce como “Yo no me llamo yo”, o como dice el artista “mi nombre no tendría sentido, sería un cumulo de sonidos sin significado si alguien más no me llamara por  mi nombre”. Este libro forma parte de una trilogía de exploración filósofo-poética  donde los elementos visuales lo enriquecen con profundos simbolismos y agradables texturas. El libro ha sido complementado con imágenes del artista Mauricio Silerio**, creadas con técnicas tradicionales de pintura y dibujo, además de dos imágenes,   usadas como portada y contraportada, trabajadas en la técnica de arte digital y forman parte de una serie de imágenes que fueron realizadas tomando como base algunos objetos de exhibición en el Museo de Celaya, así como en su arquitectura e instalaciones. Este libro fue presentado en la ciudad rumana de Cluj Napoca, considerada la capital de Transilvania (el país de Drácula), y se agotó en pocos meses. Ha sido el libro de poemas más vendido en Rumania en ese año 2013. Aquí tenemos muestras de la obra original en rumano y algunas correspondencias en Español. Es un honor para el Taller Literario Diezmo de palabras contar con la colaboración de Mauricio y Gabriel.
Julio Edgar Méndez

**Mauricio Silerio Mauricio Silerio es un artista visual nacido el 22 de septiembre de 1979 en la ciudad de Querétaro, México. Ha estudiado diversos cursos de arte dentro de las técnicas de pintura, dibujo, grabado, escultura y fotografía en diferentes Institutos del estado de Guanajuato asi como un curso particular de fotografía con el decano de la facultad de artes de la Universidad Babes Bolyai, el Sr. Dorel Gaina en Cluj Napoca, Rumania. Mauricio trabaja con conceptos etéreos de la realidad donde encuentra una infinidad de posibilidades donde todo es posible, probable y la existencia depende de la posibilidad real de existir en sí mismo. El artista trata de realizar en el mundo material toda aquella realidad  energética, transformando el humo en un latido del corazón de la vida usando técnicas como la pintura, dibujo, grabado, escultura, fotografía, foto-manipulación y el arte digital.  Tiene más de 40 exposiciones individuales en México, Rumania, Hungría, Austria, Serbia, Cuba y Costa Rica. Y más de 40 exposiciones colectivas en diversos países como México, Brasil, Argentina, Chile, Italia, España, Holanda, Canadá, Cuba, Malasia y Rumania.



REMINDER
Gabriel Bota

Nos quedamos sentados tranquilos en la cama
yo cerca de la pared, tú cerca del borde
te abracé
y calenté tus piernas frías
y me quedé por un tiempo con la mano sobre el pecho
susurrando suave en tu oído:
“mañana tienes que vestirte más grueso,
va a llover”,
después gire hacia el otro lado
y me acosté con las piernas alineadas con mi cabeza
y la noche cayó muy rápido bajo mis parpados
más rápido que nunca
como si tú me hubieras dicho
no olvides...
no olvides despertarte mañana
pero ya me he quedado dormido...




UN FEL DE METAFIZICĂ DE LUNI
Gabriel Bota

Eu pot să fiu vreun apus bizar pe care nimeni nu-l surprinde
sau vreo noapte nehotărâtă de-nceput de iarnă
în care dormi adânc printr-o zăpadă necăzută
şi ţi-aş putea fi somnul adânc
sau chiar pleoapa ochiului stâng
sub care m-ai dormi
şi-n care ţi-aş perinda ca un vis
de care n-ai să-ţi mai aduci aminte
eu ţi-aş putea fi
dar niciodată n-ai ştiut ce sunt şi ce mă face să fiu

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NUDO
Gabriel Bota

Tengo la espalda desnuda
y vivo en un círculo imperfecto
cuelgo lo que está siempre entre mis dientes
y en mi lengua tengo el sabor de un cometa
así soy más nuevo
y bastante accesible,
si no lo has notado
una herida de cuchillo
asfixia mis pulmones
y arden dentro del silencio de alguien
todas las ideas absurdas,
ideas que se multiplicaron
en la primera parte de la propia vida renacida.
Estoy asombrado,
desde un tiempo me busco mucho menos
en la otra parte tiemblo más que nunca
y no hay más frio
porque te amo
vinculado a ti...
sólo parpadeas
y transformas el segundo en un minuto
y la hora afuera del día
imaginas que el tiempo vive dentro de mí
pero lo olvidas porque tú no sabes
que el tiempo es relativo.
Hace unos días dejé de fumar
ahora fumo otra vez
fumo alas de un ángel feo en narguile de tierra.


LA MONTAÑA MÁGICA
Gabriel Bota

Ahora,
ahora es el momento
para olvidar qué es fácil olvidar
para tomar la mano de alguien
sin miedo a vivir
A  ti
te he dejado en otro invierno
donde muñecos de nieve
respiran. ..
y yo aun no sé siquiera
si has terminado de leer
la montaña mágica...
Lo sé
a nadie le gusta eso
pero nosotros debemos
nosotros debemos, debemos
amar

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TU
Gabriel Bota 

Privindu-te
am mai înţeles din mine
e ca şi cum
în locul meu
tu
ai fi răsărit îm calea umbrei.


DORMIR
Gabriel Bota

Tú has conciliado el sueño a través de mí
y me dejaste en el barro de días lluviosos
contando mis palabras no dichas
a través de otros susurros para no asustarte
y me parece que sólo la primavera te despertará
y  tú me preguntarás en algún lugar en alguna mañana
como sin rastro de culpabilidad sagrada
si tenemos un poco de leche para el café.

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ALGO EXTRAÑO EN TI
Gabriel Bota

Tienes algo extraño en ti
cuando caminas, las luces se detienen bajo tu suela
como cuando  te las arreglas para aparecerme
sólo en siluetas que mezclan el blanco y negro.

Ahora tienes una venda roja sobre tus ojos
desde tu  piel están empezando a crecer fresias bizarras
y entre tus labios parecen tan apretados
todos los  destinos de los  humanos
y te las arreglas de alguna manera para estar en silencio...

Tienes algo en ti que es inexplicable
tal vez una especie de lluvia que no ha caído de las nubes
tal vez una especie de nube que no está colgando del cielo
pero adolorida
te  duele cada luz mía
que bajo tus suelas detienes.

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AICI, JOS
Gabriel Bota 

Hai până jos
Aici unde eu stau intins
Aici unde urechile mi se ating de piatră
Şi aud.. tăcerea tuturor paşilor.



LUCIDEZ
Nina Cassian

Esas palabras: "Siempre juntos..." "Siempre...",
no las repitas, no mientas.
¡Oh, amado,
pronto no existiremos!

Aun si la muerte nos dejara
vagando bajo el sol,
con el pan en la mesa
y el dulce vino en las copas,
se irá el amor... Pero no lo sabremos.
Sin advertirnos, pasará...
sobre nuestra envoltura abrasada
cae una luz indigente.
Nos miraremos. Eres el mismo, aquél
que yo abracé hasta lo más profundo...
Todas las cosas son iguales.
Ahora no te abrazo.

Se va el amor como el agua que corre...
Nosotros nos quedamos en la orilla.
No tenemos sonrisas como rocas sin olas.
Tal vez ya no existimos.


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AMADA, CADA VEZ QUE YO PIENSO EN NOSOTROS
Mihai Eminescu

Amada, cada vez que yo pienso en nosotros,
un océano de hielo aparece ante mí:
sobre la blanca bóveda no hay ya ninguna estrella,
la luna es una mancha amarilla a lo lejos.
Sobre miles de témpanos que las olas se llevan,
un pájaro planea, las alas fatigadas,
mientras su compañera ha seguido adelante,
unida a la bandada que se pierde al poniente.
Hacia donde ella vuela mira desesperado.
Ya no siente ni pena ni alegría... Se muere,
soñando en un instante todo el tiempo pasado.
Más lejos uno de otro cada vez nos sentimos,
cada vez me hundo más en la sombra y el hielo,

mientras desapareces en la eterna mañana.

Sepa la bola

  SEPA LA BOLA  Patricia Ruiz Hernández ¿Cuándo acabaría aquella lucha?, se preguntó Gabino mientras permanecía hipnotizado con la llama de ...