domingo, 12 de agosto de 2018

ENTRE EL PLACER Y EL ASOMBRO



ENTRE EL PLACER Y EL ASOMBRO

Continuamos con el homenaje a nuestro recordado maestro, Herminio Martínez. Este mes de agosto, el día 17, se cumplirán cuatro años de su fallecimiento. Los compañeros del Diezmo de Palabras preparamos una serie de textos que estamos seguros de que a nuestro Maestro le hubieran llenado de satisfacción, al constatar que sus alumnos seguimos en la ruta marcada.

PRESENTACIÓN DE  ALEXXA DY MAR
Por Enrique R. Soriano Valencia

La poesía es hoy uno de los géneros literarios de mayor práctica entre quienes aspiran a tener un lugar como escritor; en la antigüedad, la poesía era la literatura. En los albores de la civilización, solo los iniciados, los muy pocos que sabían leer y escribir, buscaban preservar la historia, los libros sagrados, las grandes biografías en el único género que reunía todo: la poesía. La palabra era poesía y sin poesía la palabra estaba agotada.

En ella se guarda la música; en ella se halla el pensamiento escondido; en ella se ubica la pasión humana; en ella se asienta la quinta esencia del ser humano: lo que lo hace diferente de todos los otros seres de la creación: musicalidad, razón, inteligencia, escritura, risa y gozo son las particularidades que definen a la raza humana. A escribir aspiramos muchos, pero a dominar todo lo que encierra la poesía como resguardante de la condición de humanos solo le está permitido a quienes llegan a la llama de Prometeo. 

La poetisa Alexxa Dy Mar, cuyo nombre real es Diana Alejandra Aboytes Martínez, nació en Celaya un 31 de enero. Desde este rincón de Guanajuato se ha nutrido y formado para ser digna heredera de la palabra como poesía.  No obstante, también cultiva prosa con la sensibilidad poética. De su musicalidad, surgen letras arrebatadoras porque de los caminos del erotismo nace la propia humanidad, con las dos acepciones del término. Con dominio de la palabra, al igual que el erotismo, esconde sutilmente el centro de la maravilla del ser humano. Con ello atrae y recrea; seduce e incita; provoca y arrebata con la dulce caricia de la imaginación; con el atractivo velo de obligarnos a descubrir lo que conocemos, pero que con sus referencias nos lleva a paladear lo que solo en la mente ella ha construido con sus metáforas.

Alexxa tiene un trato afable. No se le descubre poeta hasta que se leen sus textos. Es digna representante de su sector por el maquillaje, las uñas y vestir coqueto. Pero esos rasgos comunes superficiales ocultan el terciopelo del erotismo que sobresale de la hoja que contiene sus textos.

En El enigma de Enrico Dubain, Alexxa nos presenta un hombre de mundo que se ve atrapado por la belleza integral de una modelo en el lienzo. ¿Su pasión le da vida o la vida la absorbe de los magistrales trazos, cual Pigmalión? Ni duda cabe en que su cotidianidad se altera por la adquisición de un cuadro que ahora será su culto secreto.

Alexxa, así, nos comparte el placer  de las caricias de unos vocablos medidos, dosificados, que despiertan el sistema endocrino para esparcir por todos nuestro cuerpo las sustancias de bienestar.  Así, sus letras y las figuras que recrea en nuestra mente multiplican el ritmo cardiaco y nos hacen revivir  caricias reales, que en sus trazos llevan poco a poco al clímax de sentirnos fundidos con el Universo… como su personaje.

Su obra nace en un corazón representativo de la humanidad, pero singularizado por la bondad de compartir lo que ha descubierto del Cosmos.

En La mejor jugada, la autora nos plantea la timidez como impedimento para validar la condición de ser humano lleno de pasión y deseos por asirse de los dinteles de la gloria. La suerte de la personaje hace que las malas jugadas de sus compañeras la lleven a lo que su propio anhelo reclamaba. Así el Universo se confabula para lograr lo que la timidez no permitía.

Los personajes no solo juegan al erotismo, son objeto y sujeto en él. Una simple descripción y un estremecimiento en la espalda del lector se registra cuando en El infinito universo de la palma de la mano Alexxa describe las técnicas de seducción.

Con su prosa, entonces, Alexxa demuestra que la poesía se halla en reconocer al ser humano como la armonía que mueve la dinámica humana.

El amor es lo que mueve al Universo. Cada criatura lo sabe, pero Alexxa nos lo da en una charola que no es de plata, sino de algo más valioso: la mezcla de su buen decir para bien imaginar y para extasiarnos en la recreación interna de revivir el Big Bang primigenio.



EL ENIGMA DE ENRICO DUBAIN
Por Diana Alejandra Aboytes Martínez

La galería lucía a su máxima capacidad. Se habían dado cita a la inauguración todos los amantes del arte del pincel, pero también uno que otro llegó impulsado por la curiosidad y el antojo de los bocadillos que acostumbran dar al final.
Entre los asistentes figuraba un caballero, Enrico Dubain, conocido en la elite social por su economía holgada y el gusto por la cultura. Contaba con el privilegio en su buen porte y soltería. Aunque la juventud y él ya no caminaban a la par, era del tipo de hombre que la madurez les regala un aire interesante. Recorrió las salas. Se exponían obras de un pintor prolífico. Desnudos de bellas féminas caracterizaban su trabajo. Era notorio cómo en cada curva –de esas caprichosas que todo cuerpo de mujer tiene- su trazo lo deslizaba varias veces. Como queriendo hacer suyo cada espacio que este le ofrecía. La pasión con que delineaba sus pinturas parecía quedar contenida en éstas. Era algo indescriptible que sólo la vista adivinaba.
Enrico admiraba cada obra, pero la rutina le cegaba y le parecía que todas no pasaban de ser como otras tantas de cada exhibición. Faltaba por caminar otra sala, estaba a punto de desistir pero algo le empujó las ganas y cuando menos pensó ya la recorría. Sus ojos llenos de monotonía miraban sin ver, hasta que topó de frente con un cuadro donde la musa fue perfilada de cuerpo completo… cabellos largos caían suavemente por sus hombros, su pícara y expresiva mirada fue cautelosamente grabada en el lienzo, tanto, que él sintió cómo esos ojos lamían su mirada provocándole reacciones químicas. Los carnosos labios sensualmente coloreados en intenso carmín, semejaban pulposo fruto. Sus redondeados pechos finamente realzados por un rosáceo pezón. Las pronunciadas caderas sostenidas sobre unas torneadas piernas. Finalizaba el paisaje con unos menudos y descalzos pies. A su desnudez sólo la ornamentaba un collar de rubíes que le fue colocado en relieve. Sin perder tiempo, Dubain buscó al artista para pagar lo que fuera y llevar a su hogar la belleza. Llegó a su casa. Desesperado cual niño arranca la envoltura de su nuevo juguete, parecía encontrar placer en cada rasgueo del papel que lo cubría. La observó nuevamente y buscó espacio entre obras de reconocidos autores que pendían de sus muros. Un sitio vacío parecía estarla esperando. Colocó un pequeño reflector a los pies del cuadro y la iluminación intensificaba el magnetismo que la pintura contenía.
Subió a su recámara satisfecho de su nueva adquisición. El sueño lo abrazó, sin resistirse a él, ya en breve dormía profundamente. Al amanecer, Enrico despertó cansado, pero con ese agotamiento placentero que sólo el sexo proporciona. No prestó importancia. Se duchó y salió al desayuno que las reconocidas Corcuera y Santibáñez ofrecían, sólo con el fin de figurar en las páginas de la socialitè.
El caballero regresó entrada la noche a casa, con el buqué del vermut en la sangre y las ganas de dormir cerrándole los ojos. No supo cómo pero llegó a su cama. Cerró los parpados y se perdió. Al poco rato sintió el resbalar de un cuerpo sobre el suyo y unos labios recorriendo su cuello… besos que bajaban lento a los lugares precisos donde el placer es imperioso. A la mañana siguiente le vino el vago recuerdo de lo sucedido en la madrugada. Supuso que los sopores etílicos lo afectaron al grado del delirio.
Era domingo, decidió salir a la plaza y conversar con viejos amigos. Volvió temprano, las desveladas ya no las toleraba una tras otra. Se recostó, tomó el libro empastado en piel que descansaba en su mesita de noche. Leyó por un buen rato hasta que sintió necesidad del sueño. Avanzó la noche y un rayo de luna se coló por la ventana. La alcoba ofrecía claroscuros que pronto fueron aprovechados por la misteriosa mujer que al sumergirse entre las sábanas poseía deliciosamente el cuerpo de Enrico. El violento cabalgar de ella logró que él despertara por completo. El hombre, entre el placer y el asombro no sabía que ocurría. Sólo veía unos largos cabellos agitándose de un lado a otro y el brillo de un collar dando destellos a unos pechos en movimiento. Hasta que la intensa mirada de ella chocó con la de él. Fue entonces que reconoció a la musa de su nueva compra.
Pasaron los días, todo era calma en esa casa. Los amigos comenzaron a echar de menos a Dubain. Era extraño no verlo en las cuantiosas reuniones acostumbradas. Preocupados, decidieron buscarlo en su casa. Llamaron a la puerta sin obtener resultados. Tomaron la llave de emergencia y apuraron a pasar. Recorrieron todo sin encontrar nada extraño, hasta que uno de ellos con el rostro desencajado miraba el cuadro con la pintura de la galería. En minutos todos se unieron a mirar…de frente y desnudo, Enrico, aparecía pintado en la obra y la mujer abrazándole por la espalda.



LA MEJOR JUGADA
Diana Alejandra Aboytes Martínez

Contraria a los estándares de las medidas perfectas, Medarda era una chica más bien rolliza, de mirada profunda y labios prominentes. De su cabeza pendían unos rizos castaños que bajaban en cascada por sus hombros. Tenía cierto imán con el sexo opuesto. A pesar de no ser una mujer fatal, era cautivadora. En la universidad, con frecuencia se le veía rodeada de varones. Sus redondeadas formas ponían como roca a más de uno. Por esa razón, sus compañeros la apodaban, Medusa.
        Pero a ella sólo le atraía uno de ellos. Era algo así como su Perseo, porque por él ¡sí que perdía la cabeza! Ese chico apenas y le dirigía la palabra y evitaba mirarla a los ojos.
        Algunas de sus compañeras al verse desplazadas por su presencia, decidieron jugarle una broma. Organizaron una fiesta en la piscina en casa de una de ellas. Querían hacerle pasar un mal rato con aquello del traje de baño. Por supuesto, a Medusa no le intimidaba mostrar su curvilíneo cuerpo en poca ropa y el día de la fiesta lucía sensacional. Por consiguiente, sus compañeros la asediaban.
        Las chicas ardían, y no precisamente por el sol que caía como plomo sobre ellas en la alberca. Idearon otro plan. Con un pretexto le pidieron pasar a una de las recámaras. Confiada entró y cuando intentó salir se percató que la puerta estaba asegurada por fuera. Comprendió la mala jugada.
        Transcurrido un momento, con engaños metieron al tímido de la clase al mismo cuarto. ¡Vaya suerte!... encerrada con el chico que tanto le gustaba.
        La timidez se perdió. A horcajadas, con rítmico movimiento de caderas, Medusa deseó que el encanto de haberlo convertido en “piedra” durara una eternidad.




*Texto publicado en El Sol del Bajío, Celaya, Gto.

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