domingo, 18 de noviembre de 2018

LA INCREÍBLE CATARSIS DE LA PALABRA



LA INCREÍBLE CATARSIS DE LA PALABRA
Por: Martín Campa Martínez

En pocas ocasiones tengo el honor de escribir una reseña sobre una poeta de altos vuelos. Sencilla y entregada a su labor creativa, sonríe, nerviosa, como lo hacen las mujeres que escriben bajo el influjo de esa hierba llamada imaginación. Hasta ahora sólo sé que es originaria de Angangueo, allá en Michoacán. Y que nació un 26 de febrero, cuando las mariposas monarca iluminan los campos de cultivo de esa región purépecha.
            Ella misma se define: “Siempre me ha gustado leer y declamar poemas, desde que era una niña. Mi maestra me dijo que escribiera todo lo que sentía en mi corazón, y como me encanta la poesía, pues comencé armando metáforas y relatos, porque también escribo narrativa. Cuando llegué aquí, a la ciudad de Celaya, fue un cambio muy drástico para mí, pues aquí los vientos son más fuertes y fecundos que en otros lados, hasta me provocan mucho insomnio y es cuando aprovecho para escribir. Soy madre, esposa, hija y buena amiga. He participado en diversas antologías nacionales y en el extranjero. Participo, como locutora, en Radio Online. Pero mi mejor experiencia es la de pertenecer al taller literario Diezmo de Palabras. Ahí he ido mejorando mi escritura y mi creatividad.”
            He leído poesía y narrativa de Verónica Salazar García y, con satisfacción, recomiendo a los lectores que lean sus escritos. Se nota que es una mujer radiante, emprendedora y multifacética. Domina la poesía y la prosa, pues aprende con tenacidad en las clases que se imparten en el taller al que asiste. Su poesía tiene estética, fondo y forma, y es tan del alma, que nos hace sentir distintas emociones desde la primera línea. Su narrativa, en ocasiones cruda y realista, atrapa a los lectores, incluso a aquellos a quienes no les gusta leer mucho. Sus escritos están llenos de recuerdos, amor y desamor, almas dolidas, tiempos idos, nostalgias, melancolías, insomnio y miedos. Su calidad literaria ha comenzado a sobresalir en esta época en donde existen muchos debates acerca de la literatura escrita por mujeres. Pero hablar de literatura femenina (aunque es un término que no me agrada) es embriagarse con los anhelos y sueños que las escritoras logran transmitir a los lectores. Y eso que los hombres somos los menos indicados para decidir qué es y qué no lo femenino en la literatura.
            En “Dulce beso” aborda el tema del terror con gran maestría. Nos hace partícipes de ese sueño que no es sino la realidad misma del protagonista de la historia. Es intenso y sí provoca miedo.
            “Flores en la calle” nos habla de ese desconsuelo que deja la ausencia del ser amado. Tiñe los recuerdos con las lágrimas de esa alma adolorida.
            “Noche sin tiempo” es una añoranza de aquellos buenos tiempos donde el amor era un castillo lleno de hermosos atardeceres. Sin embargo todo tiene un final: “Muere el sol en la tarde / así quiero se pierda mi memoria”.
            El poema de “Mil agujas” es uno de mis favoritos. La autora se explaya, se transforma en el mismo dolor que aporrea al mundo. Se inconforma con esa intolerancia que atosiga a los más desprotegidos.
            “Los niños de la guerra” es, a mí parecer, un poema muy bien logrado. Conforme uno lo lee, se siente cómo el poeta va creciendo, va arrancándose el dolor, va sumergiéndonos en esa pesadilla que es el odio entre las naciones. El poeta se transforma en todas las madres de todos los soldados caídos en combate. Nos tatúa en la espalda las lágrimas y la desesperanza que dejan las guerras. Es enorme ese poema.
            Así es la escritura de Verónica: un barco que nos va llevando a distintos puertos en busca de la eterna raíz de la buena literatura.


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DULCE BESO
Verónica Salazar García

Tiene una pesadilla. Siente unas largas uñas rasgando su espalda por la que escurre un líquido escarlata. Quema la piel y le causa dolor. Un fétido olor se desprende de un cuerpo con carnes putrefactas. Inunda el ambiente. Unos labios descarnados y faltos de dientes, le rozan su boca en un beso agrio, lo aprietan, provocan nauseas, se siente en la nada, abre los ojos…No es un sueño.




FLORES EN LA CALLE
Verónica Salazar García

Tiñen de lila las flores del recuerdo,
Un ramo de nardos no alivia ese mal
Llamado de amores
Pero alegra el alma adolorida.
La locura invade mi razón,
Me deslizo por la calle que nos vio pasar.
Tu silueta se diluye en las sombras como mi ilusión.
Voy por más flores,
Las otras murieron
En la noche de un desconcierto.
La paciencia me invade,
Perseverante te espero.
Tengo miedo, no quiero estar sola,
El recuerdo vive en mí.
Tú, te perdiste en la calle del olvido.

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NOCHE SIN TIEMPO
Verónica Salazar García

La nostalgia muere lenta
En mis atardeceres.
Las memorias se quedan
Se pierden en el tiempo.
¿Los recuerdos son?,
Caminos recorridos donde las piedras y zanjas
Curtieron mis pies.
Los resbalones en el andar son experiencias.
El otoño me cubre de color ocre los sentimientos,
Se marchitan, dejan al olvido las ilusiones,
Los sentimientos amargos no se cargan,
Se quedaron en una primavera y verano lejanos.
Muere el sol en la tarde
Así quiero se pierda mi memoria.
Las lágrimas lavan recuerdos en penumbra
El alba me llevará a un nuevo día.



MIL AGUJAS
Verónica Salazar García

¿Por qué se ve como si fuera de noche
Si está amaneciendo?
El ruido ensordecedor taladra los oídos
Parece un mazo golpeando la mente.
El polvo oscureció, el cielo se mete por la nariz
Nubla la razón.
Todo es caos y dolor en un día que prometía ser hermoso
El sol asomó en el horizonte sonriendo,
Abrazo el día para vivirlo plenamente.
Un estruendo lluvia de escombros rompió el ensueño,
Ahora sólo suplicio.
Gritos
Ausencia
¿Quién corre, quién grita?
Siento mil agujas introduciéndose en mi cuerpo,
¡duele!
Como duele la intolerancia.

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LOS NIÑOS DE LA GUERRA
Verónica Salazar García

Una lágrima que rueda silenciosa
Sale de los ojos que ver no quieren,
Los niños de la guerra, inocentes víctimas
Del odio entre hermanos.
Dolor que lacera el alma,
Los niños no serán hombres,
Los niños no serán sueños,
Los niños se llenaron de dolor
Y clausuraron las entrañas
Dejándolas invalidas.
Y sólo se deja para evocarlos
Esa lágrima impávida que rueda
Lentamente recordando la guerra,
Donde se perdieron las ilusiones
De las madres.

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ES DEMASIADO EL TIEMPO
Vero Salazar G.

Vivo sin lograr calmar el dolor
de mi corazón.
Remiendo el tiempo infinito.
El sentimiento se hace interminable
me abraza despacio en esta soledad.
Las lágrimas ruedan silenciosas, lentas,
se hace un nudo en mi garganta,
el dolor se eterniza en un lapso sin límite.
¿Por qué te diluiste
en esa mañana sin retorno?
No lo sé.
Me siento como un cristal roto
zurcido por el recuerdo,                                                                                                 
solo existo para verte en la eternidad.



COMO SI FUERA CABALLO DESBOCADO
Vero Salazar G.

Corro sin rumbo fijo, mi pelo enmarañado perdió su encanto, las gotas de sudor
escurren pegajosas por mi cara y espalda, me da escalofríos, mis ojos miran
desorbitados a todos lados, el corazón palpita muy fuerte, parece caballo
desbocado, el terror está tatuado en mi rostro… Siento unas garras perforando
mi cuerpo, duele, me elevo por los aires, me esfumo en la siniestra noche.

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SOBRE LOS RECUERDOS
Vero Salazar G.

Quedaré helada en esa tumba
muriendo a cada instante.
Nadie llegará a llorar sobre ella.
Las campanas tocarán 
una canción que rompa el silencio
y se perciba en la piel.
No sientan mi ausencia
ni sufran en los otoños desiertos
donde el recuerdo no se borra con agua.
Cuelguen las sonrisas en el viento
para que las pueda ver.
Así sabré quién me amó…
y a quién le fui indiferente.
Sobre los recuerdos claven una cruz
y mis cenizas tírenlas al viento.

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SIN MANCHA
Vero Salazar G.

Resbala el lápiz
por mis dedos,
me faltan fuerzas
cierro los ojos, intento inspirarme
se perdieron las ideas.
Una niebla cubre mi pensamiento.
La hoja desnuda grita
no ensucies la blancura de mi cuerpo,
ni tatúes tu poesía amarga
con pensamientos insípidos.
No plasmes el dolor que arrastras
escribiendo con letras descoloridas,
en mis páginas transparentes.





*Textos publicados en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.
**Imágenes:
Hieronymus Bosch, Infierno-Fragmento
Edward Hopper, La autómata
A soft afternoon, Scott Mattlin
Sin título, Duy Huynh

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